Jueves, 30 Agosto 2018

Del miedo a la educación y los gobernantes a pensionar

La educación supone para las sociedades un gran pilar para el logro de bienestar social, buen vivir y ese vivir sabroso que pregonan las comunidades ancestrales.

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Por: Yeison Arcadio Meneses Copete*

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Existe una relación directa entre los sistemas educativos de los países y los avances culturales, políticos, sociales y económicos. La educación comprende la posibilidad de crear capacidades a partir de los saberes, habilidades, sentimientos, motivaciones y sueños que en el día a día la familia, la escuela y la sociedad educadora promueven. En este sentido, la educación deviene no solo en un pilar de progreso o desarrollo, sino en un dispositivo de gran relevancia para radicalizar las democracias en las sociedades en la medida en que llega a cada ciudadano y ciudadana potenciando su capacidad creativa, imaginativa y desarrollando el pensamiento crítico. 

De esta manera, la ciudadanía se asume como tal y cada persona se compromete con su rol histórico como sujeto en la medida en que emprende la reflexión-acción sobre las tareas de su tiempo. En este caso, no las tareas que impone una sociedad marcada por la verticalidad, el individualismo, el consumismo y la acumulación; sino que este sujeto o sujeta de/construye y desentraña por sí mismo o misma los dilemas, las problemáticas, las urgencias, las proyecciones, las soluciones y las oportunidades para tomar una postura frente a la vida misma. En breve, el sujeto construye su subjetividad política, cultural e histórica. 

Sin embargo, aunque estas premisas pueden ser rastreadas en centenares de textos, informes y documentos desde la antigüedad, aún permanecen distantes de ser acogidas con complejidad y decisión por la mayor parte de los gobernantes que hemos tenido a lo largo de la historia del país. Son muy pocas las excepciones que la sociedad colombiana ha tenido en las cuales la educación sea establecida no como un discurso de campaña y de buena imagen del mandatario; sino esta ocupe discursiva y presupuestalmente el lugar de la columna vertebral de las políticas desarrolladas por los gobiernos.

Es necesario advertir, también, que la educación representa todo lo anterior o se convierte en la mala-educación, dispositivo de sumisión; el ejercicio de mal educar, gran reto adicional de nuestra sociedad. 

Aún los saberes se perciben desde la normalización, la competencia, el disciplinamiento, lo depositario y lo bancario, completamente contrario a la co-construcción, la cotidianidad, la pertinencia contextual, la complejización, la pluralidad de los saberes, la emoción, la imaginación, la dialogicidad, la potencia de lo diferencial y la creatividad. En ocasiones la educación desde sus prácticas, relaciones y discursos aleja a la persona de la comunidad. En otros contextos he expresado que la educación des/forma para que los sujetos vayan del barrio.

A lo largo de la historia, Colombia ha sido gobernada por partidos, movimientos políticos y personas ligadas a diferentes procesos de corrupción, concentración de poder, abuso de poder, radicalización de la marginalización, neocolonizaciones, racializaciones, violencias, entre otros, que hasta hoy se mantienen como constantes, sin cambios poco significativos. Después de instaurar las elecciones de gobernantes, cada  4 años se repiten las mismas promesas, al final los pueblos permanecen  desesperanzados, generalmente tristes ante el incumplimiento y pocas veces indignados ante los malos-gobiernos. Decía el gran líder afroestadounidense Malcolm X que solo la indignación ayuda a transformar las cosas. 

En este contexto, solo por mostrar un ejemplo, la educación se ha transformado tanto como los conflictos y las desigualdades sociales. A punta de paños de agua tibia hemos pasado toda la vida republicana con poco republicanismo, sin gobiernos decididos a enfrentar la injusticia social y sobre todo comprometidos con la superación de la ignorancia académica. Los aplazamientos de las reformas fundamentales para garantizar bienestar social a todos y todas de forma igualitaria y diferencializada han sido continuos. El proceso ha sido lento y las transformaciones poco significativas, conforme a los deseos de una “élite” para mantenerse en el poder. Como lo he anotado al principio, las garantías de una educación pertinente, universal y en todos los niveles, provocaría un nivel notorio de humanización, dignificación y dinamización del pensamiento para la construcción de nuevas realidades sociales. Un medio para conquistar la ciudadanía.

