Martes, 22 Octubre 2019

Escrache como resistencia a la violencia machista

"Que ardan los racistas" es una frase que solo asusta a quién teme ser quemado...

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Por: Liceth Asprilla

Estudiante, Bloguera, Afroactivista y Feminasty.

Website: https://otrosfeminismos.wixsite.com/agustina

 

¿Qué herramientas, rutas, procesos y espacios tenemos las mujeres negras para combatir la violencia machista? A primera vista ninguno. 

 

Primero, los espacios antirracistas no están hechos para pensarse más allá del racismo (lo negro no es mujer, no es lésbico, no es infante, no es trans, ni gay, ni nada, solo es negro), los hombres negros por ser interlocutores válidos ante el sistema patriarcal, representan un sinfín de contextos que no viven, y cuando los sujetos de esos contextos intentan hablar por sí mismos y tener una voz propia, o se les reduce al ostracismo o no se les permite salirse de los parámetros de lo negro como realidad homogénea; segundo, los espacios feministas (incluso los afrofeministas) no están exentos de filtración de información, verdades a medias, intereses egoístas y falta de organización que a menudo confunden con falta de unidad (error fatal); y tercero, las rutas jurídicas son totalmente negligentes e insuficientes, cuando de proteger a las mujeres negras se trata la inoperancia institucional brilla por su ausencia sin importar en donde se ubique el foco de la violencia, y sobre ello hay vastas fuentes de documentación histórica.

 

 

Con casi nada a favor, aún así tenemos algunas cartas bajo la manga. Aunque, claro, el éxito seguirá dependiendo de qué tanto sabemos jugarlas, y de si entendemos realmente cómo funciona el espacio público (https://otrosfeminismos.wixsite.com/agustina/post/not-all-its-all). Una de esas opciones es el escrache (virtual o físico), fue de hecho el punto de partida para movimientos como #MeToo (creado por una mujer negra), y tiene una ventaja que otras estratagemas no proveen: El anonimato. Siendo este irrelevante a la hora de confirmar una denuncia (es decir, se puede proveer pruebas sobre un caso, investigarlo y armarlo sin necesidad de difundir el nombre de la víctima), se ejerce el derecho a la protección de la identidad de la denunciante sin que esto le quite, de ninguna forma, veracidad. El escrache debe funcionar similar a como trabajan las rutas de escape para víctimas de alto riesgo (perseguidos políticos, objetivos de crímenes de odio, botines de guerra, etc..), consiste básicamente en asignación de tareas y transmisión de conocimiento no mas allá de lo estrictamente necesario para llevarlas a cabo.

 

Otras ventajas del escrache son:

El espacio público es masculino y nosotras solo somos invitadas, cuando la violencia deja de ser un asunto "privado" el espacio público se vuelve nuestro, y más seguro para transitar, porque pone en alerta a potenciales víctimas.

 

La violencia hacia las mujeres es una posición política en si misma, no es "su vida personal" o una "opinión" o un error que cualquiera comete (menos cuando estamos ante un delito punible). Desde el momento en que la llevas del ámbito doméstico al espacio público, se politiza. Es más probable que con una bocanada de indignación pública se visibilice como tal ante la justicia.

 

El escrache debe ser una medida complementaria, es cierto, debe estar acompañada de su respectiva denuncia legal, no para sentarnos a esperar a que las investigaciones salgan del archivero claro está (cómo al maltratador le gusta), si no para dejar un precedente de la negligencia institucional; y para que al maltratador se le vaya creando un historial que le acompañará hasta la muerte, un historial que otras puedan usar como base para relacionarse con él -a pesar de- (supervivencia).

 

¿Y si es una figura pública, un referente contextual, un líder social, o simplemente alguien a quién todos conocen por su trabajo? Estamos claramente ante un maltratador con poder hasta cierto punto, pues su creación, acción, opinión o producción lo pone en ese lugar. Una forma de escrache eficaz (virtual o físico) es dejar de consumirlo ¿Por qué no separar al abusador de su trabajo? Para volver a la persona detrás, mortal, susceptible y vulnerable. Así, sin las herramientas que le dan ese poder (su trabajo), es muy poco probable que lo use para abusar de alguien más. ¿No se les ha ocurrido que quizás, hay gente que usa sus lazos con la comunidad para cazar víctimas? ¿O que incluso esa puede ser toda su motivación? Aunque claro, esto no siempre es rentable, porque entre otras cosas, no todo el tiempo se tienen los privilegios para construir sin capital cultural o alianzas previas, más cuando estamos escasos de ello (creo que a este punto, lo importante es no usar el legado del maltratador para justificarlo o hacer apologías a la impunidad).

