Miércoles, 21 Junio 2017

 El ADN del ritmo

A las comunidades negras se les ha determinado por ciertos estigmas raciales, uno de esos es el ritmo, que poseen –según la sociedad– de forma innata. Existe una frase común: “El ritmo se lleva en la sangre” pero, ¿qué tan cierta es, de dónde surge y por qué se le ha adjudicado a los comunidades afro?

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Por: Mayra Alejandra Bravo

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“(...) Lo traemos incrustado, inyectado, en la sangre tatuado ritmo salvaje de la selva chocoana heredado por maestros mi pana...” Se escucha corear a más de ciento cincuentapersonas en la popular “Chupiza” la letra de la canción “Ritmo violento” de la agrupación afrourbana Chocquibtown. Acá los lunes no infringen temor, la noche es siempre joven, el sabor afrocolombiano se transpira en el ambiente. El cuerpo se mueve involuntario y pide como ofrenda una cerveza helada.

El evento reúne todos los domingos, a los habitantes de Chocó Chiquito, Zona Caribe y el Oasis ubicados en el barrio Moravia de Medellín. Al lado de la quebrada Bermejala –como si fuera el imponente y opulento Atrato– la fiesta se tiñe de un color alegre y el goce llega a su éxtasis cuando los bares “El bodegón” y “La chupiza” apagan los equipos de sonido y dejan escuchar la algarabía que se forma cuando suena el tambor, ¡sí la chirimía llegó! Y como en muchos otros eventos el ritmo “serio” empieza, hombres y mujeres bailan sin pudor, sin pensar en el que dirán.

En las culturas negras el cuerpo habla, el cuerpo comunica, no solamente la voz, sino el contacto de cuerpo con cuerpo, permite una comunicación directa y el medio más básico en la vida cotidiana es el baile.

“Lo primero que uno tiene que saber es que en el proceso del hombre ser consciente de la música, parte de su experiencia corporal, hace conciencia del ritmo fundamentalmente de su propio cuerpo, tiene un pulso, el corazón tiene un latido permanente, tiene un ritmo al caminar y horarios de la vida cotidiana, desde el hombre primitivo, siempre se ha tenido un ritmo. El elemento que da el sentido a la rítmica de la música vienen del pulso del corazón y lo que impulsa al corazón es la sangre, cuando se dice que se lleva el ritmo en la sangre es como si el pulso con que el corazón lleva la sangre a todo el cuerpo le imprime musicalidad a todo lo que hace”, explica el profesor de música de la Universidad de Antioquia y Coordinador del grupo de investigación Valores Musicales Regionales, Alejandro Tobón.

Tobón asegura que cuando se habla de que las culturas africanas son muy rítmicas en su música, se plantea en que llevan el ritmo en la medida en que el cuerpo hace parte integral del compás con el que se hace la música. En las culturas africanas separar música y danza es imposible, las dos son importantes y hacen parte de una sola unidad. Lo que se emite con la voz y el movimiento del cuerpo hacen parte de una sola sinfonía, la sangre lleva un ritmo y el corazón impone un pulso para poder producir la música.

Más allá de lo que dice la música es lo que dice el cuerpo a través de la danza. A diferencia, por ejemplo, de culturas como la paisa marcada por una tradición católica donde se negó el cuerpo, debido a que es pecaminoso. Entre hombre y mujer siempre debía de haber una distancia y el cuerpo se mantenía estático mientras la boca permitía expresar los sentimientos, y se volvió más importante el canto que el baile.

 

“Me considero un mal bailarín y soy afrodescendiente”

 

Ramón Perea es el Coordinador del Centro de Integración afrodescendiente hace 10 años. Afirma que adjudicarle al negro el baile, es un elemento que permite reafirmar los prejuicios raciales, y aunque considera que es verdad que existen ciertas características propias de afrodescendientes, que se relacionan con el baile, la sociedad actualmente desconoce el verdadero significado de la danza afro que según él, es una estrategia de resistencia, de comunicación de procesos de emancipación y liberación. “Yo estoy dentro de ese prototipo de buenos bailarines y no lo soy”, lo afirma seriamente, mirándome a los ojos como quién quiere dejar algo muy claro.

“La construcción genética que tenemos todos corresponde a adaptaciones de clima, la piel negra no es más que una adaptación. El cuerpo del afro se adaptó a un clima, pero también a factores culturales como la vestimenta, que propició una cercanía con la danza más evidente. Por un lado existe la adaptación genética y otra cultural”, infiere el profesor Alejandro Tobón.

Carlos Darwin elaboró su teoría sobre la evolución del hombre donde afirma que muy probablemente África sea la cuna de la humanidad. Lo ha confirmado recientemente la biología molecular con los datos extraídos del ADN. Científicamente los organismos animales de sangre caliente que se desarrollan en climas cálidos y húmedos adquieren una pigmentación negra, melanina. La piel oscura habría sido la condición original del homo sapiens.

Cuando se afirma que el ritmo se tiene en el ADN significa que existe una adaptación desde el clima, la vestimenta, el entorno, actitud, el desarrollo religioso y los comportamientos culturales.

