Miércoles, 31 Octubre 2018

Del placer sexual de la mujer negra y el todo prohibido

No se puede hablar de empoderamiento y reivindicación de los derechos sobre la sexualidad femenina, cuando aún el placer físico y la estabilidad emocional de la mujer negra, sigue en pleno siglo XXI supeditado al placer del macho y su nefasta condición emocional.

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Por: Fares Montaño David

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Si bien durante décadas el cuerpo femenino ha sido objeto de estudio y al mismo tiempo objeto de deseo de la ciencia …casualmente a cargo de los “hombres”, no hay forma de pedir reparación en esta nueva era, no tenemos como exigir ser dueñas del sistema reproductor, del placer físico, de los orgasmos y todo lo que nos constituye, no podemos hablar de equidad entre géneros cuando no estamos nosotras a cargo del cuerpo propio, las emociones y todo el placer sexual femenino continua supeditado al deseo del hombre y el cumplimiento de su fantasía sexual, el ejercicio del rol según el deseo del macho y adicional a esto su poca empatía emocional. 

 

En consecuencia, una mujer negra no puede contemplar la posibilidad de empoderamiento cuando desconoce su propia sexualidad, cuando la interacción con el cuerpo está destinada a suplir y satisfacer el ello masculino, cuando se excluye la autonomía, el poder de decisión respecto al cuerpo físico, cuando nos negamos a la autogestión para acceder al propio placer, cuando lo femenino está destinado al consumo del macho y permitimos que todo este amoldado a sus demandas. No es posible hablar de empoderamiento cuando habitamos un cuerpo, unas emociones y una sexualidad con las cuales cohabitamos y nos resultan ajenas. 

Ciertamente la ciencia ha intentado estudiar el cuerpo de la mujer y con todo esto llevamos alrededor de 20 años de atraso frente a los avances que han obtenido los hombres, sumado a que el sistema patriarcal, misógino y religioso ha hecho ver desde hace 20.000 años el cuerpo de nosotras como el conducto para ejercer pecado y por ende el resultado es la condena, el abuso y el castigo. De esta forma la interacción inclusive entre nosotras mismas se ha enviciado a tal punto que somos un objeto místico, raro, desconocido e imposible de entender.

 

 

Atendiendo a las anteriores consideraciones, se hace urgente que en primer lugar las mujeres negras inicien una revolución sexual que nos permita nombrarnos desde el empoderamiento, no sin antes reconocer quienes somos; donde el placer, la estabilidad emocional y la toma de decisiones dependa de sí misma, para ello se requiere reconocer el cuerpo físico que se habita, entender su funcionamiento, conocer el ciclo menstrual, explorar a tacto como se siente el estimulo físico, entender que la finalidad del placer no culmina en el orgasmo, que no solo la manipulación del clítoris es el clímax, que la estabilidad de las emociones no solo depende de las miles de opresiones que experimentamos sino del conocimiento propio, del nombrar la identidad, de cultivar el amor destinado a la persona propia, de decirle al otro o a la otra que debe respetar lo consensuado y lo acordado.  

Segundo, se necesita establecer un ambiente sororo y sin las amenazas creada por el sistema patriarcal donde nos han hecho enemigas para que no sucedan más conversaciones acerca de la sexualidad de nosotras y entre nosotras, establecer lazos de confianza que nos permitan poner en la mesa los sentimientos acerca de como nos sentimos sin que haya lugar a juicios y críticas y donde se pueda hablar de los muchos malestares físicos que nos aquejan desde el descontrol hormonal pasando por el ciclo menstrual hasta el amor por el cuerpo y la estética negra propia. 

 

 

Por último cada mujer negra y que transite por otros géneros, debe reconocer que se hace urgente y necesario dejar saber a la persona que le acompaña su mal desempeño sexual, exigir que en todo acto sexual consensuado el recibir placer también es un derecho y que lo desea, dejarle ver a su compañero o compañera que lo está haciendo mal y le incomoda dicha interacción, que no le gustan las formas usadas, que el orgasmo no es el objetivo principal o si lo es, que necesita o no crear un ambiente para estar en plenitud y satisfecha, y que si no sabe cómo lograr todo esto, entonces que aprenda. 

 

*Fares Montaño David: Líder del proceso organizativo ENNyE, activista, afrofeminista, defensora de derechos humanos - Amnistía Internacional.

 

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

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 *Fotografías: cortesía.
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