Lunes, 24 Agosto 2020

Los eufemismos, los medios y el conflicto

¿Masacres u homicidios colectivos?  El lenguaje de la guerra y el papel juegan los medios.

 

Por: Redacción Vive Afro
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6 décadas de conflicto armado han dado para mucho, y en el uso del lenguaje no ha sido menos. La negación del conflicto armado o decir migrantes en vez de desplazados han sido noticia, pero la última acotación en este debate ha sido la negación del término masacre en el discurso del actual gobierno.

 

Primero volvamos al contexto, hay registro hasta el 24 de agosto de siete casos recientes en los que fueron asesinadas  tres o más personas, en total 40 personas. A esto, el presidente Duque dijo: “hablemos del nombre preciso: 'homicidios colectivos', y tristemente hay que aceptarlo como país, no es que volvieron, es que no se han ido tristemente estos hechos de 'homicidios colectivos'".

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Según la Real Academia Española, una masacre es: Matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida.

 

Pero en el ámbito jurídico no es un delito tipificado, ni en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH), ni del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Es más, todavía no se ha especificado el número exacto de muertos en el que se define masacre, “el número preciso de víctimas no es un criterio objetivo ni suficiente para calificarla. Ninguna definición ofrece elementos de convicción para señalar que son tres, cuatro o cinco los muertos para determinar cuándo se está o no ante una masacre”, mencionaba la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh)

 

Con iguales argumentos, Diego Molano, director del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre) defendió lo dicho por el presidente: “Popularmente se han definido como masacres, pero técnicamente son homicidios colectivos”.

 

Pero esto no ha sido impedimento para el uso de la palabra masacre en entidades como la Corte Penal Internacional, la ONU y la misma justicia colombiana, por eso es que es más notorio el cambio del discurso del gobierno colombiano en este preciso momento. En situaciones de conflicto, no solo bélico, es usual recurrir a la deshumanización del enemigo para no generar empatía; y el uso de palabras como “bajas” o “bandidos” es solo un ejemplo.

 

Hablar de homicidios colectivo gira en la misma dirección, es un término más técnico y muy acorde a los ámbitos jurídicos pero que pierde relevancia en lo social, esto se debe a que no tiene asociada algunas connotaciones como el estado de indefensión de quienes murieron, la sevicia de los actos y especialmente no lleva toda esa historia de hechos que han sido nombradas como masacres a lo largo de la historia del país, como la Masacre de las Bananeras o la Masacre de Bojayá.

 

Decir homicidios colectivos es en este caso un eufemismo, y los eufemismos son los grandes justificantes de los horrores de la guerra como lo decía el sociólogo estadounidense James Petras: “Los grandes crímenes contra la mayor parte de la humanidad se justifican mediante una corrupción corrosiva del lenguaje y el pensamiento; una deliberada maquinación de eufemismos, falsedades y engaños conceptuales”.

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Y el uso del lenguaje en los medios de comunicación es quizás el más importante pues somos nosotros quienes nos encargamos de divulgar información con el uso de las palabras, aunque a veces olvidamos que esas palabras no son neutras. Para detallar esto podemos revisar la masacre de los niños en Cali. El primer titular de los principales medios de comunicación (Semana, RCN y El Tiempo) catalogaron la muerte de los niños de llano verde como un asesinato de jovenes entre los 14 y 18 años, con exepción de El Espectador y Caracol que si catalogaron el hecho como una masacre. Un día después del hecho todavía había medios que seguían cometiendo el error de no decir que todos muertos eran menores de edad.

Por el contrario, el cubrimiento en Samaniego fue un poco distinto, todos los medios catalogaron el hecho como una masacre y hasta algunos medios mencionaron un día después a los jóvenes asesinados en su titular como Universitarios, “Los detalles detrás de la masacre de 8 universitarios en Samaniego”, tituló El Tiempo.

 Puede leer también La criminalidad no se confinó 

Los medios de comunicación han servido para perpetuar la indolencia, todavía se asocia a lo afro con la violencia y la pobreza como discurso. Javier Ortiz Cassiani quien es magíster en historia, manifestó en conversación con Vive Afro esta indolencia que ha sido estructurada, “históricamente, matar en este país a un mestizo o a un blanco no es lo mismo que matar un afrodescendiente, hay datos de la época de la Violencia donde había población afrodescendiente, se enseñaba con más fuerza esa violencia pues hay muertos que cuestan menos, hay muertos que se lloran menos”.

 

No produce el mismo escozor, el mismo interés un muerto cuando se dice que fue en una masacre que en un homicidio múltiple, y no se le da el mismo empeño a un muerto a un muerto afro que a uno blanco o mestizo

 

Una perla, Yevi Sugey Tejada y Yina Faisuri Tenorio, son dos niñas afros que desaparecieron el 11 de agosto en Cali, pero su noticia solo es mostrada por medios nacionales cuando una joven, Natalia Salazar, universitaria y de familia acomodada es secuestrada el 17 agosto.

 

Puede revisar los documentos consultados

La masacre de los inocentes: ¿Qué se entiende por la categoría masacre?

Palabras en la guerra 

Diccionario de la lengua española 

 

 

 

Fotografía:captura de pantalla Educima.com y Banco de imágenes gratuito Freepik 

 

 

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