Martes, 07 May 2019

Tú, que adoras a tu sirvienta negra

Todas las mujeres negras en el mundo compartimos el mismo eslabón que hace la cadena, sólo que algunas fuimos destinadas a ser descendientes de las que fueron, son y serán la esclava, la sirvienta, la muchacha interna, la criada; de la que hoy llaman “trabajadora doméstica” … de la negra que amamantó el niño del amo blanco, y esto nos dijeron que nos hizo diferente. 

Por: Fares Montaño*

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Más joven fue habitual para mí escuchar de las conversaciones de hombres y mujeres adultas; sin que esto implicara entender en ese instante lo que significaba esta particular victoria anunciada por los susodichos acerca de: que la muchacha de servicio era digna de ser reconocida, porque trabajando 6 días de la semana de interna en casa de familia a cambio de comida, techo y un pago de acuerdo a la voluntad de su “patrona”, había logrado darle los estudios básicos a su muchacherío, y poder viajar muchos kilómetros a su pueblo para ver al último de sus hijos que quizás tenía  uno o dos años de nacido y lo cuidaba la abuela materna. 

 

 

Además, con mucha curiosidad me di cuenta que para los miembros de la familia en cabeza de la señora de casa, era una tema de orgullo y fina coquetería o de una gran tragedia, encontrar lealtad, silencio y limpieza de la interna del hogar que generalmente era una mujer bastante joven y con un precioso porvenir al poder ejercer tan engrandecedora labor, o anunciada la desdicha si esta era negra, también implicaba aceptar la verdad de que las cosas habitualmente se perderían de la casa, generalmente objetos, pasando por dinero, comida y finalizando en joyas con mucha valía para la doña.

 

Así que desde la llegada de la sirvienta negra, era ley anunciarle que su estadía en el recinto implicaba asignar una gran carga de trabajo más robusta porque las negras son más resistentes, pero también con amplio permiso, ejercer en ese cuerpo atestado de carencias una severa disciplina que iba desde los golpes al cuerpo y la psiquis, hasta el castigo de no descansar el anhelado dominical. 

 

También, con el tiempo noté que no existía la equivalencia masculina de este oficio, pensé que ser hombre era sinónimo de estar a salvo de este tipo de esclavitud de la colonia y hoy muy postmoderna con los pocos cambios legales que ha tenido; ya saben, ellos siempre ganan en todo. 

 

Finalmente a la estructura colonial, al sistema patriarcal y el capitalismo nunca les ha interesado que los hombres de cara a estos sistemas se les restara dignidad ni su gran valor, aquel que es dueño del mundo y que representa a la humanidad como categoría: “el hombre” no merece ninguna labor que lo haga ver disminuido, cuando se requiere la mano de obra barata para ejecutar las labores que restan valor de la humanidad, las mujeres perfectamente pueden ir en representación, eso somos. 

 

Por consiguiente, vi que este tipo de labor paupérrima, precaria y falta de cualquier dignidad es absolutamente feminizada; al igual que la doble jornada, la crianza, la educación de los hijos en casa; lo anterior nos obliga a estar frente a la realidad de que la muchacha de servicio, accede a un acuerdo unilateral con el amo blanco, que consiste en intentar ganar algo de comida, tal vez algo de ropa, techo, sin que implique dinero en metálico pero que también fuera de toda la carga de trabajo, es someterse a un sin número de violencias físicas y psicológicas incluyendo la violación sexual cada día, cada noche, por parte del “señor” del hogar muchas veces aceptado por la señora del mismo, ambos radicalmente pro-vida hasta que ella queda en embarazo y el aborto, usando cualquier método, es bien visto por cualquiera de los dioses. Dejar perder la valía de la jovencita por un feto es restar la fuerza de trabajo de casa. 

 

Por causa de todo lo anterior y debido a que someter, humillar, esclavizar todavía a la gente negra otorga poder y mucho más si es mujer, hoy nos encontramos a un montón de gentes en las urbes o no, de clase media o no, que deja ver con orgullo a la cuidadora de sus hijos, a su doméstica que seguramente trabaja en dos o más casas, a la muchacha del servicio que de forma inexplicable hace de todo, la doña se siente feliz porque encontró a la que tiene una sazón como las diosas por eso se han ganado el derecho de que las lleven a pasear para que cojan aire. 

 

Con una gran altivez están los que adoran a su sirvienta negra y como no, son racistas, pues las muestran en las fiestas del niño rubio y bello, la llevan a las reuniones familiares para que sirvan la comida y ya no la obligan a usar ese uniforme en público. “Blanca, Rosa o  María ya son como parte de la familia, llevan años trabajando para esa familia”. “Gracias a Dios el baby de la casa tuvo una buena muchacha”, ‘’menos mal el señor pagó para que la trajeran de ese horroroso pueblo. Ojalá ella y los suyos reconozcan el gran sacrificio de la familia’’. 

 

De modo que, lo anterior obliga a que una mujer negra trabajadora doméstica de una familia sienta algún tipo de agradecimiento con sus patrones, luego lealtad porque esa noble familia abrió las puertas, también lo sienten los hijos de la sirvienta debido a que con esta labor pudieron terminar el colegio a pesar de las demás carencias, hay que presentar las gracias porque se puede estar en peores condiciones, sin trabajo por ejemplo, pudiera no descansar sábados o domingos o ambos días, puede ser que tuviera peor pago, al menos en casa se tiene las tres comidas y no debe planchar tanta ropa, al menos el cuarto donde está tiene puerta con llave, un baño y televisor, pero todo lo ve en mute porque la señora de la casa tiene el sueño ligero. Ahora pueden usar su celular y a veces la patrona cuando hace mercado le da unas tostadas y café en grano o a veces una bolsa de avena. 

 

Finalmente, la cara de la servidumbre, la explotación sexual, los efectos del abuso del poder, de las esclavitudes postmodernas tiene rostro de mujer negra, pero suavizamos estas realidades hablando de los pequeñísimos esfuerzos que han hecho las leyes laborales a favor de las trabajadoras domésticas para garantizar lo básico como la seguridad social, ocultamos la violación de sus derechos como mujeres mostrando que hoy día las dueñas y administradoras de la casa han podido incorporarse al mercado laboral; entonces alguna negra tenía que sacrificarse por la doña, de todas maneras los niños más pequeños le hacen más caso a María que a su propia mamá. Ganancia

 

 

*Fares Montaño David: Líder del proceso organizativo ENNyE, activista, afrofeminista, defensora de derechos humanos - Amnistía Internacional.

  

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografía: cortesía.

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