Jueves, 29 Noviembre 2018

El grito de “Luisita”, la violencia del hombre afrochocoano hacia las mujeres

¿Soluciones locales para problemas globales? , el grito de “Luisita” en Condoto, Chocó; un caso para hablar de la violencia de género.

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Por: Yeison Arcadio Meneses Copete*, con la lectura crítica de Nitonel González Castro

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El pasado 31 de octubre, en el municipio de Condoto (Chocó), una mujer llamada Luz Eneida Mosquera, conocida como “Luisita”, se quitó la vida. Según medios locales y la información que algunas personas compartieron en redes sociales, el detonante de este hecho tuvo que ver con la situación económica precaria que vivía como madre cabeza de hogar con sus 5 hijos menores. 

Indudablemente, el hecho me llama la atención en diferentes perspectivas: las violencias contra las mujeres, que no se reducen a lo físico y lo sicológico. Entiendo también el abandono del hogar y de la crianza por parte del hombre como forma de violencia contra la mujer. De otro lado, me deja muchas preguntas el papel de algunas personas que aprovechan la muerte para hacer señalamientos ligeros contra otros y otras. Unos para enlodar nombres en sus resentimientos, perversiones y limitaciones frente a problemáticas tan complejas, sin ninguna intención de movilizar por una nueva cultura; y otros, para capitalizarlos como votos en las próximas elecciones locales. 

Este hecho también me ha permitido retomar reflexiones publicadas en otros espacios (página web personal y en reflexiones de Facebook) o inéditas en torno a las nuevas masculinidades en el Chocó, la violencia por parte de hombres afro contra sus parejas afro, la crianza colectiva y lo comunitario, el episodio de años pasados de hombres quemados y las reacciones de gran parte de los hombres chocoanos frente al hecho, entre otras.   

Por supuesto, parto de eventualidades locales sin perder de vista que es la globalidad económica y política la que termina ordenando o decretando la vida para algunos/as y la muerte para otros/as. La lamentable pérdida de Luisita es más que un grito que debe ser indagado, escuchado y atendido por la ciudadanía, gobierno local y departamental. 

 

 

La interseccionalidad y la globalidad

 

Las dinámicas económicas y políticas globales han impuesto a lo largo de la historia reciente de la humanidad la necropolítica como forma de organización social y cultural. Esta perspectiva de la vida y la muerte se articula en cada momento en el que las llamadas crisis mundiales emergen. En este sentido, las crisis económicas recientes han detonado una reconfiguración del poder en el que la raza, el género, el sexo, la religión, el origen y la clase siguen siendo utilizados como dispositivos de motivación hacia la destrucción de la humanidad y la vida. Las mujeres afro viven con mayor radicalidad el odio que encierran estos discursos y prácticas. 

De otro lado, el lugar del padre en esta tragedia merece la atención de todos y todas. Hay una evidencia marcada a rastrear del machismo y lo que puede ocasionar en nuestra región: la ausencia violenta de gran parte de los padres en la crianza de los hijos y peor en la permanencia de la estructura familiar. 

Aunque me ocupa la vivencia local, no puedo ignorar que estas problemáticas las he vivido con gran parte de mis estudiantes de secundaria en el municipio de Itagüí, donde estoy vinculado como docente. De hecho, le llamo ausencia violenta porque el deterioro en la mujer, quien asume la desmedida responsabilidad de brindar el afecto, los valores, la comida, la educación, el techo, la crianza, etc, terminan por destruir la humanidad de la misma; sobre todo, cuando te encuentras con: ser mujer, ser mujer negra, ser mujer negra campesina, ser mujer negra campesina pobre, ser mujer negra campesina pobre y desescolarizada. 

 

 

El papel del estado en lo local y regional

 

También se hicieron señalamientos contra la Administración Municipal de Condoto, en el sentido en que hace décadas se vive un detrimento en la calidad de vida de las comunidades condoteñas, producto de la misma lógica capitalista, extractivista, que acaba con las capacidades productivas y precariza las vidas locales; supeditándolas a la producción de grandes riquezas para unos pocos de forma insostenible.

¿Cuándo ha sido diferente? ¿Permaneceremos en este orden de cosas? ¿Cómo desarrollar otras formas posibles de vida en nuestros territorios? Sobre todo, que por motivos de la incapacidad, desconocimiento o desidia de los gobernantes en la era de la bonanza minera, no llevó a construir capacidades otras para la sostenibilidad económica y la continuidad de una vocación productiva desde otras áreas. Por consiguiente, se ha agudizado un “síndrome de desesperanza e imposibilidad” del que poco se han ocupado los gobernantes, que sí, como lo señalaron algunos, de manera descompensada se ha promovido más las construcciones y el cemento. 