El ritmo es un tiempo armónico en el cual se está trabajando con la música. No necesariamente lo pauta una melodía sino que existe un ritmo interno que desarrolla la persona por el cual da conocer sus ideas. Existe una transmisión de saberes que genera una trasmisión por mímesis, pero no se puede generalizar porque hay personas que deben aprender a manejar su propio ritmo”, así lo explica Rafael Palacio, director de la Corporación de danza afrocontemporánea Sankofa. Él es un coreógrafo y bailarín colombiano dedicado a la exploración de lenguajes de la danza afro tradicional, contemporánea y urbana.

Rafael sale afanado al terminar uno de sus ensayos previos al II Bienal de Danza realizado en Cali, –evento apoyado por la Alcaldía de Santiago de Cali y que reúne a 26 compañías nacionales y 12 internacionales– debe cuadrar asuntos logísticos, yo aprovecho al verlo pasar con pasos aligerados por un pasillo de la Casa Afro, me acerco y le pregunto:

–Para usted, ¿qué significa la frase “el ritmo se lleva en la sangre”?– me mira. Dirige su mirada a otro lado y se ríe de forma irónica.

–Simplificar a las comunidades negras con la frase “el ritmo se lleva en la sangre” es quitarle una decisión– me responde sin hacer algún gesto en su cara.

–¿Por qué?

–No es una frase que se diga inicialmente en las comunidades afro, sino que se le ha adjudicado a las culturas negras. Por lo general me molesta, porque simplifica e invisibiliza la disciplina y el rigor con el que un pueblo quiere trascender y transformar su cultura.

Rafael reconoce que hoy existe una apertura que permite un desarrollo abierto a una mirada del reconocimiento del otro. Medellín acepta que actualmente es un epicentro multicultural y una mezcla de experiencias legadas más experiencias obtenidas.

El movimiento afrocontemporáneo es una filosofía. La escuela Sankofa nace en África en 1975 por la necesidad de hacer una danza contemporánea y actual que partiera desde la raíz afro. Tiene raíces ancestrales relacionadas con factores actuales. Es una entidad privada que hace procesos de formación en convenio con el Ministerio de Cultura, la Alcaldía de Medellín, la Secretaría de Cultura y la Red de Danza. Además hace gestiones internacionales con embajadas que permiten la relación con artistas de distintos países.

 

“De dónde vengo yo, la cosa no es fácil, pero siempre igual sobrevivimos”

 

El barrio Moravia ubicado en la Comuna Cuatro de Medellín, cuenta con aproximadamente 42 hectáreas donde habitan alrededor de 45 mil personas de la cuales la mayoría son afrodescendientes. Allí una de las batallas más recordadas fue la librada entre dos sectores culturales de raza negra. Los del Oasis, principalmente poblaciones afro del atlántico y Urabá, contra los del ‘Chocó Chiquito’, una franja de montaña ocupada por migrantes del Pacífico.

Es común escuchar la afirmación "en el Pacífico es fácil que la población se identifique como afrodescendiente, pero en el Atlántico no”, esto según el profesor Alejandro Tobón se debe a procesos de mestizaje “en las costas pacíficas hay unas raíces africanas más evidentes que en el Caribe, se debe a procesos de mestizaje, el Pacífico Sur de Colombia por cuestiones geográficas se mantuvieron a los esclavos originales separados de procesos de mestizaje, en cambio en el Caribe el contacto con culturas indígenas y blancas fue más directo y esto incidió en que se generaran culturas diferentes, más mestizas en la comida, la música, el baile”.

La diferencia entre origen demográfico ya no es un conflicto en Moravia, más en “la chupiza” se libra una batalla de índole rítmica, los pasos y los movimientos son las armas de grueso calibre, que allí se utilizan para demostrar quién es el que manda en “sabor”.

“El sabor es el estilo, el goce y el disfrute que se tienen al bailar, al cantar, al hablar y comportarse, incluye la forma de vestir e interactuar”, dice el músico José Polo mirándome con incertidumbre e interviene de nuevo: “¿si me entiende?” intuyendo que quizá yo no comprenda a lo que se refiere con la definición que me da, que de pronto sea la única de ese tipo que he escuchado o que quizá yo de “sabor” no entienda.

Carnaval de espuma, maicena, ron y viche. Las mujeres mueven fuertemente sus caderas. Los hombres muestran pasos creativos. Los equipos de sonido de “La chupiza” y “El bodegón” compiten en una carrera por el que suene más fuerte y se mezclan desordenada y homogéneamente con el olor de algunos chorizos al carbón. El orden rítmico lo impone el tambor, que propicia una algarabía de la cual escapar no es una opción. Se escucha gritar “dale, dale volumen, dale, dale volumen” y el baile termina extasiado entre gritos y risas.

“La chupiza” termina a las dos de la mañana pero esta, es solo el preámbulo de la fiesta dominguera. Los más rumberos –todos– se dirigen hacia “El Camawey” cerca de allí, donde el goce se extiende hasta las cuatro de la madrugada. Entre el cansancio y la satisfacción acaba la fiesta pero no muere el ritmo. El corazón sigue latiendo.

 

*Foto: Archivo Revista Vive Afro

 

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