Jueves, 19 Octubre 2017

¡Escuchemos a la Madre Tierra!

El conocimiento ancestral y el capitalismo podrían tener puntos de conexión.  

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Por: Laura Oviedo Castrillón

Antropóloga 

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Aunque el principal representante de Estados Unidos, Donald Trump, considera que el cambio climático es un engaño, y pese a que otros expertos contradicen esta afirmación, las comunidades ancestrales continúan haciéndonos un mismo llamado,  a nosotros sus “hermanos menores”: debemos escuchar la tierra, es decir debemos integrarnos con los ciclos vitales del planeta. Muchos podrían burlarse de esta opinión, pero después de contemplar los desastres  del huracán Harvey e Irma y de los sismos en México, es posible entender  que la tierra sí nos está transmitiendo un claro mensaje.

La investigadora Ph. D. Nidia Catherine González, de la Universidad de Bolonia, Italia explicaba en la Cátedra Abierta UdeA Diversa, que la Madre Tierra nos está proponiendo un nuevo paradigma para pensar todas las áreas del conocimiento, desde las ingenierías hasta las ciencias sociales. Este paradigma está relacionado con la confluencia entre el conocimiento de nuestros saberes ancestrales y los retos surgidos gracias a las innovaciones de las tecnologías verdes. La humanidad tuvo que esperar que los satélites comprobaran aquello que los “taitas” habían anunciado hace mucho tiempo: la preservación de los bosques y de toda la naturaleza es importante para el equilibrio ecosistémico del planeta. 

La tecnología satelital ha establecido recientemente, que el 80% de los territorios ricos en biodiversidad en el mundo, han sido cuidados por las comunidades indígenas a lo largo del globo. El reto hoy, es cómo incorporar estos saberes de manera interdisciplinar a los diferentes espacios locales, regionales, nacionales e internacionales.

Los miembros de las comunidades indígenas, hombres y mujeres, tienen la capacidad de la contemplación. Ellos y ellas, identifican cómo se siembra, cómo crece, cómo se dispersa y cuáles son los procesos de absorción más eficientes.  El vínculo establecido con la naturaleza es distinto a lo observado a través de un satélite, que no permite esa relación con la tierra. Por esto, es necesario entender el gran reto de establecer puentes, entre el paradigma ancestral indígena que integra y el paradigma occidental que disocia y divide.

La maestra Dora Yagarí, emberá chamí, planteó el reto de construir una “vida armoniosa” y ¿cómo? o ¿con quién? Primero, reconociendo que el conflicto hace parte de la relación entre los seres humanos y siempre va a estar ahí. El segundo aspecto a considerar sería que el esfuerzo por una vida armoniosa es continuo y no se limita a los seres humanos, sino que involucra a otros seres presentes en la naturaleza. Los demás seres espirituales también son importantes, porque todos dependemos de otro. Los seres humanos de la tierra, la tierra de la luna, las estrellas y el universo. 

Dora Yagarí reconoce que cada uno de los 102 pueblos indígenas de Colombia va a explicar su existencia de forma distinta, en esa medida, se requiere dialogar con todos esos pensamientos y sentires.

Según la maestra, el modelo económico ha llevado a las personas a convertirse en un aparato de producción y de riqueza, transformando nuestra relación con la naturaleza. Por esto, el desconocimiento de nuestros vínculos con los demás seres terminará cuando hagamos el ejercicio de volver al vientre materno, el cual todas y todos hemos compartido. Este reconocimiento permitirá  asumir que los animales son también nuestros hermanos, al igual que las plantas nuestras abuelas y abuelos. Cuando entendamos cómo estamos vinculados con los demás seres, podremos generar paz con la Madre Tierra.

 

 

 

Estos planteamientos le permiten a Catherine González proponer el concepto de “innovación ancestral”, que implica dialogar con las ideas de los pueblos indígenas. Un diálogo no solo con sus cosmogonías, sino una reflexión sobre cómo estas comunidades producen objetos que son durables, cómo preparan los alimentos propios de su territorio, cómo usan  vías de comunicación y transporte más naturales, entre ellos ríos en vez de autopistas. 

Catherine González también hace referencia a cómo conviven estas comunidades con los demás seres, ampliando sus relaciones territoriales más allá del espacio local. Dicho aspecto requiere ser entendido para dialogar  con la Madre Tierra y con los saberes ancestrales de las comunidades, de manera horizontal.

 

 

 

*Fotografías: Laura Oviedo.

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