Jueves, 30 Agosto 2018

Fenómenos sociales y de poder en Colombia, como respuesta a la cultura política

“La burguesía revolucionaria tiene que ser capaz de suicidarse como clase para resucitar como trabajadora revolucionaria”. Amílcar Cabral.

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Por: Jhoannes Rivas Mosquera*

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Es necesario desarrollar, el presente Policy Paper en cuestión, para que sirva de catalizador social que elimine las relaciones Feudal- Siervo, Amo- Esclavo y Opresor-Oprimido, ya que esta investigación tiene que ser útil en la subversión del orden social; de forma tal, que las personas que hoy nos encontramos sosteniendo la pirámide social o superestructura, podamos salir victoriosos del estado de ignominia, generado por el mal repartimiento de la riqueza nacional, y el control excesivos de las instituciones del estado en mano de unos pocos, como hegemon imperial-informal, generador del recrudecimiento de desesperanza social, económica y política. Por ello, este es el detonante fundamental, para la justicia social, porque son pocos los dirigentes, líderes políticos o ciudadano, que tienen un psicología revolucionaria de cambio y transformación social; debido a que, el virus de la pasividad, tranquilidad y apatía proveniente de la cultura de súbditos, complejiza el accionar de los coasociados, por el estado de frustración social; limitándolo al acceso de los medios de producción, y obligándolo a recibir el sobrado económico de la riqueza nacional, convirtiendo al ciudadano, en individualista -( resuelve solo sus problemas personales)-, por el grado de cosificación. Abandonando así los fines colectivo, y rezagándolo a la no participación, en las decisiones que van a determinar el destino o rumbo político-administrativo de su país.

Contexto Político, social y económico de Colombia

La vida político administrativa de Colombia, tiene en un grado de anestesia social y de insatisfacción o goce efectivo de derechos a los coasociados, pero su piedra angular o espina dorsal descansa en la tipología económico-estatal que tiene nuestro país, y la cultura política que se reproduce desde el establecimiento como hegemón de dominación a los ciudadanos integrantes de esta gran nación de nacionalidades, entendido el término

nación, con el elemento humano (personas o grupos de personas que componen nuestro país) con sus creencias e identidades. Por tal sentido, los bienes y servicios que se le debe suministrar a los ciudadanos, producto del pacto social para augurar una vida feliz, sana y duradera, también se ven aniquilados por la excesiva acumulación de capital en manos de unos pocos, a costa de la desgracia y miseria de un numero mayúsculos de ciudadanos. Esta realidad económica, política y social que vivimos tira al lastre la responsabilidad ciudadana, y de participación activa de los ciudadanos como arquitectos de cambio y de transformación social, porque entran en una etapa de dependencia y asistencia en términos económicos del estado, para resolver necesidades fundamentales, abortando consigo su autonomía y autodeterminación como sujeto de derecho y obligaciones, convirtiéndose en un verdaderos súbdito del sistema político.

Centralismo Político

Otra falencia que tiene el sistema político colombiano, son las excesivas facultades y poderes conferidos al ejecutivo (Presidente); siendo esta, una razón por la cual pululan en la patria nacional la vulneración flagrante de las libertades públicas, derechos humanos y fundamentales de los conciudadanos, todo esto es lamentable porque nuestro mismo sistema político actualmente acolita estas andanadas o dinámicas ponzoñosas cimentadas en la constitución política, que en su momento histórico recogía las demandas requeridas por los ciudadanos nacionales, para un mejor vivir del país. Pero por el afán desmedido de una minoritaria clase oligarca de llenarse los bolsillos, se ha reversado el sentido social de la carta magna; por ello, estamos en moras de cambiar la constitución de 1991, incluso porque solo se dedica a conferirle innumerables facultades al presidente, pero no contempla medidas para revocarlo, cuando esté incumpliendo con su Plan de Gobierno Nacional que radica en la Registraduria Nacional del Estado Civil, a la hora de aspira a dicha dignidad.

También en nuestra carta se puede avizorar que el poder excesivo se inscribe en la escogencia y/o estructuración de las altas cortes, porque por antonomasia la totalidad del congreso hacen parte de las toldas presidenciales, y precisamente en dicha colectividad recae la responsabilidad de elegir a los magistrados de la Corte Constitucional, Consejo Superior de la Judicatura, el Defensor del Pueblo, el Procurador General de la Nación y el Contralor General de la República; verdaderamente la confección misma del estado colombiano ha retardado que fuerzas renovadoras que tienen como misión fundamental procurar una Justica Social con Dignidad Humana, demoren en triunfar con su proyecto justo de país. Esta situación complejiza que dichas fuerzas asomen los ojos al timón que se encarga de dirigir la república. Incluso si se le es difícil realizarle un control político serio a las huestes del gobierno, por su precario acceso a la información contentiva del nervio nacional, entonces ¿Qué presión se puede ejercer?