 

¿Y cómo hacemos con el estereotipo del hombre racializado criminal, si es un hombre negro al que denuncian? Un hotep (https://www.youtube.com/watch?v=iw5bYlTs9Wk) llamado Tariq Nasheed es famoso entre la "comunidad" negra estadounidense por decir que eso del acoso callejero en el guetto es solo una excusa para enviar hombres negros a prisión. Lo cierto es que es casi tradición que el sistema jurídico no penalice el black-on-black crime, pues es la justificación perfecta para decir "entre negros se entienden" (por eso las bandas criminales usan gente del mismo barrio para esparcirse como plagas), además de que no representa un peligro para la hegemonía supremacista. Es mas probable que cojan a un hombre negro preso por robar un pan o por protestar contra medidas injustas, a que lo hagan por propinarle una golpiza a su novia negra, en ese aspecto las mujeres blancas llevan la delantera, sin importar si están mintiendo o no (así que no se por qué las mujeres negras son la "amenaza" si a Saturio lo lincharon por una mujer blanca (https://www.ecured.cu/Manuel_Saturio_Valencia_Mena).

 

Como cada participante tiene una tarea y la información que recibe no es más de la que necesita para llevarla a cabo, todos se protegen de todos, y todas protegemos a la víctima. Muchas veces conocemos la denuncia y el caso, pero no a la víctima, tampoco a quienes hacen el escrache; o la victima sabe que trabajan para ayudarle pero no conoce quienes llevan su caso, ni quienes hacen el escrache; y así... Es una forma eficaz de crear una red de apoyo fuera de toda institucionalidad, evitando que nuestro juicio o pasado, nuble el proceso, por supuesto, para quienes diferenciamos entre unidad y organización. Otra forma para filtrar gente anónimamente es lanzar un cebo, ya sea la copia de la denuncia o un post describiendo el caso, las reacciones a partir de la viralización del contenido nos ayudan a descartar aliados, pero ojo, no a encontrarlos (¿En serio creen que un capucho necesita tomar el te con otro capucho para armar desmadre?).

 

 

¿Y no está mal tomar la justicia por cuenta propia?

Si somos conscientes de que la justicia es patriarcal y que las mujeres necesitamos reapropiarnos de ella, pues no, pero siendo maltratador es obvio que esta lógica no tenga sentido. El abusador promedio le huye al escrache, no porque sea muy respetuoso de la ley, de hecho aunque haya una investigación en curso el maltratador va a seguir diciendo que hay que sentarse a ver en qué termina todo aunque sea total y plenamente consciente de que más del 86% de las denuncias por violencia hacia las mujeres queden archivadas (http://bit.ly/DenunciasArchivadas), y que menos del 2% de las denuncias por violencia hacia mujeres realmente sean falsas (http://bit.ly/DenunciasFalsas), lo más probable es que llame a su víctima al "debate" (revictimización, la obliga a estar en contacto con él para influenciarla), es una dinámica muy parecida a la casa por cárcel para maltratadores, y todos sabemos en qué termina.

 

De hecho es muy característico del activismo negro prescindir de la institucionalidad por ser considerada racista, en aras de recuperar autonomía; que mágicamente cuando de proteger a nuestros interlocutores se trate, que se torne necesaria y hasta indispensable, debe ser pura coincidencia...

