Lunes, 04 Marzo 2019

La vida de Jhassy Rodríguez en su pueblo: Florencia, Caquetá

Ella es Jhassy Rodríguez Casas, oriunda de Florencia, Caquetá. Su historia empezó cuando sus padres trabajaban en el área rural de un municipio de Caquetá, Valparaíso.

 

Por: Jaci Palacios Rivas

Estudiante de comunicación social y periodismo - Luis Amigó

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Sus padres eran docentes, a seis horas de Florencia en una vereda en la cual se veían bajar muchos chicos que salían de otras veredas; unos a caballo, otros caminando largos trayectos para llegar a la escuela.

- “Eso era muy bonito porque se mostraba el interés que tenían los niños y la importancia que tenía para ellos estar en la escuela” dice Jhassy.

Esta zona siempre fue de presencia guerrillera, dominada por las Farc, Jhassy y su familia nunca habían tenido que presenciar problemas durante un periodo largo y llegó un momento en que se recrudeció del conflicto, aproximadamente en 1997 iniciaron a escuchar que estaban llegando otras personas y empezaron a aparecer muchos muertos en la carretera.

Jhassy cuenta algunas experiencias no tan alegres que tuvo que vivir con su familia y que fue duro de asimilar.

Ella, junto con su familia iban en un 'mixto', transporte que usaban para trasladarse de un pueblo a otro por varias horas; en Medellín se les llaman chivas. De repente se encontraron con un retén y con solo ocho años de edad Jhassy recuerda que le decían que los militares y los guerrilleros se diferenciaban por sus botas.

 

 

- “Esto era algo muy confuso por que los guerrilleros tenían botas de caucho y los militares tenían botas de cuero; entonces lo primero que uno hacía era mirar las botas para saber quiénes eran”.

Ella recuerda que cuando bajaron a su padre, le decían que él se parecía mucho a alguien que estaban buscando, de inmediato todas las personas que estaban en este transporte empezaron a gritar porque ellos creían que algo malo podría pasar y Jhassy, la niña de ocho años no entendía nada.

Las personas angustiadas gritaban: “no, ese es el profe; es el profe”.

Le pidieron los documentos y dentro de ellos su padre tenía un carnet de ADIDA, Asociación integrada por docentes, lo cual comprobaba que él no era la persona que buscaban.

- “Cuando llegué a la escuela descubrí que si no hubiese sido por esa gente, a mi papá lo hubieran matado, así como dejaron muertos a muchos en la carretera, porque había un jefe guerrillero que estaban buscando, porque esos que tenían las botas de cuero eran paramilitares que estaban buscando a unos guerrilleros y según su versión mi papá se les parecía”.

Entre tantas vivencias también recuerda que a finales del 2003 empezó el fenómeno de toques de queda, ella se encontraba sola con sus hermanos y una nana que les hacía la comida y los despachaba para el colegio, ya que sus padres viajaban frecuentemente para verlos cada puente o cada mes y por los toques de queda no podían salir. Los cajeros estaban en el pueblo y su padre se quedaba mucho tiempo sin dinero para comprar los víveres, debido a esto ellos empezaron a violar los toques de queda; cogían su moto y se iban para no aguantar hambre. Muchas veces intentaban entrar y no los dejaban regresar porque eso constituía una amenaza. 

 

 

Sus padres se presentaron a la Secretaria Departamental de Educación a expresar el problema que había y a dar la explicación del por qué no habían vuelto a sus puestos de trabajo y dijeron que estaban muy preocupados por que varios de sus alumnos aparecían muertos en medio de la carretera, estos presentaron una denuncia a las 8 de la mañana y en menos de lo que esperaban a las 7 de la noche en su casa pusieron un panfleto, Jhassy en ese momento tenía 13 años y en esa época tenía varios pretendientes y cuando vio aquella carta se alegró tanto que esperó a que todos se durmieran para leerla, cuando abrió su carta se dio cuenta que era una amenaza, sus padres se enteran de ello y empiezan a pensar qué hacer con sus hijos y con todos sus planes.  

Sus padres deciden dejarlos con unos tíos para que terminaran el mes escolar. 

- “Desde ese momento nosotros estuvimos de la casa al colegio, no podíamos salir; mis papás tenían mucho miedo de que pasara algo”.

Luego de eso los padres de Jhassy fueron destituidos y estuvieron viviendo con auxilios de la Cruz Roja y de hacer varios mandados, como dice ella. Un 31 de diciembre llamó el abogado a decirle que habían ganado la demandada del departamento y que les iban a pagar todos sus sueldos atrasados y que aparte de eso les iban a dar su traslado a Bello, Antioquia. 

 

 

Ella rescata que durante todo este proceso sus padres siempre mantuvieron la calma, ya que debían empezar de cero.

- “A pesar de que cambió el lugar en el que estoy, no cambiaron mis expectativas de creer que puedo hacer algo por el, espero en algún momento poder ir y recorrer las calles de mi infancia y recorrer las calles de la 10; extraño tanto el campo y su tranquilidad, extraño las noches porque en el cielo se podía ver la gente, es muy raro porque uno miraba al cielo y uno podía ver que en las nubes iba la gente o simplemente levantarme y tomar leche fresca y es triste porque muchas de las personas de aquella época ya ni están, mucha gente está cargada de muchas culpas; extraño mucho Florencia”.

Actualmente Jhassy tiene toda la actitud para seguir viviendo, es economista de la Universidad de Antioquia, especialista en Gerencia de Proyectos y maestrante de Políticas Públicas para el Desarrollo de la Flascso. Se desempeña como coordinadora del programa de grupos étnico que pertenece a la Gerencia de progreso e inclusión social de la Alcaldía de Bello.

 

 

 *Fotografías: cortesía

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