En similar forma, si realizamos un análisis detallo de las funciones que realizan cada uno de esos órganos que elige el congreso, no damos cuenta que el estado quedó sellado, frente a cualquier incursión de fuerzas adversas que promuevan un cambio del conservadurismo estatal (statu quo). Aunque en nuestra carta magna nos enseñan que de los órganos anteriormente mencionados, tienen funciones independientes por la tridivisión del poder público, pero en algún momento de inestabilidad sé que el ejecutivo de forma muy sagaz tiene cómo realizar un lobby que propenda por infundir la normalidad nacional.

 

 

Aun al día de hoy, no alcanzo a observar la perspicacia que tuvieron los miembros demócratas y libre pensadores que hicieron parte de la constituyente de 1991, que desemboco en la estructuración de la constitución de 1991, para no dejarse meter ese gato enmuchilado generador de un continuismo de nunca acabar. Pese a que de su labor podemos rescatar las enmiendas constitutivas de los Derechos de Primera Generación (Derechos Fundamentales Personalísimos o inherentes a cada conciudadano), los de Segunda Generación (derechos sociales y económicos) y los de Tercera Generación (Los Derechos Colectivos) generadores de las acciones constitucionales (acción de tutela, acción popular y acción de grupo o de clase) que frente a esta abundante canasta de abusos, son las que nos han permitido salir airoso de los embates presidencialistas.

Pero en términos de facilidad de acceso al poder o de revocatoria del mismo, no se dejó una ventana abierta vía derecho, para desmoronar al ejecutivo, solo nos quedaron dos caminos tortuosos por recorrer, para conquistar el poder; los cuales son: a) Elección Popular (voto); y b) Golpe de Estado, cuando de forma desproporcional siempre el adversario tendrá los aparatos ideológicos del estado (Educación, Familia, Medios de Comunicación, Sistema Jurídico, entre otros); mientras que las fuerzas renovadoras, les toca que enfrentarse a este sistema conservador imperante y reproductor del statu quo.

Es muy difícil desmontar esta superestructura mediante el ejercicio del voto, porque los colombianos no observan en el voto, el medio eficaz para solucionar sus necesidades; debido a que, los directores del capital burgués, han prostituido de forma generalizada el sufragio, haciendo imposible adoptar dicha iniciativa como estrategia; por eso, impera de forma colectiva el antielectoralismo y el abstencionismo. Porque mediante este recorrido milenario solo le ha dejado al pueblo como contraprestación a su labor civilista de contribución nacional, miseria, abandono, desconsuelo y pobreza secular.

 

 

Esta maniobra se ve concretizada en el portafolio de reforma política promovida durante los años 2003 y 2009, donde de forma tácita y elegante se quiere sacar del escenario político a las minorías con el alza del umbral, para poder mantener la personería jurídica y recibir financiación del estado para tal fin organizativo. Tampoco se ha querido abrir la puerta en el congreso de la república, a la discusión que tiene como fin fecundar las garantías plenas para el ejercicio de la Oposición, más allá del Estatuto de Oposición, de manera que, puedan contribuir en la eliminación de los comportamientos amañados del gobierno que tiene un férreo interés en ahondar la crisis de existencia de las fuerzas democráticas y de oposición, que agobian la firmeza abominable del gobierno. Por tal razón, como se hace imposible establecer un arco iris de inclusión política en el cielo estamental, de forma tajante descartaría la elección popular per se, como un fin; ya que es, sólo un medio para orquestar un cambio en la superestructura en Colombia. En términos reales de acceso al poder, tendría que subvertirse en Colombia el orden político del poder, donde el poder popular entienda que en sus manos está la misión de arrebatarle la soberanía política a la oligarquía nacional, porque en él descansa la autonomía y autodeterminación de los pueblos.

En lo tocante a la justicia social que ha de transitar por la dignidad humana de los ciudadanos de la nación, le asiste a las instituciones del Estado garantizarle el goce efectivo de los derechos fundamentales y humanos concedidos al pueblo por diferentes medios o vías constitucionales, acuerdos de paz, tratados y convenios internacionales, paros cívicos, acuerdos y negociaciones colectivas, entre otras, que propendan por eliminar la exclusión, la marginación, el racismo y la discriminación racional de las nacionalidades oprimidas, en pro de edificar un estado donde todos quepamos.

Asimilación de la cultura política

En la práctica, la cultura política en Colombia se expresa en las formas de resolver los conflictos, en la formas de liderazgos apreciados y aceptados, sean líderes demócratas, populistas, caudillos mesiánicos, o dictadores autócratas; la cultura política se hace visible al observar las formas de autoridad con que se ejerce el poder, el clientelismo que se da o no en el manejo de la política, el respeto con que se acata la ley, o la ilegalidad con la que se burla la norma, que algunos consideran erradamente astucia1. La cultura política también se expresa, en la forma en que se asumen o eluden las responsabilidades cívicas, en el uso de la libertad, en la participación o apatía para el análisis de los asuntos públicos o para la toma de decisiones, cuando por ejemplo se tiene la oportunidad de ejercer el derecho al voto2. Ahora bien, el desarrollo de la democracia no se da sin el desarrollo de la participación de los ciudadanos, y esta última, implica su vinculación activa en la toma de decisiones, por lo cual es necesario superar la condición de súbditos y apersonarse de los derechos, deberes y responsabilidades que tenemos como ciudadanos; es necesario sentar un código ético, en donde los principios y directrices, sean el bien común, la búsqueda del bienestar colectivo, incluso aquello que Fernando Savater llama la madurez cívica.

