Miércoles, 03 Julio 2019

Nadie quiere ir a ver negros al cine

Hacer una película donde el baile se convierte en una salida de escape a la criminalidad de Buenaventura fue el objetivo de Jorge Navas pero, enfrentarse a un público criollo que no se sentía atraído a ver su película y a unos distribuidores que le decían que para esta no había mercado, lo llevó a descubrir, de primera mano, la realidad del racismo. 

 

Por: Alexandra López Asprilla

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Un rostro bañado en sudor, casi en una oscuridad completa, se revela bajo la luz amarilla que entra por un extremo de la pantalla. Se siente el sofoco, el cansancio y la incertidumbre. Aparece el murmullo suave del agua y el crujido de un material metálico a lo lejos. Se develan otros rostros y cuerpos hacinados que intentan no morir por deshidratación. De golpe, se escucha un ajetreo de voces. Entre gritos e insultos, unos brazos desesperados comienzan a sacar violentamente estos cuerpos cansados para tirarlos al mar. 

 

 

Al chirrido de sirenas policiales, vemos una luz blanca con destellos azules y rojos, que amenaza con perturbar esa oscuridad de la noche. La pantalla se vuelve completamente negra. Aquellos sonidos afanosos se fueron y un silencio de engañosa calma surge en el ambiente. Un paisaje grisáceo y azulado nos devela un cuerpo casi desnudo. Aquel rostro que anoche estaba bañado en sudor, ahora se despierta cubierto de lodo sobre piedras y humedad. El golpeteo de una marimba extradiegética entra a escena, para acompañar a Harvey en el azaroso camino de regreso a casa. 

 

Con esas imágenes comienza Somos calentura (2018), una película que retrata a Harvey y sus tres amigos mientras participan en el concurso nacional de baile realizado en su ciudad, Buenaventura. Presos de la marginalidad y en una búsqueda constante por encontrar oportunidades, deben decidir si hacer parte de las organizaciones al margen de la ley es el mejor camino para ellos. 

 

En esas primeras escenas, la película hace tres cosas importantes: 

1. Nos presenta a Harvey, el personaje principal, y nos permite entender que habita un contexto donde el camino de la ilegalidad se lleva a muchos inocentes presos de la necesidad y la falta de oportunidades. Más adelante, la película hará esfuerzos por explicarlo mucho mejor. 

 

2. Relacionado con el punto anterior, Buenaventura es explorada como un lugar donde la criminalidad tiene un espacio muy ganado y casi que normalizado. Una tendencia que se mantiene a lo largo de la película. 

 

3. Sonoramente establece un tono claro, aquí vamos a hablar de la música producida en esta parte del Pacífico pero, sin dejar de lado la realidad social de sus protagonistas. No es de gratis que mientras Harvey camina adolorido hasta su casa, estemos escuchando constantemente una fusión entre los aires del Pacífico y unos ritmos más urbanos. Esta unión sonora y visual nos adelanta la conversación que existe entre el arte y la  violencia en este film. 

 

 

Somos calentura es una idea original de Steven Grisales, productor y guionista que desde el comienzo la había pensado como una película de baile comercial al estilo norteamericano. 

 

Cuando el guión llegó a manos de su director Jorge Navas, este sintió que a la obra le faltaba textura, que no tenía capas sociales y que pretendía mantenerse alejada de los problemas de Buenaventura. Según Navas, “su aporte al film consistió en ponerle un poco de su estilo documental, incorporar subtexto y realidad”. 

 

Cuando la ficción se parece a la realidad

El equipo de producción quiso encontrar a los mejores bailarines para luego dictarles talleres de actuación. Para lograrlo, hicieron una convocatoria por redes sociales para que la gente que estuviera en cualquier lugar del Pacífico, pudiera enviar su video bailando. “Eso nos sirvió como investigación porque ahí veíamos cómo bailaban, qué bailaban, como se vestían, cuáles eran las personalidades’ dice Navas¹. 

 

Esto también los llevó a notar que sus actores estaban conectados con las historias de los personajes que interpretaban. Por ejemplo, en la película a Freddy le matan al hermano, y unos meses antes del rodaje, a este mismo actor le mataron su hermano por cruzar una barrera invisible. 

