Lunes, 11 May 2020

La SANKOFA como matriz para el surgimiento de una política ombligada en el Chocó

Esta es una invitación a la capacidad creativa popular colombiana y chocoana que, desde sus bases, debe retomar sus destinos sin supeditarse a ningún caudillo o líder político de caballo y peor con ínfulas de mesías.

Por: Yeison Arcadio Meneses Copete

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La palabra Sankofa proviene del gran pueblo Akan de Ghana, país de grandes imperios ubicado a lo largo del Golfo de Guinea y el océano Atlántico al occidente del continente africano. Sankofa compuesta por tres vocablos: San, que significa retornar o volver; Ko, denota ir; y Fa, que quiere decir mirar, ver y tomar. “La Sankofa simboliza la interrogación del pueblo Akan por el saber entre los Akan con las implicaciones que la búsqueda está fundamentada en una examinación crítica e inteligente y paciente investigación”. También, “el pueblo Akan cree que el pasado sirve como guía para planear el futuro”. Para ellos, además, “es esta sabiduría en el aprendizaje del pasado, la cual asegura un futuro poderoso”. Asimismo, el pueblo Akan considera que “debe haber un movimiento y nuevo aprendizaje en la medida en que el tiempo pasa. Según el continuum de la vida, el conocimiento del pasado no debe ser nunca olvidado”.

 

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En este orden de ideas, la gente del pueblo Akan estima que el pasado sirve de guía cuando se planea el futuro y que el obtener la sabiduría del pasado impulsa la planificación de un futuro promisorio. Se puede inferir desde esta tradición filosófica Akan, el mejor saber, ser, estar, tener, poder, ser con el otro, la otra y lo otro depende notoriamente de la relevancia que le demos a las experiencias dadas en los senderos analíticos, reflexivos e interpretativos relacionados con, por ejemplo, las formas de vida en el presente y las formas como podría tejerse un futuro. En este contexto, el pasado, además de ser una memoria que requiere ser revisitada críticamente como acumulado de una elaboración cultural, es pensado como una presencia en el tiempo presente. El pasado está aquí con nosotros/as hoy, por un lado. 

 

De otro lado, el futuro no sería otra cosa que la creación, apropiación y readaptación de saberes históricos, siempre en relación con los avatares del hoy. El futuro es una colcha de retazos (no en el sentido despectivo de su uso, sino en la dimensión creativa multidimensional, para nada situada en la estrechez del bidimensionalismo, del reciclar tejidos y crear nuevos sentidos en la vida que se vive, no en lo que está por venir en su sentido de acumulación especulativa y la necroacumulación). Por tanto, no es un horizonte o un universo de lo incierto sino una utopía del ahora o imaginación creadora, en este caso afrodiaspórica, como le señala el Maestro William Mina Aragón, puesto que esos conocimientos le permiten al sujeto individual y colectivo, caminaestar en el ahora. Aunque situados, no es una añoranza de un futuro mejor. Es el agenciamiento que las subjetividades desarrollan hoy, pues la ficción, el mundo ideal o la utopía son construcciones de lo que humanamente fuimos y hemos sido o creado. De otro modo, no pudiese haber sido imaginado. (Ver: 'Colombia, el país de las mil y una realidades')

 

Por consiguiente, estimo que desde la matriz analítico-comprensiva Sankofa, podemos acercarnos a comprender de modo multidimensional la historia político-económica colombiana que nos permita construir colchas de retazo con sus coloridos, texturas y matices diversos, en aras de ir poco a poco menguando hasta lograr superar el frio de la terrible noche que aún nos cubre. En consecuencia, lo que se pone sobre la palestra pública no solo es respecto al panorama de los coloridos que integran la colcha, sino en los elementos que lo fundamental y permiten que cada retazo sea hilvanado para ser constitutivo del tejido o que el nuevo órgano incorporado al sistema de este cuerpo llamado país, configure la continuidad de la vida en dignidad. También, la colcha implica ya haber hecho los recortes necesarios de lo que aporta en perspectiva de la experiencia, pero que constituye un error contra lo fundamental que no debe repetirse.

 

Podríamos incorporar otras metáforas y síntomas para indicar, en otras palabras, la necesidad de la ciudadanía - Colombia y la ciudadanía – Chocó principalmente (las transformaciones estructurales se dan desde el pueblo), que incluye a sus clases políticas y económicas nacionales y regionales, de aplicar la Matriz Sankofa a la experiencia política a fin de decantar los pedazos de retazos poco reciclables, poco servibles y órganos impregnados de células cancerígenas que imponen que sociedades como la colombiana y la chocoana se conviertan en terrenos áridos, infértiles, muertos o laboratorios de muerte, para emplear la categoría de la socióloga colombiana Aurora Vergara. Por supuesto, no me refiero a la imagen que se crea frente a la tierra en su más simple connotación, hago referencia a los ordenamientos políticos que están fundamentados en la recreación de la muerte. La necropolítica. Encrucijadas subdesarrollistas y extractivistas que amplifican no los sonidos de las músicas que producen las vidas de los seres humanos, otras especies animales, los inanimados en sus diferentes contactos desde prácticas del Ubuntu, el Muntu, el Malungaje, el Buen vivir y/o el Vivir Sabroso, sino los silencios lúgubres y escandalosos del teatro de la muerte; sea esta de golpe o la muerte lenta en vida (convertida en espectáculo de medios de comunicación) por la guerra, el destierro, la corrupción, la miseria, la indignidad, el desempleo, el analfabetismo múltiple, el consumo prolongado de aguas contaminadas, el confinamiento familiar, la desesperanza, el conformismo, el determinismo, el pesimismo, el cansancio ante el combate perenne, entre otros. (Ver: 'Chocó: entre muertes, desplazamientos, derrumbes, inundaciones y política')

