Martes, 12 May 2020

Lo obsoleto del siglo XXI

Estamos en pleno siglo XXI era de la tecnología y globalización, aún tenemos actitudes y percepciones de siglos pasados, donde primaban más los rumores que la verdad misma, aún nos dejamos sugestionar de la desinformación, de lo retrógrado y de lo banal.

 

Por: Luisa Carabalí Mosquera

Estudiante de Comunicación Social y periodismo

Fundación Universitaria de Popayán

 

Desde el inicio de este año prometedor, me he sentido desconcertada y estupefacta por las diferentes noticias que atrapan la atención de los lectores y televidentes. Por un lado, las enfermedades y virus que afectan a nivel mundial, los diferentes escándalos por corrupción en este país que no es nada nuevo y, por último, pero no menos importante el escarnio público al que está actualmente sometida una joven al realizar un aborto. Todos tienen un drama en común y es el enfoque que se le da a cada noticia, que paso a paso describiré.

 

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Al final de todo, lo que me asombra no es la noticia como tal, sino más bien el enfoque que se le dan a las mismas. Como periodista, sé de la presión que siempre ha existido dentro de los medios por siempre estar delante de las noticias y cada vez hacer algo “diferente” para traer más lectores a nuestros blogs y medios informativos, pero de alguna manera, la mayoría de los medios entienden la inmediatez y la innovación con recaer en el amarillismo y la desinformación. Entremos en materia.

 

Es angustiante la forma en que el Coronavirus o el ahora llamado Covid-19, está acabando con la vida de muchas personas en diferentes países, pues ya ha causado 148 muertes en lo que va corrido del año y más de 3.296 infectados según fuentes del periódico el país. Son cifras alarmantes que nos hacencorroborar que nunca estamos exentos de nada, pues cuando no es una cosa, es otra. La mayoría de países han tomado diversas medidas de precaución basados en las recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado y aunque no garantiza que el virus expire, da un parte de tranquilidad a la comunidad. (Ver: 'Lo que necesitas saber sobre la enfermedad por coronavirus (Covid-19)')

 

Por el contrario, en nuestro sublime país los medios “informativos” solo generan pánico entre los habitantes, haciéndolos entrar en una posición de paranoia constante y desinformación, pues no saben cómo se da, cómo prevenirlo, ni qué hacer al respecto; por el contrario, las diferentes tiendas y supermercados aprovechan la conmoción para elevar los precios de elementos básicos como un tapabocas. Muchos lo creerán insólito, pero es real y aquí no se le puede atribuir culpabilidad al virus ni a las muertes causadas por el mismo, la culpa es de los medios que prefieren alarmar en lugar de explicar y prevenir, esos mismos que envían a sus mejores corresponsales a diferentes partes del mundo en busca de información optima y de primera mano, que terminan convirtiéndola en desinformación alarmante que logra la especulación de la masa, que tienen poco discernimiento y se quedan con todo lo que un “medio conocido” les da. (Ver: '¿Cómo está la situación actual del COVID-19 en el Pacífico colombiano?')

 

La segunda noticia que ha impactado a Colombia en el último mes, es el tema de corrupción en la costa caribe, donde se ven involucradas familias tradicionales de abolengo tales como los Char y los Gerlein, donde vinculan a la abogada y senadora electa Aida Merlano en un proceso judicial, por supuestos delitos electorales, tenencia ilegal de armas, entre otros procesos. Dentro de este caso se han destapado demasiados “secretos” sobre el modo operandi de los partidos políticos y personajes públicos en este territorio del país, de la evidente corrupción y manipulación que se práctica hacia los habitantes de la costa caribe.

 

Pero lo que más llama la atención de este caso o más bien del enfoque de esta noticia, es ver el cómo vinculan a Aida Victoria Merlano, hija de la investigada en este proceso, por supuesta complicidad en la fuga que realizó su madre el 1 de octubre de 2019. Así las cosas, me sorprende de manera categórica ver como en redes sociales, le han hecho la guerra a la hija de la implicada, por el hecho de subir videos a sus redes sociales, hablando acerca de la sexualidad y la diversidad.

 

Hace unos días tuvo una audiencia de la fiscalía para la lectura de la acusación en su contra, después de salir de estas instalaciones, la joven se convirtió en tendencia en redes sociales y no por el delito del que se le acusaba o por sus declaraciones, sino más bien, por el atuendo que decidió usar. Y es ahí donde uno se pregunta ¿por qué cuando se trata de una mujer en cualquiera que sea el caso o situación, siempre es expuesta y satanizada con términos peyorativos que dejan en tela de juicio la dignidad y el respeto de la misma? ¿Acaso para ir a los estrados judiciales hay un código puntual del vestido? Y si este existiese, ¿por el hecho de ponerse un body hace a una mujer “indecente”?

