Martes, 07 May 2019

¡Una historia cruzada muy cercana!

“Como hija de una mujer negra que ha dedicado su vida al trabajo doméstico, debo decir que es un oficio bastante difícil y desagradecido” Maria Diana Ramírez.

Por: Maria Diana Ramírez

Periodista de Actualidad

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Historias Cruzadas o The Help es una película que se desarrolla durante los años 60 en la ciudad de Jackson, Mississippi, y muestra la historia de la relación entre tres mujeres diferentes que formarán una amistad en torno a la escritura de un libro que muestra la realidad desde la perspectiva de las trabajadoras domésticas.

Las historias que se muestran en esta película, a pesar de enmarcarse en una época antigua, no se diferencian mucho de la realidad que viven muchas mujeres negras dedicadas al servicio doméstico actualmente. Cada día deben encargarse de la limpieza, el lavado de la ropa, de la compra, obtención y preparación de los alimentos, cuidado de lxs hijxs de sus empleadores y otras muchas actividades que permitan mantener “al día” los oficios de la casa que les corresponde.

 

 

A estas actividades que se realizan cada día, se les conoce como Trabajo Doméstico, un oficio al que se dedican miles de mujeres, en su mayoría negras.

 

Según la Escuela Nacional Sindical en la cartilla “Sacudir la indiferencia” resultado de la investigación “El trabajo doméstico en Colombia: Historias tras las cortinas. Entre transacciones, incertidumbres y resistencias. Estudios de caso en Urabá, Cartagena y cuatro de sus comunidades rurales y Medellín”, existen varias modalidades de Trabajo Doméstico: interna, externa y por días. Cada una de estas modalidades representa la forma en la que se presta el servicio y el salario obtenido por ello

 

Históricamente se ha relacionado a las mujeres con el aseo, cuidado y mantenimiento de la casa; y muchas de ellas se encargan de esta labor sin recibir ningún tipo de retribución económica. Sin embargo, desde tiempos de antaño muchas familias optaron por delegar a alguien que se encargue de la casa; “una empleada doméstica”, “una nana” para sus hijxs, “una ama de llaves” o como decidan llamarle.

 

En Colombia en el 2016 la Gran Encuesta Integrada de Hogares arrojó que el sector del servicio doméstico empleó en el país a 677.218 personas, las cuales representan al 3,1% del total de ocupados a nivel nacional. De estas personas empleadas, el 95% son mujeres siendo el rol ocupacional con más alta participación femenina. Lo que quiere decir que del índice total de ocupación femenina en el país se ubicó el 42% con un poco más de nueve millones de mujeres trabajadoras; el 7,3% se desempeñan en trabajo doméstico (esto es 1 de cada 13 mujeres).

 

El 37% de estas mujeres pertenece al estrato socioeconómico bajo - bajo, son habitantes de cordones de pobreza en las ciudades, la mayoría negras, y han sido víctimas del conflicto armado.

 

Historias cruzadas me hace recordar la historia de mi madre. Ella se llama María Eugenia López y es una de las mujeres que se desempeña como trabajadora doméstica. Desde que tengo uso de razón ha pasado de casa en casa, ha trabajado hasta el cansancio en este oficio que a mi modo de ver, es bastante desagradecido. 

 

 

Mi madre es una mujer negra de 54 años, la segunda de 10 hermanos, nacida en el municipio de Pradera en el Valle del Cauca y criada en Istmina, Chocó. Madre de tres hijas que empezó en esto del servicio doméstico a la edad de 10 años, debido a que mi abuelo era de los que pensaba que a las mujeres no se les daba estudio y que debían encargarse de la casa; por esto y debido a su ausencia; mi madre, en esa época una niña todavía, tuvo que colaborar con los gastos de la casa y de sus hermanos trabajando como empleada doméstica.

Empezó cuidando niñxs y ayudando en los oficios de la casa a las profesoras de la zona. En esa época trabajaba en la modalidad de interna, es decir, residía en el lugar de empleo y salía los fines de semana para visitar a su familia, no recuerda cuál era su remuneración económica, porque estaba muy niña, pero recuerda que trabajaba largas jornadas y no podía asistir a la escuela. 