 

Sin lugar a duda, esta es una invitación a la capacidad creativa popular colombiana y chocoana que, desde sus bases, debe retomar sus destinos sin supeditarse a ningún caudillo o líder político de caballo y peor con ínfulas de mesías. Sí, profundizar en las posibilidades que ofrece el tejido tipo colcha del cual ha participado en su construcción, lo que pudiera ser representado como alianzas plurales y pluralistas que hagan síntesis de la vida del país, el departamento y propongan nuevos escenarios. Evitar de una buena vez las fantasías y fanatismos religiosos que prometen transformación venida de una divinidad x o imaginarse como ejemplar conformista al asumir que la vida por la que hay que luchar es por la que viene después de la muerte, la vida en un paraíso, para concentrarse responsabilizarse de sus destinos HOY. Estas transformaciones no vienen en sí de San Pacho, Virgen de Chinquinquirá, Jesús, Yemayá o de cualquier otra idea de Dios, entre otros. Tomarlos en sus manos y construirlo a partir de las diversas capacidades que en tanto que humano posee, ¿o acaso admitimos cualquier ideología de supremacías e inferioridades del sentipensar humano, las cuales sustentan la incapacidad de ciertos grupos humanos para pensar, sentir, gobernarse y crear para sí mismos condiciones de bienestar? También, esto demanda evidentemente de las clases políticas actuales locales, regionales y nacionales una refundación de sus apuestas, saber hacer, saber estar, saber tener y sobre todo de sus valores individuales y colectivos de cara a las vidas para participar del tejido; de lo contrario, desde mi concepción, deben ser radicalmente expulsados como los recortes de las colchas que definitivamente no sirven, no son reciclables e imposibilitan la elaboración o creación de un nuevo escenario socio-político.

 

Finalmente, este compartir remite a preguntas que las ciudadanías y las clases dirigentes deben plantearse en torno a lo fundamental, actualmente en tiempos de incertidumbre. En particular, lo fundamental en la política para el país y el Chocó Biogeográfico, tendría que ver con tres componentes interdependientes: vida, territorio y espiritualidad. Lo que llamo una política ombligada, retomando sentidos míticos, mágicos, espirituales y filosóficos de las Áfricas, la chocoanidad afro y embera, aunque nada exclusivo, pues en algunas comunidades de México, países de Asia también existen estas tradiciones. Esta implica desde el marco de la SANKOFA construir tejidos sociales y/o comunitarios que fundamenten cualquier ordenamiento político-económico en la protección de las vidas (lo humano y no humano) en su sentido amplio. En otras palabras, los saberes producto de la experiencia deben llevar a situar como gran relato de humanidad: el cuidado de las vidas, ante todas las cosas, articulando sus elaboraciones históricas territoriales (lo relacional, que incluye lo productivo), la espiritualidad y el universo cíclico y simbólico de la vida. Lo que implica una creación y reinvención de relacionamientos respecto al vivir desde lo personal y grupal-societal.

 

En este sentido, espero no se lleve a perspectivas extremistas, triviales y contradictorias como el antiabortismo, sino todo lo contrario, a los planos de las vidas con autonomía y libertad, las vidas deseadas, las vidas en dignidad y bienestar, las vidas con garantías de derecho, las vidas cuidadas, entre otros. También, desde una concepción de la vida más allá de lo humano, entonces, la contextualización de los marcos de gobernanza en los territorios desde sus potencialidades y posibilidad de potenciación. De manera que es pertinente el detenimiento en los paisajes del territorio, ellos comunican e invitan a la colaboración, no al antropocentrismo y el delirio de superioridad. Es pertinente entonces revisitar, resituar y recrear los saberes acumulados desde la productividad plural, cooperativa, solidaria y de familiaridad que durante mucho tiempo ha permitido a nuestros territorios Vivir sabroso, a pesar del centralismo criollomestizo instaurado en la idea de Estado. Así, las posibles faltas o déficits no son barreras o muros insuperables, sino puntos de apoyo para equilibrar la balanza de la vida misma en el plano personal. Las comunidades peuperizadas, excluidas, racializadas y subalternizadas que en consecuencia han acumulado desigualdades tendrían que convertirse en epicentros de la edificación y el florecer de la política desde adentro y por supuesto en relación. Una planificación política como gran relato o poética para el Vivir Sabroso.

 

Por último, el plano de lo espiritual que, más allá de instituciones religiosas, convoca lo cíclico de la vida y los relacionamientos que se construyen entre seres vivientes y no vivientes, seres imaginariamente reales. Este plano de la trascendencia se interrelaciona tanto con la vida de las personas como con los territorios, lo que algunos llaman territorialidad, en el sentido la espiritualidad dota de sentido la creación y la reinvención de la vida.

 

Yeison Arcadio Meneses Copete: Miembro del Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos, CADEAFRO. Magister en Educación de la Unviersidad Pontificia Bolivariana -Sede- Medellín. Doctorante en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos de la Universidad de Perpignan, Francia.  

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

*Fotografía: Cortesía

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