Domingo, 16 Agosto 2020

Una princesa negra, en un mundo de ideales blancos

En un mundo de ideales blancos, una sirenita negra, una miss universo negra y todas aquellas mujeres en estos espacios, son importantes porque nos amplían la perspectiva respecto a las representaciones que existen.

 

Por: Teresa Asprilla Soto*
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“Mientras crecíamos, enfrentábamos el colorismo, el racismo... Así que para mí, poder estar hoy acá, coronada como Miss Universo, con mi cabello luciendo como es, y mi color de piel, es algo realmente mágico. Y espero que esto impacte a cada niño que está creciendo en la forma en la que yo lo hice, a los que les dijeron que no eran hermosos. Esto no es solamente sobre la belleza, es también sobre romper barreras y hacer cosas que siempre te dijeron que nunca podrías hacer…”

Palabras de Zozibini Tunzi, Miss Universo 2019-2020

 

Hace algunos meses salió la noticia de que Disney, en su afanoso proyecto de seguir generando dividendos de sus famosos clásicos, iba a sacar en “live action” la producción de la reconocida película de 1989 “La Sirenita”. La cuestión se salió de todo control, cuando el gigante del entretenimiento para niños mostró el casting que compondría la nueva película, y, ¡Oh, sorpresa! Ariel, la protagonista, sería representada por una actriz negra.

 

Halle Bailey, una talentosa cantante estadounidense, se quedó con el papel luego de que Disney la catalogara como: “… esa rara combinación de espíritu, corazón, juventud e inocencia, además de una voz de gloriosa, todas ellas cualidades necesarias para desempeñar este papel icónico”, cosa que, al parecer, no es suficiente porque su apariencia le resta al no parecerse físicamente al personaje de la cinta animada de hace 30 años.

 

¿Por qué estoy hablando de esto, para hablar de una princesa negra? Porque vi toda clase de comentarios, algunos subidos de violencia, contra lo que llamaron “un absurdo”. Yo consideré en ese momento, y sigo considerando, que este tipo de escenarios de representación son válidos toda vez que existen, y que deberían ser diversos en la medida de lo posible. Más allá de los estereotipos, las mujeres negras existimos y hacemos cosas increíbles que merecen ser contadas.

 

Ojalá que cuando yo hubiera sido una niña, hubiese tenido la oportunidad de verme reflejada en una princesa que fuera negra, así como lo era yo. Y quiero ilustrar este punto con una anécdota que, recordándola bien, fue en extremo dolorosa para mi yo de siete años.

 

Yo vivía entre mis primos maternos, todos ellos mestizos, alguno que otro más oscuro (por aquello de las mezclas raciales) y todos ellos con una clara marcación de su ascendencia blanca e indígena. Siendo yo la más negra en esa escala de valor, con el cabello afro, “malo”, como le decían…

 

Ese día, replicando lo que veíamos en la televisión, nos pusimos a jugar a las princesas, luego de ver ese capítulo de los “Cuentos de los hermanos Grimm”, aquella famosa animación japonesa que entretenía nuestras mañanas de sábado. Recreábamos un cuento llamado “Rosa Blanca y Rosa Roja” (nombres de las dos princesas protagonistas), cuando en esas, una de mis primas dice: “Yo soy Rosa Blanca, Sara* es Rosa Roja… y tú eres… Rosa Marchita…” 

 

La sensación de incomodidad me traspasó el cuerpo, aunque no sé hasta qué punto fue evidente. Y sé que en el noble corazón de mi primita, de siete años al igual que yo, nunca existió la maldad. La cuestión de fondo es que, a falta de referentes, la imaginación de ella, a sus cortos 7 años, le hizo emitir un concepto sobre mi personaje principesco, basado en un estereotipo racista.

 

En un mundo colmado de ideales de belleza, bondad y ascenso social, basado en ideales blanco- eurocentrados, el mío es el relato de miles que crecimos sin vernos en las pantallas de televisión, sin vernos en los cuentos de hadas, sin vernos en los espacios públicos, a no ser que estuviéramos alimentando los estereotipos racistas, como en el caso de la famosa “Blanquita”, imagen por años de Clorox, pero esa es otra discusión.

 

Habiendo vivido varios procesos en escenarios de belleza (modelaje y algunos reinados) podría asegurarles que esta falta de representación es un arma de doble filo: por un lado, se mantienen y refuerzan los estereotipos hipersexualizados de los cuerpos negros femeninos, y por el otro, hay un evidente rechazo contra el hecho de una propuesta de belleza salida del canon de lo comercialmente celebrado como “bello”.

 

Por eso aplaudí a Halle Bailey cuando consiguió el papel, porque, más allá del papel de Disney y sus aspiraciones comerciales creadas a raíz de la polémica, el día de mañana cuando tenga una hija, ésta no crecerá creyendo que no existen otras como ella. Porque el día de mañana, ella ya no será la “Rosa Marchita”…

 

Contar la historia de la negritud, es mirar más allá de nuestros sufrimientos y de la esclavización de nuestros ancestros. Es entender que hay mucho más, y que mucho más es lo que aún toca hacer para lograr el sano reconocimiento y el valor que merecen nuestros aportes.

 

La princesa negra, la Miss Universo negra, las doctoras, ingenieras, abogadas y políticas negras, son todas bienvenidas para lograr desmontar ese sistema de pensamiento en el que si no eres puta, eres bruja o bailarina; en el mejor de los casos, simplemente por ser una mujer negra…

 

Yo aspiro a que, el día de mañana, el mundo abrace y entienda su diversidad. Y la princesa negra, en un mundo de ideales blancos, es solo el principio…

 

*Nombre cambiado para proteger la identidad de las personas relacionadas en este escrito.

 

 

Para más información:

https://www.telemundo.com/shows/miss-universo-2019/zozibini-tunzi-miss-universo-2019-rompe-barreras-y-estereotipos-de-belleza-tmna3618772?image=9275756

Fotografía: Miss Universe Org.

 

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