 

Baile e identidad afro

El trabajo coreográfico de Somos Calentura estuvo a Cargo del maestro Rafael Palacios "Él es una autoridad de la danza afrocontemporánea y tiene un discurso muy bello de cómo con el cuerpo se refleja, como se libera toda esa represión que ha tenido la comunidad afro en todo el mundo y en este caso en Colombia. Han estado tan reprimidos que cuando bailan eso sale como con una fuerza y un poder y ahí se conectan al mismo tiempo como con unos antepasados. Sucede como una magia. Hay algo ahí muy fuerte, muy bello y casi que espiritual también”, expresa el director. 

 

Navas cuenta que en paralelo estuvo haciendo investigaciones sobre religiones afro, en las cuales encontró que "el baile es muy importante y como la especie de posesiones que tienen en sus cuerpos cuando están bailando y las miradas, como que yo también quería retratar eso. Porque uno lo ve en ellos pero raras veces lo ve en cine, yo quería que algo de eso quedara. Creo que se ha quedado algo de esa fuerza en el cuerpo, la tensión”.

 

 

Más allá del baile 

Navas tenía claro que el baile era un aspecto claro del film, pero su enfoque era otro. Como él mismo expresa "no queríamos hacer un musical como otras películas de baile que, simplemente son muy buenas coreografías con mucha tecnología pero, las historias siempre quedan por debajo”. Su enfoque era "hacer una película donde el drama de los personajes fuera más importante que el baile en sí mismo. El baile no es la capa principal sino, (..) el drama de estos chicos y como ese drama también explota en el baile o se canaliza a través del baile (...)”. 

 

Para el director, Buenaventura presenta un contexto desfavorecedor para los jóvenes. Desde su punto de vista ellos ‘tienen un futuro muy limitado. Hay muy poco trabajo. La tasa de desempleo es muy alta. La tasa de acceso a la educación es muy baja’.

 

"Vamos a hablar de uno de los lugares más violentos del mundo como lo es Buenaventura pero, no vamos a hablar desde la violencia sino desde la luz, desde el arte, desde el baile y desde la lucha cotidiana que tienen estos chicos para intentar salir adelante con medios que no sean desde la delincuencia" aclara Navas.

 

 

‘Héroes’ locales 

Para el director, su película muestra a estos bailarines como unos ‘superhéroes’, y aún más importante, como un buen ejemplo para los más pequeños. Como él mismo expresa: "Muchas cosas que cuentan los bailarines es que cuando están en los barrios, los niños los ven a ellos como unos súper héroes. Cuando se dan cuenta que estuvieron en la película los respetan mucho. Es muy bonito crear esos héroes locales, chiquitos. Es muy interesante". A lo que también añade: “los bailarines consiguen chicas. A ellos los respetan. Son los únicos que pueden atravesar fronteras invisibles. Hay una especie de respeto y admiración por el bailarín”. 

 

Recepción del público 

Usar la música local era parte de las prioridades para el director quien aclara que ‘mucha de esta música que pusimos en la película no la conoce nadie y es música excelente. Buenísima. Pero comercialmente no ha podido salir adelante precisamente por esa marginalidad y ese racismo. Y es como si tuvieran un pie ahí encima que no los deja sacar la cabeza. Es una total realidad que no creíamos y pensábamos que podíamos darle un giro a eso, era una cosa idealista nuestra. Y no. Realmente nos estrellamos contra la pared’.

 

"Una cosa triste que nos dimos cuenta es que hay mucho racismo. Nos decían que la gente no quería ir a ver negros al cine, que el mercado negro no es un mercado, que a nadie le interesa ese universo.(...) Entonces, en ese sentido es difícil financiar una película afro. Es una locura, es absurdo pero así es. Y el mismo público blanco criollo no quiere las películas afro entonces, es un poco suicida comercialmente hacer este tipo de películas, no solo en Colombia sino en otros países". 

 

 

Pero no todas las respuestas fueron positivas. Según Navas: "hubo comunidades afro en Colombia que criticaban la película porque no la había hecho un afro, más o menos como que nosotros no teníamos derecho a hablar de los afro si no lo éramos. Puede que tengan razón. Nosotros lo recibimos con mayor respeto pero, entonces tampoco los afro iban a ver la película porque no la había hecho un afro y los blancos no iban a ver la película porque era de negros. Es absurdo. Uno dice ¡que locura! ¿a qué hora terminamos metidos en este sándwich? ¿Muy ingenuos o qué fue lo que hicimos? Pero suceden esas contradicciones también. El compromiso ya fue la investigación y la metida al terreno y tratar de ser lo más respetuosos y fieles a esa cultura". 