Todo los paradigmas antes mencionado exacerban los problemas sociales que hoy aqueja nuestro país, dentro de ellos podemos mencionar: el problema de tierras o latifundismo, inseguridad alimentaria, analfabetismo, desempleo, conflicto armado interno, estos son entonces la líneas gruesas, pero producto de su desarrollo desmedido sin que el estado lo controle, genera una metástasis de los problemas que golpean frontalmente a nuestro país, desencadenando un bumerán social, porque los coasociados caminan desesperados hacia el enclave de postración social, donde ni la instituciones del estado, como garantes de derechos, estructuran políticas públicas como formas de resolver o aliviar en grado sumo, las demandas de los ciudadanos del estado, ni los coasociados tampoco siente el deseo de exigir Políticas Publicas, toda vez que por estar asimilados y amordazados al sistema político, pierden su facultad de participantes activos en la democracia del estado Colombia.

Lo cierto, si es que un Estado como Colombia, que lo podemos caracterizar, como Capitalista, Semi-Feudal, donde hay un monopolio del capital (Riqueza Nacional), y de la Tierra (latifundismo), en la mano de unos pocos, no va a poder cumplir a ciencia cierta, la filosofía política de Estado Social de Derecho, donde deben primar las personas con sus Derechos Humanos y Fundamentales que le son inherentes; adicional a ello, no dejando de lado que en todo Régimen Político de un estado, se ve reflejado la tipología del mismo en su ejercicio y forma de reproducción, de tal suerte que los aparatos ideológicos de conservación y de dominación del poder político del estado no desaparecerá, porque esa es su razón de ser como geoestratégia de hegemonía.

La educación como factor de emancipación y/o alienación ideológica

Entonces bajo la determinación, que el ser desde su ontología, es cultura, y en su praxis o pragmatismo, es político; porque incluso Aristóteles en su obra “La Política”, lo confirma al considerar al hombre como un animal político que se socializa, así, la política sería una actividad inherente a la naturaleza humana y la ciencia de la organización y conducción de la polis. Por tanto la cultura desde una perspectiva sociológica, de acuerdo al libro “Primitive Culture” de Edward Burnett Taylor, es todo lo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, costumbre, y cualquier otra capacidad o habito adquirido por el hombre como miembro de una sociedad; por tal razón, podemos afirmar que la cultura política, es un proceso de enseñanza educativa del hombre en sociedad, “dentro del proceso educativo la escuela es un poderoso medio de socialización, donde también es un medio de crecimiento democrático…que tiene la capacidad para interiorizar las normas que regulan la vida de la colectividad”. Al mismo tiempo, afirma Emile Durkheim que “el objeto de la educación es la adaptación (…...) al ambiente social en el que está destinado a vivir”; de ahí que el sujeto en la escuela debe llevar a cabo dos procesos básicos; el primero encaminado en la interiorización de todas aquellas imposiciones que la sociedad ha creado y que a su vez le exige; el segundo corresponde a la adaptación donde a través de las ideas, los sentimientos y las prácticas inculcadas por la educación, logra poder asumir las condiciones esenciales para su propia existencia.

 

Conclusión

Finalmente debo de señalar que para subvertir el orden económico, social y político en Colombia, producto de la Cultura Política (statu quo), debemos de eliminar los códigos hegemónicos de conservación del poder políticos a través de la desmitificación de los complejos de inferioridad sembrados en la mentalidad humana, como Estructuras Mentales; para emprender una acción de exigencia nacional generalizada de Dignidad Económica (buen repartimiento de la riqueza nacional), Reforma Agraria (que la tierra, se le dé a quien la trabaje- Pueblos Ancestrales y Campesinos-), que se le dé una Salida Negociada al Conflicto Social y Armado ( Negociación Conflicto Interno). Para que socialmente observemos un control social de los problemas que agudizan las contradicciones de todo tipo, en nuestro país; y lograr controlar, en el ejercicio político que los burócratas clientelares, no se eternicen en el poder.

 

*Abogado Humanista y Cimarrón Epistemológico Master en Ciencia Política y Liderazgo Democrático Activista del Movimiento Social Afrocolombiano Miembro Activo del Observatorio Latino Americano y Caribeño de Políticas Públicas, Sociales y Ambientales para la Población Afrodescendiente Miembro del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales y Afrocolombianas- CEISAFROCOL-

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

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 *Fotografía: cortesía.

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