 

 

En los albores de la república cuando se propendió por la “inclusión” de los pueblos indígenas, afrocolombianos y mestizos empobrecidos en la sociedad y particularmente en el sistema educativo solo para hacerlos funcionales a sus propósitos. De ahí que la evangelización haya sido de las primeras estrategias para desterrar y desterrar de sí a estas comunidades a quienes les había sido negada su humanidad.  Por tanto, desde antes de la colonia y posteriormente se emprendió una fuerte lucha por borrar  la memoria histórica de los pueblos y hasta la actualidad pervive la resistencia.  Acompañados de una larga tradición pseudo-intelectual y religioso crearon todo tipo de argumentos para deshumanizar e instaurar la exclusión, el sexismo, el racismo y la discriminación racial cordial. 

La élite ha comprendido que la historización sana, indigna y que es necesaria para  construcción de una identidad individual y colectiva, por ello hay un miedo a la historia en el sistema educativo y se ha prescindido de ella desintegrando su relevancia. 

El 7 de agosto se posesionó el nuevo presidente de Colombia, Iván Duque.  Curiosamente, el miedo a la educación se sigue imponiendo.  Como el experto Julián de Zubiría lo ha manifestado en varias oportunidades, la propuesta presidencial menos comprometida con la educación de los colombianos fue la del gobierno recientemente instalado. 

En los debates de la primera vuelta dos candidatos se destacaron por propuestas significativas en materia de educación, Gustavo Petro y Sergio Fajardo. Una vez el tema de la educación toma fuerza en la ciudadanía los demás candidatos inician discursivamente a darle lugar.  El candidato Iván Duque, en ese entonces, habló hasta de educación universitaria virtual para las comunidades rurales y los estratos bajos, en un país con grandes brechas digitales y sobre todo necesitado de educación de calidad, universal y pública. ¿Podría la educación virtual ayudar a estas comunidades a desarrollar sus capacidades e insertarse en el mundo actual en aras de bienestar; sobre todo comprendiendo y aprovechando las potencialidades de sus territorios envestidos por políticas extractivistas impuesta por estos mismos grupos políticos?

Finalmente, es innegable que las elecciones presidenciales recientes, como nunca antes, y pasadas han estado fundamentadas en remover las emociones, el engaño y utilizar la ignorancia de gran parte de la población colombiana con fines politiqueros electorales. Ejemplos de ello, la promoción mediática del odio y la violencia, el bloqueo e instrumentalización del proceso de paz con las FARC-EP, el castrochavismo, las expropiaciones, la actriz porno presentada como hija negada, los comentarios de  cierre de empresas, los comentarios de cierres de iglesias, el empobrecimiento, la venezolanización, los zapatos ferragamo, entre otros. 

Me pregunto ¿Por qué esta contralógica no triunfó en México y en Brasil se habla más de la no colombianización? Otra forma de corrupción, a mi modo de ver igual que la compra de votos denunciadas por el Fiscal (que al final no generaron ningún impacto significativo en los políticos implicados, incluidos el mismo presidente electo), que parece hasta el momento no indignar sino a una parte de la sociedad. Pues, siempre y cuando algo sea funcional a quienes ostentan el poder esto no será problemático y menos catalogado como delito electoral. 

El descarte de la educación, la memoria y la historización como política central de la sociedad se hacen necesario para estos grupos políticos que representa el actual presidente. Los resultados de las encuestas presidenciales de universidades públicas y privadas evidencian que si se universaliza y cualifica la educación superior en Colombia, se generaría en corto plazo una transformación sustantiva de la política y de los políticos que gobiernan el país.  Mientras Gustavo Petro y Sergio Fajardo se ubicaban en el 38.2 y 35.8%, el actual presidente quien representa la tradición del poder político y económico colombiano, se ubicaba en el  5.5%.  No ganó en ninguna universidad del país.

Por consiguiente, por el bien de Colombia deseo sorprenda a los colombianos pero personalmente no me hago ilusiones; porque es una tradición bastante instaurada en el sistema de nuestro país. Y como se pudo notar en su discurso de posesión, los problemas fundamentales del país no ocuparon lugar, menos las grandes transformaciones que requiere nuestro sistema educativo. Si gana la educación, que deseo sea pronto, ganaríamos muy probablemente muchas batallas flagelos que nos han acompañado y sostenido la clase dirigente desde los inicios de la república: corrupción, violencia, injusticia social y concentración. He aquí una breve descripción del miedo a la educación por parte de una clase política que la sociedad colombiana debe pensionar. 

 

*Yeison Arcadio Meneses Copete: estudiante de Doctorado en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos. Docente de la Básica Secundaria y Educación Superior. Investigador del Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos, CADEAFRO; Investigador del Grupo de Investigación en Educación y Diversidad Internacional, EDI; Universidad de Antioquia – Colombia; y Doctorant du Groupe de Recherche et d'Études sur les Noir-e-s d'Amérique Latine, GRENAL.

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

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 *Fotografía: cortesía.

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