Lunes, 29 Junio 2020

¡No señores!, el Chocó no es el fracaso del Estado

¿Acaso en Colombia podemos hablar de un Estado? El Chocó no solo ha sido víctima de la economía extractivista que emplea el Estado, sino que también ha sido víctima del poco amor y la falta de sentido de pertenencia que han empleado nuestros administradores locales y departamentales por décadas.

 

Por: Margareth Paz Valencia*

 

En los últimos meses o mejor dicho, en la historia de este país, hemos sido noticia en innumerables medios de comunicación; nos han descrito como “el Chocó el fracaso del Estado” “La corrupción de los chocoanos”, etc. y un sin fin de adjetivos que no tienen otra finalidad que atribuir a todos los chocoanos el fenómeno de la corrupción rampante y sonante que se presenta en todo el territorio nacional, de norte a sur y de oriente a occidente.

 

El Chocó no solo ha sido víctima de la economía extractivista que emplea el Estado, sino que también ha sido víctima del poco amor y falta de sentido de pertenencia que han empleado nuestros administradores locales y departamentales por décadas ¿y por qué no? De la falta de políticas de Estado que además de ser inherentes al mismo, no incluyen a las zonas periféricas; la economía extractivista, es una economía que se da en la extracción de la tierra, de los recursos especialmente mineros y lo más importante es que no lo procesan hasta llegar a su etapa final, sino que lo transforman en lingotes y los venden a otros países para que estos los transformen en bienes acabados y finales.

 

El Estado es una forma de organización política y jurídica de la sociedad, integrado por cuatro elementos: la población, el territorio, la soberanía y el reconocimiento internacional. Está regulado por un régimen legal derivado de una Constitución Política y cuenta con tres ramas del poder público: ejecutiva, legislativa, judicial y unos órganos de control.

 

El Chocó no es el fracaso del Estado, el Estado colombiano es un fracaso en todos los departamentos ubicados en las periferias, donde la única forma en la que el Estado ha hecho presencia en ellas, es a través de su ausencia, una ausencia consciente, programada que se materializa con la vulneración constante y permanente de derechos fundamentales y una economía extractivista.

 

La riqueza producida en las periferias olvidadas de nuestro país, ha permitido el desarrollo de las regiones centrales. Un buen ejemplo es el caso del oro – que constituyó la principal fuente de divisas para el país hasta bien entrado el siglo XX – extraído en regiones que se encuentran hoy entre las más “pobres, atrasadas y olvidadas” del país (como el Chocó y el nororiente antioqueño). Ambas regiones hacen parte de un mismo proceso económico, político y militar, que al tiempo en que produce la tierra arrasada de las economías extractivas, concentra capital, tecnología y crédito en los centros de consumo. En esta oposición se invierten los términos, pues los lugares que han sido el centro de la producción de la riqueza en el mundo moderno se conceptualizan como periferia, mientras que las periferias donde se acumula y se consume, aparecen como centros.

 

Todos hablan del departamento del Chocó y no está mal, el problema es, o más bien radica en que el conocimiento que se tiene del mismo, surge de una serie de nociones coloniales preconcebidas que están firmemente arraigadas en el sentido común.

 

Los discursos hegemónicos hoy nos tienen en los marcos discursivos racistas, construidos desde el siglo XVI hasta nuestros días: pobres, incultos, folklóricos, corruptos, lascivos, etc., y podemos observar que muchos de nuestros comportamientos, la generalidad, responden a eso. "Tenemos tumbado, mejores en la cama, desvelados con lo que los otros tienen, nuestras fiestas son las más largas del país y las que menos dineros y capacidades instaladas dejan, producimos para los otros, somos fuertes y buenos en las organizaciones de los otros y muy débiles y desordenados con las nuestras, etc.

 

El Estado colombiano cuenta con unos órganos de control (Personería, Contraloría y Procuraduría), los cuales carecen de toda funcionalidad en las zonas periféricas y ni hablar de los cuerpos colegiados (Concejos Municipales y Asambleas Departamentales) lo que me hace pensar en un Estado fallido donde la violencia se ha convertido en la forma de resolver conflictos. Además del no tener un control efectivo sobre el territorio y la pérdida del monopolio de la fuerza.

 

En Colombia la “ausencia del Estado” ha sido considerada como una de las características centrales de su organización política: “El Estado se desarrolló teniendo poco control sobre vastas áreas de su territorio nacional. En su ausencia los poderes locales, generalmente vinculados a la actividad económica dominante en las regiones, sustituyeron su propia autoridad e implementaron formas propias de justicia privada.

 

Con lo anterior, es necesario plantearnos dos interrogantes: ¿Cuáles son las políticas de Estado en Colombia? ¿Será que, si en la agenda del Gobierno Nacional estuvieran incluidas las zonas periféricas (Chocó, Nariño y Cauca, Amazonia y Orinoquia, Norte de Santander y la región Caribe), la situación de las mismas cambiaría?

 

Los grupos que históricamente han encarnado al Estado, además de hacerse la vista gorda y convertirse en beneficiarios pasivos, en muchos casos han orquestado y regulado este conjunto de actividades y prácticas. De hecho, esta modalidad de acción estatal – la tolerancia tácita de actividades ilícitas y de corrupción es la que percibimos gran parte de la población, “ausencia del Estado” una ausencia que como anteriormente lo manifesté, es la forma en la que el Estado Colombiano eligió hacer presencia. No es un secreto que de las 272 irregularidades que se presentaron en el país, la más atractiva fue la del Chocó, pero pasó inadvertido el aval otorgado por la Gobernación del Chocó a un célebre personaje de la política colombiana.

 

Y ni recordar las frases de celebres personajes en el país que han vuelto a relucir como “invertir en el Chocó es como echarle perfume a un bollo” pero en tiempos electorales sienten la necesidad de acudir a nosotros, para mantenerse en el poder y misteriosamente el bollo no huele y el perfume no se echa a perder.

 

El Chocó y los chocoanos NO necesitamos señalamientos, ni que nos ridiculicen; lo que nosotros necesitamos es que el Estado y sus instituciones tengan una presencia real y efectiva, que nos garanticen el goce efectivo de nuestros derechos, que nos saquen del abandono en el que nos tienen y que el país entero recuerde que, tanto el Chocó como las otras periferias del país merecen disfrutar de ese Estado Social de Derecho.

 

 

*Abogada.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografías: Cortesía

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