 

Estuvo allí hasta los 14 años, luego se fue a Buenaventura con la señora para la que trabajaba en ese momento, duró un año allí y viajó con una de mis tías para el municipio de La Paila en el Valle del Cauca y al tener contacto con una de sus primas, decidió ir a vivir a la ciudad de Bogotá. En Bogotá continuó en el trabajo doméstico. Nacimos, crecimos y estudiamos mis hermanas y yo, y ella seguía trabajando en lo mismo. Siempre fue normal para nosotras el trabajo de mi mamá, en ocasiones la acompañábamos a trabajar para que terminara más rápido si teníamos alguna actividad y necesitaba salir temprano. Hacíamos tareas en su trabajo, jugábamos con lxs niñxs que ella cuidaba y hasta heredábamos su ropa y sus juguetes.

 

Todo era bueno y normal hasta que noté que mi mamá estuvo durante 10 años trabajando en una casa en la que cuidó a lxs niñxs, hizo el aseo, cocinó, lavó, planchó, cuidó la casa e hizo muchas otras actividades y nunca le fue pagado el servicio de salud; es decir, ella pagó durante años el servicio como independiente y perdió semanas de pensión. 

 

 

Comencé a preguntarme, ¿Esto es legal? ¿Qué dice la ley respecto a este tema? y fue hasta el año 2012 que como respuesta al Plan de Acción del Gobierno Nacional, interesado en generar una serie de normas que buscaron el mejoramiento de las condiciones laborales de este sector, entre ellas la ley 1595 del 2012, que ratifica el Convenio 189 sobre el trabajo decente para las trabajadoras domésticas. Y ante el Congreso de la República se logró la expedición de la Ley 1788 de 2016, con la cual todas las trabajadoras domésticas de Colombia tienen derecho a la prima de servicios y prestaciones sociales.

 

Pero ¿qué pasa con las empleadas independientes, si hace años mi mamá optó por trabajar para más de un empleador, con una alta rotación laboral; recomendando días a las conocidas para completar su semana, manejar su tiempo y poder descansar? Según la ley 1595 del 2012 “una persona que realice trabajo doméstico únicamente de forma ocasional o esporádica, sin que este trabajo sea una ocupación profesional, no se considera trabajador doméstico”.

 

¿Entonces a qué se dedica mi mamá? Esta modalidad “independiente” es practicada por muchas mujeres en el país. La mayoría de las integrantes de mi familia recurren a esta forma para poder descansar y dedicarle tiempo a sus hijxs; teniendo en cuenta que siempre saben a la hora que entran, pero no a la hora que salen, sus jornadas son extremadamente largas y ni contar que muchas deben llegar a su casa a hacer lo mismo del trabajo. 

 

El trabajo doméstico ha sido muy cercano para muchas de nosotras, hijas de mujeres negras, oriundas del Pacífico colombiano, que se dedicaron a ese oficio porque no tenían otra opción. Mujeres que han sufrido de discriminación racial, racismo y acoso sexual. Mujeres como mi madre, que en ocasiones despiden de los empleos, reducen el salario o los días pactados sin justificación alguna.

 

Sin duda las leyes aprobadas son benéficas para la mayoría de las mujeres y hombres trabajadorxs domésticxs, pero falta. Hace falta regulación y control, que es difícil por las circunstancias en las que este oficio se desarrolla. 

 

El trabajo doméstico es algo que se hereda teniendo en cuenta el contexto, por este lado, mi mamá siempre se rehusó a que nos dedicáramos a este oficio y siempre nos inculcó el estudio como la mejor manera de salir adelante y de romper con la brecha generacional de nuestra familia. 

 

Para María Eugenia López, el trabajo como empleada doméstica fue lo que le tocó, porque siempre soñó con dedicarse a las artes o a las manualidades. Por esta razón, es un honor que conozcan esta historia. La historia de esta mujer negra que sacó adelante a sus hijas trabajando en casas ajenas y que como muchas, no quiso que sus hijas vivieran lo que ella tuvo que pasar en la vida laboral.

 

 

Fotografías: Ruiz Ocoro

 

 

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