Miércoles, 03 Junio 2020

Racismo: un monstruo que acecha

La esclavitud fue una cruel transgresión a la vida de las personas negras que la vivieron y la fuente de la discriminación racial, xenofobia e intolerancia, que continúan perpetuándose en el tiempo y generando factores que incrementan las desigualdades sociales y económicas en gran parte del mundo.

Por: Ginna Litceth Ramos Castillo 

Tumaqueña y Abogada Orgullosamente Afrodescendiente

 

Por eso hoy, no se puede hablar de racismo sin deslindarnos de la esclavitud que millones de personas negras sufrieron para vergüenza de la humanidad. Allí empezó todo, cuando personajes de la historia dejaron de ser racionales para convertirse en pérfidos individuos con sed y hambre de dinero y poder, alimentándose del dolor y de la angustia de quienes sufrieron esos vejámenes y tratos inhumanos, expuestos a trabajos forzados y, además, vendidos como mercancía. (Ver: 'En Colombia también tenemos nuestros propios George Floyd')

 

En algún momento de nuestra vida, hemos escuchado hablar sobre racismo, una especie de monstruo que ataca sin piedad, destruyendo la dignidad de los seres humanos que lo enfrentamos y lo soportamos. Parece que el racismo es un mal que no tiene final, pues en el transcurrir de la historia, los hechos demuestran que siempre ha estado ahí vigilante, atento, acechando su próxima víctima.

 

Las manifestaciones de discriminación racial y xenofobia que muchos jóvenes, niños, niñas, adolescentes mujeres y hombres negros enfrentamos hoy, unidos a la pobreza, la marginalidad, la falta de oportunidades laborales, la escasez de colegios y establecimientos educativos adecuados, la carencia de los recursos básicos en los territorios afros, la exclusión social y el olvido que los gobiernos de turno tienen para nuestros territorios afro, dejan ver que el racismo sigue latente, ya no con trabajos forzados e inhumanos, pero sí con la indiferencia e insensatez, que para este caso es peor.

 

Queda mucho camino que recorrer para lograr una sociedad libre de toda clase de racismo. Todavía las mujeres negras del mundo tenemos que luchar por nuestros derechos; si ya, de por sí, es difícil ser mujer en este mundo, imagínate cuando eres mujer negra, son dos mezclas letales, estamos en continua amenaza por quienes juegan a la “supremacía blanca”. Las mujeres negras sufrimos otro tipo de discriminación en el ámbito laboral, sobre todo cuando en las entrevistas de trabajo, no nos permiten llevar nuestro cabello afro natural, partiendo del supuesto de que esa presentación es informal y poco profesional. Intuimos que quieren cambiar nuestra forma de vestir, de caminar, de hablar y que quieren negar nuestra esencia afro. (Ver: '¡Negra, pero bonita!')

 

Ahora bien, no todo es malo, existen leyes que pretenden protegernos de ese monstruo destructor del amor y la empatía. Podemos denunciar cualquier caso de racismo en contra nuestra. Sin embargo, pese a estas medidas, son muchos los casos que no tienen respuestas efectivas y quedan en silencio, pues hemos aprendido a convivir con ese racismo que pareciera no tener solución. Existe desconfianza en el sistema judicial y esto hace que muchos no denunciemos porque las instituciones encargadas no han ejercido consistentemente su función protectora y además, no realizan jornadas para sensibilizar y/o prevenir este mal que nos azota. (Ver: 'Las vidas negras importan')

 

Las buenas intenciones fallan cuando los padres en los hogares no enseñan a sus hijos el respeto; fallan cuando las oportunidades laborales para las personas negras son mínimas y casi inexistentes; fallan cuando no se puede acceder a la educación superior sin someterse a quedar endeudados por prestamos exorbitantes e impagables; fallan cuando el estado no garantiza el mínimo vital a nuestros territorios afro; fallan cuando en las escuelas y colegios no se enseña el respeto a las diferencias.

 

Me gusta pensar que nadie nace malo u odiando a otros seres humanos. Todos nacemos buenos, los niños no tienen el alma mala; sin embargo, nos movemos y crecemos en un universo de egoísmos e indiferencias, que poco a poco irrumpen en nuestras vidas, hasta permearnos de la indolencia de quienes se mueven en nuestro entorno y eso nos cambia radicalmente nuestras interpretaciones de la vida y la convivencia.

