Miércoles, 04 Septiembre 2019

Americanah o la apropiación cultural del lector

Americanah es una novela de narrativa sencilla y de lenguaje fácil de digerir, que no nos intimide la gran cantidad de hojas que lo componen, está escrito de forma entretenida que facilita la lectura amena y rápida.

Por: María Nébura*

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Americanah

Chimamanda Gnozi Adichie

Editorial Random House

2014

Premios: The New Vanguard (2018)

 

La valía de esta novela quizás no esté en sus recursos narrativos, sino en su contenido y argumento, en su osadía a ser denuncia racial. Es una novela sobre el amor: el amor a la propia africanía, y lo desarrolla a través de postura respecto al cabello afro, la forma en que ubica la comida como hilo casi invisible, pero a la vez como designio de los acontecimientos, la candidatura de Obama, la denuncia racial y por supuesto, la parte romántica del amante y todo esto sin caer en empalagos.

 

 

 

La protagonista es Ifemelu, una bloguera que se hace famosa registrando en su blog los racismos diarios que observa desde su mirada de negra no estadounidense. Es una novela dura porque denuncia, sin velos, sin metáforas y sin temor a herir susceptibilidades, la contemporaneidad racial. La denuncia es amplia, no sólo va dirigida al racismo del Blanco, también al prejuicio del Afro, prejuicios a los que desde la mirada superficial suele llamársele “racismo entre Negros”. El prejuicio se denota cuando los personajes entran en escenas donde se marcan las diferencias entre negros que llegan a Inglaterra o Estados Unidos y ya tienen pasaporte y los que no. Entre el Negro caribeño, el jamaiquino y el igbo al que no se le alquila piso en Lagos. Entre el Negro africano exóticamente puro y el de Estados Unidos como descendiente de esclavos. La autora denuncia, pero se ha cuidado de marcar la diferencia: el racismo no puede darse entre negros; sólo el prejuicio dadas las historias que les han dividido como poblaciones humanas.

 

Hay una escena que he tomado como eje y da inicio al resto de esta reseña, va de la apropiación cultural que hacen los Blancos de lo afrodescendiente. En ella Ifemelu está en la peluquería en un barrio afro a donde llega una chica blanca que quiere hacerse las trenzas. La chica es dibujada como la típica blanca; el personaje de forma jovial habla de literatura africana que ha tomado como preparación para su próximo viaje a África y de cómo ésta la ha conmovido. Ifemelu responde de forma un poco cruda al comentario de la chica llanca y esta, sin perder su postura jovial la mira con condescendencia y la toma por resentida. Ya saben qué clase de blanca; esa clase de persona que pretende salvar a África con una canción alegre.

 

En esa escena asistimos a uno de los ejes de Americanah: la queja por una literatura real de África no condescendiente con el público blanco, queja a la que la misma novela responde en sí misma. Para Ifemelu no hay literatura actual africana que haga denuncia, sólo rozan la problemática racial para no incomodar a los lectores blancos, o metafóricas para que no sean tan evidentes, ahí pensé en las novelas de Toni Morrison; estas siendo intensamente de denunciación, no son su denuncia tan directa con las estructuras sociales actuales

 

Allí tuve que preguntarme ¿Hasta qué punto yo misma estoy reflejada en el personaje de la chica que lee literatura africana para entender África? Sería muy fácil decir que no me compete porque no soy blanca, ni estadounidense, ni mucho menos tengo el dinero suficiente para irme de vacaciones a otro continente y salvarlo con una canción. Pero tampoco soy negra, ni siquiera afrodescendiente (eso me han afirmado). Aun así, es importante la pregunta ¿hasta qué punto mi amor por la literatura me hace apropiarme de elementos culturales hallados en los libros? 

 

Atreverse a escribir una reseña sobre Americanah, cuando se tiene en cuenta la propia condición racial, es atemorizante, se pregunta todo el tiempo si va a molestar a alguien, si estará cayendo en aquello que crítica o si será más importante hacer la discusión sobre el libro que el fenotipo de quien escribe. 

 

Considero que la literatura además de ser un asunto cultural, debe ser un asunto personal, íntimo que conlleve a hacerse preguntas por la propia existencia y la posición en el mundo ¿no es acaso a eso que nos incita esta misma novela?

 

Americanah no es un libro para enterarse intelectualmente de algunas condiciones de vida de los afrodescendientes. Es un texto para meterse en él y que se meta en uno, que pone sobre la mesa la condición de raza y cómo reaccionamos ante ella, me parece que lo menos que puedo hacer ante este trabajo es poner en práctica la incitación de la autora.

 

¿Cuáles son los lineamientos para intervenir sobre la literatura sin caer en la apropiación cultural? ¿El hecho de retomar para el cuerpo propio términos que encontró en los libros de otra cultura es apropiación? ¿Hasta qué punto no es esa misma apropiación lo que busca quien escribe? 

 

Con la literatura, me temo siempre va a pasar esto de la apropiación, puesto que es ella una forma de encontrarse en el otro para responder preguntas sobre la propia existencia. La misma Chimamanda lo denunciaba en su texto “El peligro de la historia única”, cuando narra ese deseo por las manzanas, deseo que sin darse cuenta tomó de la literatura en su niñez, ¿si entonces Chimamanda escribiera sobre pai de manzana sería apropiación cultural porque como lo dice ella, creció fue entre mangos? Pero lo que entiendo por apropiación cultural indica que quien lo hace pertenece a un grupo de poder por sobre el grupo de quien toma el elemento a apropiarse, lo vacía de su significado originario y obtiene una ganancia económica de éste. Siendo así Adichie no podría apropiarse de la manzana por más que escribiera toda una enciclopedia de las manzanas. 

 

Los lectores solemos sumergirnos en la historia, las palabras nos asaltan y se convierten en lugares reales, donde dejamos de asistir a la narración de un suceso para convertirnos en el protagonista mismo, me temo que entonces seguiremos apropiándonos, aún sin darnos cuenta, de los elementos que allí hallemos, por eso crecemos convencidos que amamos el pai de manzana, aunque nunca hayamos tenido acceso económico ni social para probarlo.

 

Audre Lorde en una conferencia incluida en la compilación de ensayos sobre esta puente mi espalda exigía la inclusión de las feministas negras en el “feminismo” y afirmaba que las blancas ya habían tenido tiempo suficiente para aprender sobre los feminismos negros. Yo cada vez que leo a feministas negras me pregunto ¿hasta dónde es correcto que yo lea, opine y genere preguntas? Es decir ¿De qué manera una mestiza debe aprender del cómo la raza atraviesa el feminismo y ponerlo sobre la mesa sin que llegue a ser una apropiación que no le corresponde? 

 

Americanah es pues una incitación a la reflexión, independientemente de la raza o sensación de falta de raza del lector, nos conlleva a preguntarnos por nuestra propia posición dentro del mundo en relación a lo Afro, reflexiones en torno a lo que sucede cuando Ifemelu al llegar a Estados Unidos se convierte en Negra y al regresar a Lagos deja de serlo.

 

Acerca de la autora

Mi nombre es María Nêbura; María como sustantivo común del verbo Mujer, mi apellido Nêbura significa relato en idioma embera, y mi alma es la tambora donde confluyen lo indígena y lo afro. Soy antropóloga, lectora y escritora. Me dedico a la asesoría en la elaboración de textos y su corrección. Encuentra algunos de mis textos en mi sitio web https://tintanebura.wordpress.com/   

 

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 *Fotografías: Cortesía

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