Jueves, 31 Octubre 2019

“A los negros hay que andarles duro”

“Es que mi papá me ha dicho que a los negros hay que andarles duro”…

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Por: Jhonatan Gregory Ochoa Ibarguen*

Docente

 

Esa fue la respuesta de un niño de tercero de primaria a una madre iracunda que le pregunta cuando lo sorprende estrujando a su hija de siete años; “¿hey hey niño, por qué la zarandías  así?” – detengámonos a pensar por un momento la rabia que puede sentir un padre de familia al ver el maltrato que está recibiendo su hija(o), sea cual fuere el motivo. Pues bien, aquella mujer de ébano tuvo que presenciar la humillación que recibía su “princesita”, tan solo por tener la tez oscura

 

 

 

Qué difícil es creer que desde hace más de quinientos años los primeros africanos traídos a este territorio, los afrodescendientes o negros para quienes se sientan bien con este término, hemos venido cargando a cuestas el peso de la humillación, la estigmatización y la discriminación; tan solo por tener características culturales, dialectales y físicas diferentes.

 

Hoy, en pleno 2019, vemos a diario cómo los grandes aportes a la ciencia, tecnología, deporte, música, arte, cultura y política de personas afrodescendientes, se hacen visibles y significativos; sin embargo, no puedo dejar de sentir una gran tristeza e inmensa melancolía que recorre todo mi ser de solo pensar que en esta sociedad, de la cual en ocasiones me enorgullezco por sus demostraciones de solidaridad, todavía queden vestigios de aquella época colonial en la que los africanos y sus descendientes eran considerados como la capa más baja de la sociedad - recuerde que los mayores índices de pobreza actualmente están en nuestras comunidades - no podían frecuentar lugares públicos a los que asistieran los blanco-mestizos - hoy todavía sucede que en ciertos sitios  se nos prohíbe el ingreso con el cuento de que se “reservan el derecho de admisión” - debían tratar con reverencia y respeto a todo hombre o mujer sin importar su condición socio-económica que fuese blanco-mestizo.

 

Aún retumban en mi mente aquellas palabras desgarradoras de una madre impotente que no lograba convencer a su hija de que la idea de no volver a la escuela no era lo correcto, cuando aquella infante le decía que ella no tenia amigos en su escuelita, y sí en cambio la molestaban diciéndole “negra chambacú, Wilson Manyoma (músico afrocolombiano), negra chocolate”, aquella Mamá se preguntaba a sí misma frente a mí, con esos ojos enlagunados que solo expresaban indignación y dolor, “¿por qué a mi hija? ¿solo por el hecho de ser negra?".

 

Voy a dejar de lado mis emociones por un momento, para tratar de no caer en subjetividades y ser lo más prudente posible, conociendo que es una historia en la cual están involucrados dos niños pero que detrás de un oscuro telón están los verdaderos protagonistas y no son propiamente niños. No se puede culpar ni juzgar al niño siendo este una personita que apenas está moldeando su identidad y que sus acciones cotidianas revelan la inmadurez natural de un ser humano que está en ese imparable proceso de desarrollo, el cual día a día lo va acercando al rincón que pronto develará su personalidad con la cual afrontará el mundo al que muchos dicen venir a supervivir.

 

Entonces, si el niño no es el culpable ¿quién lo es? Recordemos su celebre frase “Mi Papá me dijo que a los negros hay que andarles duro”. Siempre se ha tenido como refranes adoptados por la sociedad que “los niños y los borrachos dicen la verdad” y que, “los hijos son el espejo de sus padres”. Tal vez nunca sabremos por qué aquel padre le ha inculcado ese enraizado odio hacia los afrodescendientes a su hijo; sin embargo, de lo que si podemos estar seguros es que de no empezar a tomar los correctivos necesarios que apunten a eliminar este tipo de pensamientos discriminatorios, se estarán encubando nuevos episodios o periodos de tiempo en los que la sociedad nos recuerde épocas tan tristes como el kukus-klan en Estados Unidos y el apartheid en Sudáfrica. Ojalá estas solo sean palabras sueltas y no premoniciones. 

 

Solo cuando logremos entender y reconocer que esta sociedad se configuró gracias a esa gama de colores, culturas y tradiciones, podremos decir que hemos dado el salto hacia el tren de la tolerancia que lo conforman los vagones del respeto, de la solidaridad, de la armonía, del amor y de la confraternidad, solo hasta ese momento… el mundo  será mejor.

 

 

*Historiador la Universidad de Antioquia. Especialista en Planeación Educativa y Planes de desarrollo

 

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 

Fotografía: Cortesía

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