Miércoles, 01 Abril 2020

¡Pacífico, tú no tienes por qué estar llorando así!

El Pacífico necesita una transformación profunda y que a su vez existan dirigentes que quieran de manera real el desarrollo de la región.

Por: Vanessa Márquez Mena

Directora

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La primera vez que conocí uno de los 62 municipios del Pacífico, fue a Condoto (Chocó), municipio conocido como la ´Capital del Platino´ por ser el primer productor de este metal en Colombia. También lugar de nacimiento de mi madre y de mi familia materna. Estaba muy pequeña, tenía unos escasos 5 años, pero la belleza del lugar me cautivó de tal manera que en mi memoria tengo viva las imágenes de los paseos al río y el sabor del pescado seco bien sazonado.


En esa época no tenía la conciencia del espacio al que había llegado, veía las casas de madera, pero se me hacía normal, las calles destapadas, mis piernas llenas de polvo y unos tanques grandes sobre el tejado. Mi estancia en aquella época no duró más de 8 días, estábamos de vacaciones y volví a la ciudad con la inocencia que caracteriza a una niña de esa edad. 

 

Con el pasar de los años, fui entendiendo porqué cada una de las cosas anteriores que había observado no eran porque sí, todo tenía su significado y origen, un origen que se dio por la esclavización y que hoy en día, después de 169 años de abolición de la esclavitud, sigue permeando la vida de las comunidades afrocolombianas del Pacífico colombiano.

Quiero empezar con el primer problema que afronta la comunidad, y es la falta de una reparación psicológica y económica. Cuando se dio la libertad a los ancestros en condiciones de esclavización, no hubo procesos que los ayudaran a sanar un poco esas heridas de la barbarie a la que fueron sometidos y sometidas, por lo cual, si analizamos en profundidad los comportamientos de la comunidad, nos encontraremos con huellas de ese pasado del colonialismo. Un ejemplo de ello es la división social, el odio por el hermano afro. Al revisar la historia nos damos cuenta de cómo esto era una táctica de adiestramiento que utilizaban los esclavistas en contra de los ancestros esclavizados, lo que hacían para dividir, era darles privilegios a unos y sumir a otros en un constante maltrato para que se odiaran y no se sublevaran contra el amo.


Es así como encontramos un fuerte contexto psicosocial en los territorios del Pacífico, donde esas cargas psicológicas heredadas del pasado doloroso no dejan avanzar hacia el futuro. El pensar que nos tenemos que conformar con la pobreza. por que es lo que nos merecemos, me sitúa en que algunos ancestros de tanto que lo escucharon llegaron a tragarse el cuento de que eran "una raza inferior", "seres sin alma", "objetos o cosas que solo servían para atender a los amos". Empezar con un proceso de transformación mental en niños, jóvenes y adultos es una de las tareas principales para avanzar hacia la solución de las otras problemáticas.


Por otra parte, el Pacífico necesita de modelos económicos alternativos, que permitan la creación y sostenibilidad de las empresas propias, en donde se podría generar una economía circular pero también de proyección hacia la exportación nacional e internacional, dada la buena calidad de los productos que se siembran, crían y se producen en el Pacífico. Los emprendedores por ejemplo no cuentan con la formación y herramientas necesarias para proyectar sus negocios, para darles valor y generar diversos e innovadores canales de distribución; lo que dificulta el acceso de estos por parte de compradores.


Al ser tan escazas las oportunidades económicas, se debería potencializar otro tipo de economías, por ejemplo, las del sector cultural y creativo, las naturales por la variedad de plantas y saberes de la medicina ancestral, el ecoturismo, la gastronomía, entre muchas otras que se encuentran en la gran diversidad de talentos de la comunidad.


Al no tener empleos ni una economía que genere los ingresos necesarios para vivir dignamente, se recurre a la inserción de grupos guerrilleros o a la siembra de coca; generando violencia y terror en los territorios. Pero es importante detenerse aquí para analizar que estas dos problemáticas planteadas, más muchas otras que no estarán expuestas en este texto, corresponden a un racismo estructural, el cual es totalmente consciente de las necesidades de la comunidad, pero que requiere mantener ese sistema para sostener su status quo, bien lo dice el maestro Alfons Martinell "para que haya desarrollo debe haber una intención", y esa intención genuina y profunda es la que le ha faltado al gobierno colombiano.

 


Otra de las problemáticas, es la falta de una educación de calidad y profesional dentro de las mismas comunidades, por lo que una práctica muy común es que los estudiantes tengan que salir de sus territorios a formarse en ciudades capitales y que en la mayoría de los casos esos sujetos que migran no vuelven, por lo cual el conocimiento sigue quedando en las urbes. Sin una buena educación no hay una visión crítica de la vida, por lo tanto, es muy probable que la gran mayoría de la comunidad no haga uso de diferentes estrategias para exigir sus derechos. (Ver: "No pienso regresar a Quibdó")

 

En medio de todas estas problemáticas, existen líderes y lideresas que si tienen la convicción de que tanto ellos como sus hijos y las generaciones venideras, merecen un mejor futuro y luchan con su vida para lograr este objetivo. Ellos y ellas son la esperanza que para otros está pérdida.


En medio de la crisis actual por el Covid-19 se evidencian aún más otras problemáticas estructurales como la precaridad en salud, las pocas oportunidades de empleo formal, las pocas e inexistentes garantías económicas de subsistencia que tienen los artistas y gestores culturales, el acceso a agua potable, la desinformación y los problemas de comunicación. 


Todo esto nos lleva a pensar o repensar en ¿Qué mecanismos utilizar para que el Pacífico pueda asumir esta pandemia? Teniendo en cuenta que esas falencias mencionadas y que han sido perpetuadas por años, no se resolverán en este momento de pánico nacional.

 

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 *Fotografía: Cortesía

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