En este orden de ideas, en tanto que representantes del Estado, la Administración Municipal, la presente, las pasadas y las venideras, sí tienen un grado de responsabilidad que asumir; pues estos hechos deben llevar a que los Planes de Desarrollo y las políticas públicas multisectoriales que de allí emanen tengan que dar un lugar protagónico en la estructura social a la transformación de la condición de las mujeres y la productividad. De ahí que sea necesario preguntarnos por hasta qué punto el afrochocoano ha naturalizado las practicas esclavistas en las que el esclavizado ejercía solo como reproductor de la economía colonial y semental; sin generar vínculos estables de familiaridad; e igualmente, la idea judeo-cristiana o cristiano-católica contra la mujer afro o negra, desde la cual se le concebía como procreadora, con la diferencia del hombre esclavizado, que ella tenía que preservar la familia. Luego, el rol del hombre afrochocoano como proveedor distante del afecto, la crianza, el cuidado y la consolidación familiar. 

 

 

 El hombre condoteño y chocoano hacia una nueva cultura

En años pasados vivimos algunos episodios en el departamento del Chocó: algunos hombres fueron quemados por sus compañeras sentimentales. Leí comentarios de aplausos y de rechazos (sobre todo por parte de hombres) ante la conducta de las mujeres. Pero, ¿cómo fue posible banalizar una tragedia de unos otros que eran realmente unos nosotros? ¿Por qué estos hechos no generaron reflexiones en torno al tipo de relaciones que como hombres establecemos con las mujeres y nuestros comportamientos en el seno de las familias? ¿Por qué sí se crearon diferentes formas folklóricas del asunto? Y no es un tema de fidelidad o infidelidad lo que trato de compartir en esta nota. Tiene que ver más con la capacidad de destrucción de lo humano que en el plano de lo afectivo podemos desplegar guiados por los vicios que impone la cultura de la vida o de la muerte, brevemente descrita en párrafos anteriores. 

Debemos profundizar en las democracias íntimas como posibilidad para superar las violencias que impone un sistema global y que con tanta facilidad generalmente se incorporan en nuestras vidas.  Entonces, hablo de una toma de conciencia, implica decidir y colocarse, en el sentido en que cada posibilidad de vínculo, en este caso familiar, que destruimos es la imposibilidad de sociedades mucho más sanas, justas, afectivas, igualitarias, comunitarias, educadas, productivas, entre otras. 

 

 

El papel de la ciudadanía? ¿Olvidar?: La crisis de lo social comunitario  

 

Para finalizar, veo con preocupación cómo tendemos a olvidar tan fácilmente. Generamos escándalos en redes sociales, pero cada vez perdemos más la memoria de los hechos y sobre todo le huimos a la dimensión de los mismos. Pasaron los días y nadie volvió a mencionar a “Luisita”; lo cual implica una pregunta por el papel de la ciudadanía, también. ¿Vamos a dedicarnos a provocar escándalos o vamos a asumir con madurez nuestro rol como sujetos constructores de la historia y transformadores de realidades?  De otro lado, me pregunto ¿Qué queda de ese comunitarismo y de la crianza extensa, aunque sobre los hombros de las mujeres, que dieron lugar a mejores personas y comunidades? ¿Qué dificulta construir e implementar ya políticas públicas integrales para la superación de las violencias contra las mujeres y por una nueva cultura del hombre chocoano?

Este episodio debe provocar una movilización interna, en el sentido de la democracia íntima, y una movilización social comunitaria, en aras de construir una nueva historia, particularmente en el hombre chocoano.  

¿Cómo construir desde la familia, la escuela y la sociedad esa nueva cultura? ¿Será que requerimos retomar principios milenarios con los que muchos y muchas fuimos criados como la crianza extensa? Tal vez, Luisita, si hubiese estado rodeada, además, por la solidaridad representada en la mano cambiada; el acompañamiento comunitario en la crianza de sus hijos; si existieran escuelas de artes, deportivas, comunales integrales para niños y niñas, entre otros; hubiese logrado permanecer con vida y mayor ánimo de lucha para sacar adelante su familia.  Sin vacilaciones, esto no implica ninguna justificación de la ausencia violenta del padre de los niños. Si él asume su rol hubiese evitado tal vez este flagelo ¿Qué será de la suerte de estos niños? ¿Estarán recibiendo la ayuda necesaria? ¿Cuántas Luisitas hay en Condoto y el Chocó? ¿Cómo vamos hombres, ciudadanía en general y gobernantes a generar acciones multisectoriales para menguar las Luisitas y el hombre ausente en las familias tradicionales?

 

 

Yeison Arcadio Meneses Copete: Miembro del Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos, CADEAFRO. Magister en Educación de la Unviersidad Pontificia Bolivariana -Sede- Medellín. Doctorante en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos de la Universidad de Perpignan, Francia.  

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

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 *Fotografía: Cortesía.

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