Lunes, 07 Octubre 2019

Belén de Bajirá es Chocó, Belén de Bajirá es Colombia y el insaciable criollismo colombiano

El fenómeno de los asesinatos contra defensoras de derechos humanos, territoriales, medioambientales, étnicos, civiles, políticos, etc. ha hecho parte de las historias del conflicto colombiano en las que no solo se involucran los actores ilegales, sino también sectores político-militares del Estado. 

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Por: Yeison Arcadio Meneses Copete

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El intento de una élite gobernante antioqueña por robarle al departamento del Chocó otra parte de su territorio es una amenaza contra el pueblo chocoano y sobre todo un golpe a la posibilidad de consolidar una democracia desde, por, para y en la diversidad étnica y cultural racializada. La continuidad del criollismo colombiano. Además, se convertiría en una evidencia vergonzosa actual de un orden constitucional de Estado débil, pobre, corrupto, mediocre y dictatorial dispuesto para los regímenes del destierro integrados por mal llamados empresarios, “políticos”, redes de narcotráfico, terratenientes, ganaderos y grupos ilegales armados.

 

 

Estas relaciones han sido ampliamente reconocidas por diferentes instituciones, investigadores y en decenas de casos juzgados por el sistema judicial colombiano. Algunas otras investigaciones siguen su curso sea para la impunidad o para algún día dilucidar los meandros del auspicio de la violencia en el país y particularmente sobre el territorio chocoano, sobre Belén de Bajirá.

 

Sin dudas, si el Estado colombiano no brinda las garantías necesarias y los gobernantes chocoanos no prestan la atención debida para asumir la soberanía y la gobernanza, un fuego de violencia más severa retornaría. La dimensión de lo que se está fraguando aparentemente parece solo preocupar a los valientes Líderes del Comité Cívico por la Defensa de Belén de Bajirá. Las y los chocoanos no hemos asumido este como un problema de todos y todas. Vivimos una crisis identitaria y de apropiación por la que debemos generar procesos educativos y socio-comunitarios sostenidos para superar, y no estar a merced de intereses insaciables como los de la élite antioqueña.

 

Las y los chocoanos debemos iniciar a conocer más nuestros territorios y dejar de perdernos en un consumismo de apariencia barato aspirando aires contaminados de otras regiones turisteando, por ejemplo. Todo lo de afuera es mejor ¿Por qué? Porque no es nuestro. En este orden de cosas, de no luchar podemos terminar queriéndonos chocoanos pero formalmente perteneciendo a Antioquia y otros departamentos pues, la desmembración no es un proceso del todo derrotado. Sigue vigente este fantasma criollo. 

 

Paradójicamente, en estos momentos electorales poco sabemos o conocemos de las voces de las y los candidatos a la gobernación y a alcaldías que al unísono tendrían que haberse pronunciado en contra de esta medida. Asimismo, los gobernantes actuales tampoco han elevado su voz con contundencia para empoderar y sensibilizar territorialmente a la chocoanidad. Lo peor, Belén de Bajirá sigue sufriendo la desidia de la clase política chocoana que no asume la soberanía. Claro está, no me refiero a un discurso. Hablo de acciones concretas que en políticas sociales, culturales y económicas tendrían que estarse ejecutando.

 

Con mis propios ojos pude ver el vacío de la institucionalidad chocoana en la educación, la salud, por mencionar apenas estos dos aspectos. En contraste, la presencia institucional criollista o neo-colonialista en estos dos aspectos por la gobernación de Antioquia (en nada comparable en términos de ingresos pues, han recibido desde los albores de la República hasta hoy la mayor parte del presupuesto de la Nación frente a los demás departamentos, lo que les pone siempre en ventaja económica. Parte del racismo estructural e institucional) sí se hace presente y con mejores construcciones.

 

Entonces, el gobernador del Chocó tendría que iniciar por asumirse como tal. No portarse como forastero o invitado, para atender las necesidades apremiantes de la gobernanza en este territorio de frontera. Recuperar la salud, la educación y la economía del sector, son llaves fundamentales. ¿A qué le está apostando? ¿A la diplomacia inocua, la foto de conciliación mientras la élite antioqueña arrecia con todos sus poderes? 

