Jueves, 01 Noviembre 2018

“Pero si tú no eres negra”

Autorreconocerme como Afrocaribeña no fue un proceso fácil, pero sí muy edificador y lleno de experiencias. Fue entenderme como parte de un colectivo, saber que soy porque otros fueron, ser más que un prototipo estético y formar parte de esta lucha por la libertad.

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Por: Melissa Plaza Sibaja*

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Soy una mujer de 1,55 de estatura, nariz aguileña, cabello de rizos sueltos que se sometió al proceso de alisamiento químico desde que tenía 15 años. De pocas curvas y una piel color canela producto de una mezcla racial tremenda, un abuelo paterno “blanco” y su esposa de ascendencia indígena y un abuelo materno negro y su esposa mestiza. Tengo primos de tez muy clara y ojos verdes, unos de piel muy tostada y pelo indio, unas tías del color de la leche, de cabello rojizo y “malo” y unas nalgas de ataque. Mi mamá es “la negra” y yo me sentía “la negrita” más por la admiración que siempre le he tenido a mi madre que por entender el valor real y la connotación histórica que traía esa palabra, pero que de alguna manera me atraía.

 

 

En la vida uno conoce muchas personas que lo marcan de manera positiva y negativa, y yo tuve la oportunidad de coincidir con una mujer muy especial, quien no solo ayudó en mi proceso de formación académica, sino en mi proceso de autorreconocimiento como mujer afrocaribeña. ¡Descubrir esa palabra fue un alivio para mi vida!  Ya era “algo”, ya deje de ser “amarilla” entre negros y “morenita” entre mestizos. Porque siempre me decían que yo no era negra, ya que para mis interlocutores ser negra es tener la piel oscura, el pelo crespo, un cuerpo voluptuoso, labios gruesos, nariz grande, sazón y ritmo para bailar.

La lucha interna por nuestra autodefinición como sujetos históricos no es nada fácil, empezando porque debemos romper con estos estereotipos impuestos que restan mucho del valor de la lucha y resistencia de nuestros ancestros.

 

 

Hoy cuando me dicen “es que tú no eres negra”, puedo responder que mi piel no es oscura como esperan, ni soy nalgona, ni cocino sabroso, pero soy libre gracias al sacrificio de miles de hermanos cimarrones que se rebelaron, se organizaron, se fueron a vivir en palenques, se vistieron de resistencia y dieron su vida, entre otras cosas; para que mi abuelo materno pudiera formarse, ejercer su oficio de carpintero, que prefiero decir que es su arte, y también, que pudiera escoger a su esposa, con quien tendría su hija mayor que es negra y su nieta que es negrita.

Yo no soy de piel negra pero mi sangre lo es, por eso soy libre, soy luchadora y rebelde, tengo el privilegio de ser profesional egresada de la mejor universidad del país, de la carrera que a mí me dio la gana, por eso ahora me siento bella con mi  cabello natural, alborotado, libre de esos procesos químicos. Ahora entiendo y puedo comunicar, que ser negro es más que un concepto estético, pero además ahora entiendo que cargo con la responsabilidad de seguir construyendo por y para mis hermanos de esta familia extendida.

 

*Melissa Plaza Sibaja: Politóloga

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 *Fotografías: cortesía.
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