 

El problema de la buena víctima

De entrada es algo que se evita si en primer lugar, la víctima denunciase desde el anonimato, pero en caso de que no, o que por alguna razón se filtre su identidad, lo más probable es que el maltratador juegue al "empate"; es decir, si la víctima es trabajadora sexual, clínicamente esquizofrénica, o su personalidad no le cae bien a muchos, o simplemente tiene un pasado turbio con su abusador, se usa como chantaje pasivo, una forma de enviar un mensaje indirecto que diga "mira, tú tampoco eres perfecta, un defecto lo tiene cualquiera, ten cuidado con lo que dices". Aunque todos somos conscientes de que ninguno de esos factores justifica un delito punible (ser prostituta o inestable ni defectos ni delitos), las personas, y todavía activistas, increíblemente, hacen una maroma mental para interiorizar el hecho de que solo una buena víctima, merece justicia. Lo curioso es que nunca, la gente negra, ha tenido el privilegio de ser buenas víctimas, y cuando se logra ser una, rayamos en el mérito.

 

De ahí la importancia de una buena investigación, de conocer todos los detalles incluso los mas superfluos, de aliados neutrales como la unidad de delitos informáticos, casa matria, abogadas y psicólogas con enfoque feminista que den su diagnóstico profesional y que acompañen a la víctima, conocer las leyes para entender la diferencia entre acoso, escrache e invasión a la privacidad (para que no salgan con la típica "contradenuncia" por difamación), medicina legal (aunque esto es a menudo difícil, mantienen tan llenos que cuando hacen el registro las marcas y heridas han desaparecido del cuerpo de la víctima), etc...

 

La educación como única alternativa eficaz

El escrache no es una medida definitiva y aunque a groso modo funciona mejor que la justicia ordinaria mientras la misma hace avances (o mientras vive ausente), puede que no funcione en cada caso. Por obvias razones, hacer pedagogía "casera" con el maltratador no está dentro de las posibilidades, porque además de ser impúnico y dilatante, revictimiza al punto de imponerle a la victima rehabilitar a su maltratador. Esto de poner en las mujeres negras la responsabilidad que tiene el sistema penitenciario de garantizar un espacio humano y reinsertivo a los criminales es abusivo y cruel. Es sin eufemismos, terrorismo y explotación patriarcal, una forma de extinguirnos sin ensuciarse las manos. Estoy segura que vemos claramente el error, cuando las mujeres blancas tratan de pedirnos "dar la pelea", cómo si la vida misma por si sola no doliera.

 

Pero si hay dos focos que debemos rescatar cuando de prevenir llegar a este punto se trata, en primer lugar: La punibilidad social y vulnerabilidad masculina. La violencia hacia las mujeres negras existe, eso no se discute, creo que nadie lo hace, lo que le molesta al maltratador es la forma en que lo tratan. Hasta ahí para un sector mediocre del activismo es entendible, lo que debemos entender es que esa violencia existe, la mitad del tiempo, porque no hay consecuencias.

 

Cuando hay consecuencias (sociales o jurídicas) de por si ya hay garantías para hacer esa pedagogía que tanto piden, se accede de forma segura a espacios que tradicionalmente son patriarcales, es menos probable sufrir represalias o encontrar parches en el camino. Y no solo eso, entramos a un terreno inexplorado, cuando la "vida privada" del maltratador se hace pública, se vuelve vulnerable, porque aunque todos se engañen a sí mismos, es una tarea suicida pedagogizar a alguien que en primer lugar, aún tiene acceso a espacios de poder. ¿No hablaban de nuevas masculinidades? Bueno ahí están, la vida personal de las mujeres, con delito o no siempre ha estado en la palestra, desde con quien nos acostamos hasta cuantos lunares tenemos en el culo ¿Creyeron que solo se trataba de poder llorar? Todo esto suponiendo, claro, que los hombres estén impedidos mental y físicamente para hacer el trabajo del "amor", de formar y educar a otros hombres (esto también son nuevas masculinidades) porque hasta donde yo sé, las mujeres negras tenemos un montón de problemas y nadie nos está pagando por esto.

 

Si nuestro accionar dependiera de cuan entiende un maltratador lo que ha hecho, no habría consecuencias para nadie, se sabe que la falta existe independientemente de lo ignorantes que seamos acerca de la misma. La verdad es que, sin importar su nivel de consciencia, todos quieren salir ilesos, y aspirar a eso en 2019, con o sin "buenas formas" ya es de por sí, bastante crédulo. No estamos tratando con la misma generación de hace 20 años. Esperen resistencia, mucha resistencia.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

Fotografías: Cortesía

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