Miércoles, 15 Abril 2020

¡Reminiscencia!

"Nuestra cultura es invaluable es aquello que nos da vida e identidad, por ende debemos preservarla ya que la misma es nuestra carta de presentación". Fredinson Salas

 

Por: Fredinson Salas Restrepo

Estudiante de derecho - Universidad Luis Amigó

 

Para empezar a hablar del valor de las expresiones culturales del Pacífico creo que es pertinente utilizar un concepto de la antropología, sobre extrañamiento, el cual se define como una unidad contradictoria: al ser, al mismo tiempo, aproximación y distanciamiento. Es como estar delante de un sistema de signos –vivirlo relacionándose primeramente con sus significantes, pero sin comprender del todo sus significados (Ribeiro,1989).

 

Así como se define el extrañamiento, es mi experiencia con la valoración de la cultura chocoana, nostalgia siento al recordar y evoco con tristeza mi infancia en mi natal Riosucio, en donde escuchaba muchos ritmos musicales del Pacífico como Chirimía, el Abozao, el Tamborito, el Currulao, la Polca y la Contradanza; pero además de estos ritmos también existe una fuerte influencia del caribe, debido a la cercanía de mi pueblo con Turbo, municipio perteneciente al subregión del Urabá Antiquioqueño que se encuentra bañado por el Golfo de Urabá de dónde vienen ritmos como lo es el Bullerengue, el Mapalé, la Cumbia, el Porro, el Reggae y la Champeta.

 

Toda esta conexión y ritmos llegaron a esa zona debido a la relación comercial de mi pueblo y Turbo con Cartagena, donde a través de lanchas de madera mis ancestros se transportaban hasta este destino en un viaje de aproximadamente dos días, que en ocasiones también tenían rumbo a San Blas (Panamá), generalmente el resultado de estos viajen eran canjes o trueques. Todos los ritmos musicales anteriormente mencionados se mezclan y forma una sola estructura cultural la cual es la del Darién Chocoano.

 

Además de la riqueza y variedad musical, cada uno de los pueblos del Chocó tiene una fuerte tradición católica como resultado de la época colonial y producto del mestizaje, por lo cual los pueblos cuentan con una devoción hacia un santo que es un símbolo de fe, paz, resiliencia, esperanza y resistencia ante tantas adversidades que han sufrido los pueblos chocoanos por el flagelo de la violencia, el abandono estatal y el racismo estructural.

 

Es por ello que año tras año se realizan las fiestas patronales, en agradecimiento al santo por la protección del pueblo y como pago por los favores recibidos a sus habitantes, siendo las fiestas el escenario adecuado para generar un momento de encuentro, que representa la unión de todos los pobladores y aquel que se encuentra lejos o que ha migrado a las grandes ciudades por diversos motivos (como puede ser una desigualdad educativa o la falta de oportunidades) y retorna a nuestros municipios para gozar de un ambiente de festividad, acercamiento espiritual y conexión con el territorio.

 

En esa misma medida las fiestas son una forma de seguir preservando algunas tradiciones culturales debido a que en el tiempo de realización se recuerda toda la herencia cultural que dejaron nuestros ancestros, sumado a ello es la forma como los jóvenes se integran con algunos aspectos de la cultura y sus dinámicas.

 

Pero la riqueza nuestra no termina ahí, debido a que contamos con una forma particular de despedir a nuestros seres queridos que es única y excepcional, que puede ser descrita por el poema Recuérdame de David Harkins:


“Puedes llorar porque se ha ido, o puedes sonreír porque ha vivido
Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva o puedes abrirlos
Y ver todo lo que ha dejado; tu corazón puede estar vacío porqué no
Lo puedes ver, o puede estar lleno del amor que compartiste.
Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes
Hacer lo que a ella le gustaría:
Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir” (Harkins,1990).

 

A pesar de que el poema no sea chocoano, describe una relación estrecha de cómo se vive el proceso de la muerte para nosotros. Lo que se describe a continuación es algo característico de nuestros pueblos, porque tanto el nacimiento como la muerte son momentos de celebración y encuentro, debido a que cuando naces todo el pueblo te está esperando y asume la responsabilidad de orientar y corregir tu camino a medida que vas creciendo; es por ello que todos tus conocidos pueden imponerte un castigo si cometes una travesura, todo esto proviene de una tradición de Costa de Marfil que todavía conservamos. 

 

En esa misma línea cuando mueres todo el pueblo en solidaridad y muestra de la unidad, te acompaña para darte el último adiós, todo empieza con un velorio que es de 2 a 3 noches con cuerpo presente donde se cantan alabaos, se realizan oraciones, se llevan a cabo juegos como Dominó y Rumi, los mayores cuenta historias y viejas anécdotas de como anteriormente se vivía. Acto seguido se realiza el entierro, el cual es muy curioso, ya que este va acompañado de una Chirimía, patrimonio cultural de nuestro departamento y nueve días después se realizan las últimas, en la cual se llevan a cabo las mismas actividades del velorio pero cuerpo ausente y con este se cierra la despedida de nuestros hermanos. (Ver: 'La Ancestralidad Afro, entre la Espiritualidad y la Tradición Oral')

 

Para finalizar, nuestras expresiones culturales descritas durante el desarrollo de este texto, solo las comprendí y empecé vivir en mi llegada a Medellín. Recuerdo que cuando me dirigía a la universidad mis mañanas siempre eran acompañadas con esa música que la siento tan mía, en los momentos difíciles a mi adaptación en la ciudad, el mejor remedio era recordar que cada una de esas vivencias permanecen en mí como un recuerdo sagrado. Antes de mi llegada a Medellín nunca había tenido tanto orgullo por mis raíces y mi cultura como hoy, porque realmente cuando sales del territorio es que te das cuenta que solo “el bien es conocido cuando es perdido o nos alejamos de el”, nuestra cultura es invaluable es aquello que nos da vida e identidad, por ende debemos preservarla ya que la misma es nuestra carta de presentación.

 

Producto de esta reflexión, les dejo una frase que construí para este momento: “Me apropio de mis raíces y transformo mi realidad”.

 

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografías: Cortesía

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