 

Las personas negras en el mundo soportamos a diario el racismo, un racismo invisible que no muestran los periódicos ni tampoco los organismos estatales, pero es evidente, que es un hecho preponderante en nuestras vidas y nos ha tocado aprender a sobrellevarlo y a convivir con él; dicho de otra manera, hemos aprendido a “dormir con el enemigo”

 

Debemos realizar un doble esfuerzo para todo. Recuerdo una conversación mientras almorzábamos en casa y mi padre nos contaba que cuando él era niño, mi abuela le decía “Eres negro y por tanto tienes que ser el mejor, el mejor en el colegio, en el trabajo y el mejor en lo que te desenvuelvas en la vida”. Claro, sus palabras fueron poderosas porque también papá nos la transmitió a mis hermanos y a mí, y aunque éramos demasiado pequeños para entender porqué teníamos que ser mejores, por el hecho de ser negros, ahora por fin logramos entender el significado de esa oralidad que se ha difundido de generación en generación.

 

A diario sufrimos situaciones discriminatorias, insultos racistas, nos miran con desconfianza, si nos ven correr es porque seguramente huimos por haber robado algo. En la calle, algunas personas se cambian de acera para no pasar por nuestro lado y aprietan sus bolsos con fuerza apenas ven a una persona negra, porque presumen que seguramente vamos a robarlas. Tenemos que soportar en silencio los chistes sobre nuestro origen o el color de nuestra piel, que nos adviertan de no debemos hacer mucho ruido, que no debemos reír a carcajadas, que no debemos subir el tono de nuestra voz en las conversaciones y solo falta que nos pidan no respirar muy fuerte.

 

Ese monstruo al que llamo racismo, habita frecuentemente en todas las sociedades, pero aquí es donde jugamos un papel indispensable, ya que depende de nosotros mismos contribuir a romper esa cadena de prejuicios raciales que deben ser inaceptables. El racismo es un mal que no tendrá final, si persiste en violentar y ultrajar la dignidad humana de las mujeres, hombres, niños, niñas, jóvenes y adolescentes negros.

 

La no discriminación, es un principio fundamental del Derecho Internacional Humanitario, sin embargo, el racismo sigue haciendo de las suyas. Por tanto, es necesario y urgente combatir todas las formas de discriminación racial que evidencien un verdadero cambio en la humanidad. La situación de vulnerabilidad que vivimos las personas negras alrededor del mundo es caótica. Los prejuicios que nos definen como malos, perezosos y ladrones, etiquetándonos con desprecio, impide que nos identifiquen como sustancialmente somos: seres humanos con virtudes y defectos como cualquier otro.

 

No será fácil derrotarlo, la estructura social y estatal deben brindar herramientas eficientes y estrategias efectivas que no solo pretendan mitigar o paliar esta grave anomalía social, sino que busquen arrancar de raíz este monstruo que cada vez se agiganta más. No queremos sentirnos solos cuando lo enfrentamos y es urgente una conciencia colectiva que nos acerque en las diferencias y nos permita compartir nuestras virtudes y debilidades como seres humanos, pues somos conscientes que somos iguales, aunque tengamos rasgos diferentes. Tenemos la obligación de generar nuevas narrativas de acercamiento racial que se conviertan en un imaginario colectivo donde quepamos todos.

 

Cuando entendamos que, uniendo nuestras fuerzas para ser mejores seres humanos, habremos comprendido las razones por las que, a través de la historia, miles de personas han dejado su alma y hasta su vida misma, combatiendo los prejuicios, promulgando el derecho a la igualdad y defendiendo el color de todas las pieles del mundo.

 

Ver más columnas de Ginna Litceth

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación. 

 

 

 *Fotografías: Cortesía

Lea También

  • Conciencia Afro: Migrar, una realidad en la que todo se transforma

    “Lo público también es nuestro, porque formamos parte de esta sociedad” Yeison F. García López.

  • Construcción de ciudadanía III, Lo público y lo privado

    Libertad y responsabilidad, por tanto, no pueden escindirse si queremos forjar una ciudadanía empoderada que sea capaz de lograr su propia cultura de vida en sociedad, es necesario que lo público y lo privado lleguen a un consenso que permita tanto el respeto por los derechos individuales como por la responsabilidad social. Así se logrará forjar una cultura ciudadana que sea coherente con las particularidades que nos definen.

  • Racismo ≠ Discriminación: una breve guía para poder entender el contexto

    Hace unos días, y en el marco de la convocatoria para Miss Universo Colombia, me llegó una campaña de apoyo hacia una famosa modelo que ha recibido rechazo por parte de algunas personas de San Andrés, lugar al que pretende representar en el certamen. El hashtag #NoAlRacismo en el marco de la campaña me dejó cierta preocupación y ya les explico el porqué.

  • Jonh Jak Becerra, sigue la lucha de quien no se quedó callado

    En 2017, la Corte Constitucional reconoció el primer caso de racismo laboral, ¿pero qué hay de la vida de quien interpuso la acción?

Suscríbete a nuestro boletín