 

Actualmente se está moviendo una fuerza de la arbitrariedad que ataca la pertenencia de Belén de Bajirá al departamento del Chocó. Pese a los argumentos históricos, jurídicos y los fallos, la élite antioqueña se ha empeñado en imponerse bajo ilegalidad a través de altos funcionarios de bolsillo al servicio del régimen antioqueño, que se le quiere imponer al país. El 31 de agosto el Registrador Nacional del Estado Civil envió un oficio a los gobernadores del Chocó y Antioquia, en el cual les notificó de su unilateral e ilegal decisión de entregar el censo electoral del territorio chocoano a Antioquia. Poco le importó al señor Juan Carlos Galindo, Registrador Nacional, irse en contra de la constitucionalidad del país y profundizar en su destrucción. Pocos días después, concretamente el 18 de septiembre, la Procuraduría le solicitó a la Registraduría Nacional del Estado Civil “revocar la decisión de incluir a Belén de Bajirá en el Censo electoral de Antioquia.”

 

¿Asumiría esta postura si el caso fuera al contrario: los gobernantes chocoanos tratando de invadir con inversiones mínimas el territorio de Antioquia? ¿Por qué no se ha asumido tal solicitud? ¿Cuándo procederá conforme a la Ley el Registrador? Esta es la cara de la institucionalidad en el país, lamentablemente. Con razón, parte del pueblo mestizo y criollo-antioqueño, auspiciado por partidos políticos de antioqueños en las pasadas elecciones presidenciales, celebraban y arengaban que “había ganado su presidente, Duque, el de Uribe” y que Belén de Bajirá, pese al dictamen del IGAC, sería suyo. ¿Será que nos jodimos los chocoanos con este gobierno? O ¿Nos estamos dejando atropellar? Tal vez sea momento de convertirnos todos y todas en el Movimiento Cívico Por la Defensa de Belén de Bajirá. ¡Esclavizados, nunca más! El trato contra nuestra territorialidad es proporcional al trato que recibimos chocoanos y chocoanas en las otras regiones. No es poco lo que está en juego. 

 

La medida anticonstitucional directamente impacta los derechos de los chocoanos y chocoanas de esta subregión. También, pretende acabar con el principio ciudadano de respetar las Leyes. Una compuerta enorme, además, que se abre a los diferentes actores, ajenos a las comunidades de este sector del Chocó, con intereses de ilegalidad o de destierro, para que ejerzan su fuerza contra las y los pobladores. Significa dar rienda suelta a la forma como algunas de las familias de bien del país han concebido el  Estado y lo público. Al parecer, este les pertenece y los demás pueblos y comunidades solo vivimos arrendados o arrimados.

 

Así, las tierras y territorios que habían sido despreciados y racializados desde las colonizaciones europeas, con todo lo que esto último implica, hoy se convierten en el epicentro de los intereses de explotadores, neocolonialistas y esclavizadores criollo-colombianos y a veces en alianzas con capitales privados extranjeros. 

 

Entonces, desde esa mirada del salvaje capitalismo, criollismo, que se expresa desde la necropolítica, estiman que las comunidades que han construido territorialidad simplemente deben abrir paso para que sus intereses sean materializados y en el mayor de los casos, cuando se oponen, la desaparición se convierte en la forma expedita para abrirle caminos “al desarrollo”. No por nada son frecuentes las confluencias de violencias en estos territorios y constantemente algunos grupos políticos-empresarios-ganaderos-terratenientes están llamando a comunidades afros e indígenas como “los obstáculos para el desarrollo del país o propietarios de las tierras del país". Un mensaje preciso de muerte.

 

La arbitrariedad de algunas instituciones sirvientes de los intereses de la clase antes mencionada está impulsando un escenario fatídico, más devastador de los ya vividos, en el territorio chocoano. 

 

De este modo, lamentablemente, se repite una ignominia. Hace apenas poco más de 150 años, desde el plano formal, africanos, africanas e indígenas eran diezmados vilmente por la esclavización y la servidumbre en estos mismos territorios. Monte adentro huyeron en aras de celebrar sus libertades, las cuales permitieron construir la territorialidad de hoy. Durante décadas estos territorios fueron tierras despreciadas por las élites, gobiernos centrales y los sujetos fueron tratados como parte del paisaje.