 

Dentro de pequeños actos podemos comprender muchas cosas y siento que el hecho de que un país se indigne por el tipo de prendas que usa una mujer para ir a un estrado judicial, indigne y despierte más emociones de conmoción que los mismos actos de corrupción, los feminicidios y la inseguridad que se presentan cotidianamente; es un país mediocre, con una opinión tan sesgada que solo cumple la función de comité de aplausos, dándole viralidad a noticias que no tienen sentido y no cumplen ninguna función diferente a servir de cortina de humo de los temas que sí debería afectar como país. Una vez más queda evidenciado, el machismo que está tan latente en esta sociedad, aún sigue siendo las raíces que no hemos podido arrancar de nuestra mente de manera eficaz y aún nos sigue cobrando altísimos costos, pues los mismos medios de comunicación, al identificar que solo nos vemos atraídos por los escándalos y noticias banales, nos van a seguir llenando de lo mismo, es y será un círculo vicioso, alimentado por la ignorancia y por la falta de empatía que nos caracteriza.

 

Por último, el caso de una joven de aproximadamente 21 años, estudiante universitaria, que sostenía una relación sentimental con un joven unos años mayor que ella, queda embarazada y ahí empieza su viacrucis. La joven residente en la ciudad de Popayán, por razones psicológicas siente que no puede hacerse cargo del feto que lleva en su vientre y acude a Profamilia, organización sin ánimo de lucro que promueve el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, con el fin de realizarse un aborto seguro.


La pareja de la joven hizo varios plantones frente a hospitales y establecimientos de profamilia, con el fin de que la joven desistiera de la idea de abortar, sosteniendo que él podía hacerse cargo del bebé. La joven hace la diligencia teniendo exactamente 18 semanas de embarazo y es aprobado el aborto a las treinta y una semanas de embarazo.

 

En cuanto al reglamento que avala la decisión de esta joven, reposa en la sentencia C-355 de 2006 en la que habla de tres causales permitidos en Colombia, los cuales son; 1) que el bebé venga con algún tipo de malformación, 2) que el feto haya sido producto de una violación y, 3) que el embarazo afecte de forma psicológica la vida de la mujer. A la joven la cobijaba la última de las causales y estaba en todo su derecho de abortar de manera segura, pero aquí ocurrió algo curioso y fue el papel que cumplió los medios y sobre todo los regionales, pues se empeñaron en entrevistar solamente a la pareja de esta joven protagonista de los hechos y a su familia, contando “el drama” de una joven mayor de edad ejerciendo su derecho a decidir sobre su cuerpo.

 

Fue tan sesgada la información que en los oyentes despertó impotencia y odio hacia esta mujer, terminando en la divulgación de sus datos personales, intimidación y publicación de fotos en la que ella se encontraba con miembros de su familia. Acciones que según la sentencia, se conciben como una falta grave, pues a ninguna mujer se le debería juzgar por decidir sobre su cuerpo y su reproducción sexual. Actualmente ha pasado un mes de que esto ocurrió y aun se escucha el “runrún” acerca de lo “mala madre” y “asesina” que fue esta joven al desprender de su vientre un feto al cual ella no concebía en su vida como hijo.


Con estos tres casos que puse en cuestión quiero mostrar cuál es el modo operandi de los medios de comunicación hacia la masa, del poder que tienen sobre una sociedad y el impacto que causa cada noticia mal contada, o sesgada por el amarillismo o la imparcialidad.

 

De lo difícil que es ser mujer en un país tercermundista como Colombia, en el que el machismo ha sido el que nos ha dado las pautas del cómo debemos vivir y desarrollar nuestra personalidad sin afectar nuestra “imagen” y agradar a todos.

 

A los medios de comunicación le falta mucho tacto a la hora de informar a la sociedad, pues siempre causan pánico y no veracidad ni objetividad de los temas en cuestión, además a esto que los colombianos deberíamos cuestionarnos más en qué enfocamos nuestra atención y elegir con mucha cautela a qué medio elegimos como nuestro mensajero de confianza. Tenemos muchas cosas en las cuales podemos avanzar y como periodistas del siglo XXI, tenemos la obligación de darle un vuelto total a la forma y enfoque que se le da a las noticias. No podemos seguirnos conformando con lo que se nos ofrece, crear consciencia entre la audiencia y obligar a los medios tradicionales a reinventarse porque será la única circunstancia que tendrán para captar la atención de su público objetivo y alejarnos de lo mediático que solo nos deja un sinsabor de un sinnúmero de historias mal contadas.

 

 

Ver más columnas de Luisa

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

  

 

Fotografía: Cortesía

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