Sábado, 26 Septiembre 2020

¡Que pereza ser negro!

“Me gustaría dejar de ser negro, sería bueno cambiar de color al menos por un ratico, para darme cuenta la gente como me ve, si me ven diferente, si paso desapercibido, si puedo hacer cosas que la gente común y corriente hace y nadie dice nada. Quisiera dejar de ser negro, para ver si el problema soy yo o es mi color”.   

Faustino “El Tino” Asprilla.

Por: Robinson Mena Martínez*

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Sentir pereza por ser negro, que a la vez es sentir vergüenza, no aceptarlo, no reconocerlo o querer dejar de serlo al menos por un instante, son pensamientos mediocres que no deberían aflorar en la mente de un negro, ya que pensar de esta manera, es aceptarse, saberse y reconocerse inferior, son visiones vacuas, que no suman al ideal, al potencial y a la labor cosmogónica de nuestra comunidad étnica.

 

De esta circunstancia nace el hecho de que, hay personas que nunca o al menos durante gran parte de su existencia, se han sentido identificados con su raza, no la han vivido, no la han apreciado, no la han aceptado etc. Por consiguiente, pervive en ellos una sensación de desgracia, frustración e infortunio, al pertenecer a ella, situación que sucede especialmente, con algunos miembros de nuestra etnia negra.

 

Para mejor entender lo anterior, es preciso rememorar un suceso acaecido en 2002, cuando llegué para radicarme en la ciudad de la eterna primavera: un conterráneo quien precisamente llevaba bastante tiempo viviendo en esta metrópoli, creyó darme un buen consejo al recomendarme lo siguiente: “vea paisano, nosotros aquí en Medellín, tenemos que buscar su mujer paisa para mejorar la raza, para que los hijos no nos salgan así negritos como nosotros”.

 

La anterior sentencia, exacerba lo que se viene diciendo de las personas que optan por esta forma de pensar o que se adhieren a ella, además, es caer en lo profundo de la ignorancia y la inepcia. Afirmaré ahora que, siempre he sido partidario del sincretismo, el cual además de considerar conveniente, pienso que sirve para el intercambio y enriquecimiento de las culturas, y no así, para el mejoramiento de alguna de ellas, ya que todas gozan de su propia e inalienable idiosincrasia.

 

Con todo lo dicho hasta aquí, puede afirmarse que, sentir vergüenza por ser negro, es lo mismo que negar la tierra, negar la raza, negar la estirpe, negar la descendencia etc, y como era de esperarse en el género humano, hay personas faltas de carácter y de amor propio, que lamentablemente lo han hecho.

 

Para ejemplificar lo anterior, me remito primeramente al escritor chocoano Jorge Isaacs Ferrer, autor de la novela literaria que se inscribe en el género romántico: “María”, una obra clásica extraordinaria publicada en 1867.

 

En palabras del profesor, escritor e intelectual chocoano, el señor Cesar E. Rivas Lara, se interpreta como un mal ejemplo, el hecho de que una persona niegue su tierra y se haga pasar como nacido en otra, es un error negar el lugar de procedencia y, por ende, el de nuestros ancestros.

Los presidentes colombianos nacidos en el Chocó

 

En el caso de Jorge Isaacs y con palabras de Rivas Lara, el primero negó rotundamente ser chocoano, por el contrario, manifestó siempre ser caleño, sin embargo, empezó a guardar algo de silencio, cuando su partida de bautismo fue encontrada en el municipio de Nóvita (Chocó), mostrando como fecha de nacimiento de este, el 1 de abril de 1837.

 

Manifiesta además Rivas Lara, que Jorge Isaacs, nació en el Chocó por confluencias políticas, pues su familia realmente si era caleña, es propicio argumentar que, la misma llegó al chocó, atraída por las bondades agrícolas, forestales y mineras que ofrecía dicho departamento.

 

Conviene manifestar que, Jorge Isaacs, pese a haber nacido en el Chocó, nunca lo llevó ni en su mente ni en su corazón, nunca lo conoció, nunca lo amó. Además de faltarle carácter para reconocer que este fue el lugar que lo vio nacer, nunca se dignó en volver a este territorio, ni siquiera por gratitud.

 
Es oportuno decir que, se ahondó un poco en este escritor, dada su importancia como autor y personaje ilustre para la historia de la nación, pero como este caso hay otros tantos, los cuales mencionaré de manera somera.

 

Al respecto, es prudente esgrimir que, si bien es cierto que en algunas páginas de internet se muestra a Edgar Perea, quien fuera locutor y narrador deportivo, como nacido en el departamento del Chocó, el susodicho en sus programas deportivos, radiales y televisivos, siempre negó ser chocoano, argumentando de manera tajante que era costeño, más exactamente de Barranquilla, mostrando, además, superlativa afinidad por la ciudad y el atlético Junior.

 

Como si fuera poco, encontramos también al exjugador de futbol, Alexis García, quien, pese a que en redes figura como nacido en Quibdó, en repetidas ocasiones ha negado ser de este lugar, reconociendo y manifestando ser antioqueño, más exactamente de la ciudad de Medellín. Con la ambivalencia y falta de carácter de este personaje, no es de extrañarse que dentro de poco se declare Rolo, ya que ahora mismo se desempeña como director técnico en la ciudad de Bogotá.

 

Ahora bien, es comprensible que como seres humanos realicemos acciones que para nuestra forma de actuar, son muy normales, por ejemplo: es común que como personas nos alejemos de nuestros lugares de origen, y nos adentremos en otras culturas, las cuales muy amablemente nos abren sus puertas para que con la responsabilidad y el trabajo juicioso, mejoremos nuestras calidad de vida, y la de nuestras familias.

 

Es bastante natural que, luego de triunfar en una tierra de la que no somos autóctonos y avocando al sentimiento de gratitud, los seres humanos tengamos mucho aprecio, afecto, reconocimiento y una sensación de correspondencia, con dicho lugar, bien sabido es que la gratitud es el rostro del alma.

 

Sin embargo, algo que no es normal o no se ve bien, es precisamente lo que se viene mencionando en gran parte del texto, por bien que me vaya en un lugar del que no soy originario, por muy agradecido que esté con una ciudad o país que no me vio nacer, por buenas que sean las costumbres y cultura de otros sitios, no debo negar u ocultar mi procedencia, no puedo esconder mis raíces.

 

Al mismo tiempo, agregaría que no tiene presentación que, para ser aceptados ante la sociedad, o para ganar estatus social, me arrepienta, o me avergüence de lo que soy o me niegue a aceptar mi idiosincrasia.

 

Como breve conclusión, y lo digo desde lo más profundo de mi ser, estoy seguro que ser negro no es un infortunio, es una ventura que aborrece a pocos y seduce a muchos, o como dicen por ahí, “yo no elegí ser negro, simplemente tuve la suerte de serlo”.

Asprilla: "Quiero dejar de ser negro"

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 *Fotografía: Robinson Mena Martínez.

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