 

En Buenaventura, en cambio, sintieron una buena acogida y aceptación de la película. "La gente de Buenaventura la recibió bien, ellos estaban felices y pues hay mucho activismo afro también. Los activistas afro de allá nos felicitaron. Se sintieron orgullosos. Se sintieron representados. Pero por otro lado, a la comunidad también le daba mucha tristeza que el chico quedara exiliado, que hubieran matado al hermano. Lo raro para ellos fue ver ese retrato", cuenta Navas. 

 

La única historia 

Aunque el director exprese que su objetivo no fue hablar desde la violencia sino desde la luz, en toda la película Buenaventura es explorado como un lugar donde la violencia, la muerte, las desapariciones, el desplazamiento forzado, la marginalidad, la corrupción y el narcotráfico son unos constantes del territorio. El único espacio o momento positivo para escapar a esa realidad es el Concurso Nacional de Baile, el cual es presentado como la esperanza de estos chicos.

Pero ¿qué pasa cuando el concurso acaba? La realidad trágica del territorio vuelve a surgir, a Harvey le toca huir para no ser asesinado y estos chicos quedarían a la deriva porque como el director expresa: "Buenaventura ha tenido picos muy altos de grupos de baile pero se desvanecen muy fácil porque no tienen apoyo de ningún lado". Sin apoyo y sin oportunidades a estos ‘héroes’ no les queda más que vivir del momento. 

 

 

La película Manos sucias (2014) también presenta a dos jóvenes hermanos de Buenaventura, que por la falta de oportunidades, sucumben ante el tráfico de drogas. 

 

A esta misma mirada sobre el territorio, se suman varios reportajes noticiosos, de los cuales solo mencionaré dos; el primero de la BBC: Buenaventura, la nueva capital del horror en Colombia y el segundo de El Espectador: Buenaventura, la ciudad más violenta del país. Es como si la narrativa de Buenaventura como un territorio peligroso y que no ofrece nada a sus jóvenes más que la criminalidad, se estuviera convirtiendo en la única historia. Y del peligro de estas narrativas que cuentan solo una cara de la moneda, ya nos advirtió Chimamanda Adichie en su libro El peligro de la historia única (2018)

 

No pretendo exponer que en los productos audiovisuales se debe ocultar que estas cosas ocurren, o que se ignoren por completo las narrativas de violencia, porque eso también sirve para denunciar y puede mover al cambio. Tampoco pretendo decir que, lo que exponen estas películas y reportajes noticiosos sea mentira. 

 

Lo peligroso es que estas historias sobre Buenaventura son tan repetitivas que, opacan las otras realidades de este territorio. Son verdades a medias que carecen de otros puntos de vista, lo cual construye y refuerza el prejuicio. Es un círculo vicioso donde los contenidos surgen, a veces, desde el estigma y alimentan el estigma del público consumidor. Ante esto es importante que se pregunte ¿Cuántas películas, series o reportajes positivos sobre Buenaventura ha visto o leído últimamente? ¿Sobrepasan estos en cantidad a los negativos? 

 

Cuando uno ve Somos calentura, siente admiración por los bailarines y le dan ganas de pararse a bailar. Sin embargo, la obra carece de esfuerzos en cuanto a la construcción de unos referentes o unos imaginarios positivos sobre las comunidades afro y sus territorios que, estén desligados del estereotipo del  negro que baila y del prejuicio del puerto como un lugar sumido en la violencia. 

 

No se niega que hay bailarines y deportistas afro excelentes y que son un orgullo para el país, pero esa única mirada sobre nosotros los afrocolombianos ha invisibilizado nuestros aportes desde otras inteligencias.

 

Se hace necesaria la creación de narrativas audiovisuales que tengan una mirada distinta sobre nuestros cuerpos y territorios. O si no, pregúntese ¿Cuántas veces ha escuchado usted que los negros son excelentes deportistas? ¿Cuántas veces ha escuchado usted que los negros bailan muy bien? Ahora dígame ¿cuántas veces ha escuchado que los negros tienen excelentes capacidades intelectuales para hacer aportes científicos, literarios, económicos, sociales, investigativos y demás? Casi nunca ¿verdad? Y ¿cuál cree usted ha sido el rol de los medios frente a esto?  

 

¹Navas, J. (mayo, 2019). Conversatorio en la Cátedra de Cine Luis Alberto Álvarez. Teatro Camilo Torres. Universidad de Antioquia. 

 

 *Fotografías: cortesía.

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