 

El Estado solo ha hecho presencia, en gran medida, a través de concesiones mineras, madereras y petroleras (recientemente) a empresas extranjeras sin consultar la opinión de los dueños del territorio. Ahora, se mantiene el mismo esquema necropolítico y los ejércitos nacionales cuidan los bienes de estos grupos de mercado. Entonces, ¿La ciudadanía colombiana seguirá permitiendo que el Estado privilegie a las familias que ostentan el poder a sus anchas panchas? ¿Cómo construir un Estado-nación en medio de tanta racialización e injusticia auspiciada por autoridades que deberían ser garantes del Estado Social de Derecho, el pacto Constitucional? 

 

En este sentido, se encuentra que la avaricia de esta élite paisa es insaciable. Hace algunas décadas el departamento de Antioquia no tenía salida al mar. Sin embargo, a través de alianzas políticas, gozando del privilegio que ha tenido desde los albores de la república, logró apropiarse de lo que hoy se reconoce como el Urabá - Antioqueño. Recorrer la geografía del Urabá y sobre todo sus gentes es encontrarse Pacífico y Caribeño, marcado por la africanía y la indigenidad. En el Bicentenario de Antioquia, cuando se estrenó el himno en nueva versión, integrando la diversidad del Departamento, se dejó ver la realidad de la antioqueñidad.

 

Para el “paisa verdadero”, como algunos se reclamaban, “negros” e “indígenas” no constituyen su territorio. No les representan. “Dañaron el himno”. Aunque no se pueda señalar directamente la relación entre las personas que expresaron, como “buenos paisas”, su rechazo contra esta “ofensa”, lo más probable es estas voces racistas, regionalistas, tradicionalistas, eurocéntricas y “pujantes”, evidentemente, confluyen en fuerzas políticas llamadas o que se hacen llamar de centro, centro-derecha, derecha y de extrema derecha. Es decir, el interés de estas se centra sobre un territorio, sus riquezas, potencialidades y las riquezas que unos pocos puedan hacer desde estas. Sin embargo, poco quieren saber de la gente que constituye estos territorios. Salvo si se trata de que asuman su rol de “peones”, “de esclavizados”. ¡Nunca más! 

 

Antioquia, no por su gente, por su élite insaciable, se ha convertido en un vecino enemigo, un vecino peligroso. Tiene conflicto con todos sus vecinos hacia el Pacífico y el Atlántico de orden territorial. La situación se empeora cuando diferentes investigaciones muestran que hay una relación estrecha entre las búsquedas de convertirse en la “Mejor Esquina de América o el 2020” de una clase “económica y política” con grupos al margen de la ley, como grupos paramilitares, que previo a la implementación y previsión de grandes proyectos de infraestructura, empresariales o concesiones mineras y madereras, desarrollan masacres, asesinatos selectivos, combates por control de territorio y amenazas a sus principales líderes, instaurando el terror en los sobrevivientes que terminan desterrados en las principales ciudades y cascos urbanos del país profundizando la miseria de los mismos. Una miseria que les era ajena, valga decir, puesto que en sus territorios gozaban en su mayoría de economías diversificadas, si bien no industriales, que sí permitían la vida con dignidad

 

Belén de Bajirá por su ubicación geoestratégica representa no solo un escenario para la ilegalidad. El vacío estatal ha permitido que se configure tal degenerado escenario de nuestra colombianidad. Este territorio por sus potencialidades agrícolas, ganaderas, mineras, hídricas, forestales, entre otras, representa actualmente y en el futuro en un fortín de economías de mercado y extractivas de gran relevancia para el país y para el departamento del Chocó de cara al mundo. Precisamente estas características lo convierten en territorio atractivo para clases del criollismo dedicadas al acaparamiento de todas las posibilidades en nuestro país. Una clase podrítica insaciable que se ha dedicado a robarse la vida, la educación, la salud, la tierra, la vivienda, los servicios públicos, el trabajo digno, y notablemente entregarnos a la violencia y condenarnos a la indignidad. 

 

Nota: agradecimientos a Nitonel González Castro por la lectura crítica. 

 

 

Yeison Arcadio Meneses Copete: Miembro del Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos, CADEAFRO. Magister en Educación de la Unviersidad Pontificia Bolivariana -Sede- Medellín. Doctorante en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos de la Universidad de Perpignan, Francia.  

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

*Fotografía: Cortesía

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