Miércoles, 06 May 2020

La lucha del pelo afro en el ámbito laboral

En días pasados fue noticia la denuncia que realizó una joven afro de la Guajira llamada Alicia Ordoñez Toro, Administradora Turística y Hotelera de profesión, discriminada por el gerente de un hotel en Riohacha por llevar su pelo afro natural; durante la entrevista laboral, el señor gerente le dice que “su pelo está bueno para bailar champeta” no para trabajar en el hotel.

Por: Ginna Litceth Ramos Castillo 

Tumaqueña y Abogada Orgullosamente Afrodescendiente

 

Tengo para decir al respecto, que admiro profundamente a Alicia, aunque no la conozco me solidarizo con ella y con su lucha, porque también ha sido mi lucha y la lucha de tantas mujeres afro que deciden llevar su pelo natural, y es que la sociedad debe entender que el pelo de las mujeres negras es así, nos nace rizado, afro y alborotado, pero no por eso somos menos inteligentes, o menos capaces.

 

No somos como Sansón, aquel personaje bíblico que tenía la fuerza en su cabello, nosotras, las mujeres negras, afrodescendientes que tomamos la firme decisión de llevar nuestro pelo natural, tenemos la fuerza y el poder en nuestra cultura, en nuestra sangre. Es una fuerza interior, inherente en nosotras y no estamos aquí para que el mundo decida sobre nuestros cuerpos, para que nos señalen como si fuéramos quizás un verdugo más de esta sociedad aniquiladora e inquisidora que hasta hoy, en pleno siglo XXI, no ha entendido el significado de respeto hacia la diferencia, que somos distintos pero sobre todo, ¡somos seres humanos! 

 

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Me cuesta creer que el tiempo pasa, que el mundo cambia pero que seguimos en las mismas, que como sociedad estamos destinados al fracaso total, si no hacemos algo para cambiar esta vaina, y es que ¿desde cuando mi inteligencia o la inteligencia de Alicia se mide por el pelo? Hoy somos muchas Alicias dispuestas a levantar nuestra voz contra esos cánones de belleza que nos han impuesto, hoy somos muchas Alicias valientes e inteligentes que decidimos no callar más y ser simplemente nosotras, ¡sin mascaras! (Ver: 'Mujeres negras en la reivindicación por sus derechos')

 

La batalla para que el pelo afro sea aceptado en los ambientes laborales es ardua, se ha violentado la dignidad de una mujer por ser negra, no fue por su conocimiento o capacidad, fue por la forma en que vestía y lucía su pelo natural.

 

Nuestros cuerpos desempeñan un papel relevante en la forma en la que experimentan la discriminación, el rol protagónico de nuestros cuerpos suele ocuparlo el color de nuestra piel y con nuestro pelo. En Colombia existe el supuesto de que el pelo crespo, afro o “apretado”, es una fisionomía poco ansiada, porque desde pequeñas nos hemos enfrentado a un mundo que nos bombardea con sus estereotipos de bellezas, que nos dice cómo y de que forma llevar el pelo y vestirnos. (Ver: 'El pelo afro: ¿estilo, moda o identidad?')

 

Las ideas críticas que se asocian a nuestro pelo afro no han surgido recientemente. Durante la Colonia, en varios lugares de América existieron normas jurídicas que exigían a las mujeres negras llevar el pelo de modos específicos. Un ejemplo son las llamadas Tignon Laws, que rigieron en Luisiana (Estados Unidos), entre los siglos XVIII y XIX, que las obligaban a cubrirse el pelo con pañuelos y utilizar peinados recatados. Estas normas buscaban “salvaguardar la moralidad pública”, que estaba representada en prevenir los amoríos interraciales entre mujeres de ascendencia africana y hombres blancos, que podrían verse seducidos por el pelo afro descubierto.

 

Los pañuelos, en este contexto, también tenían el propósito de marcar como inferiores los cuerpos de las mujeres obligadas a usarlos, por oposición al uso tradicional de telas en el pelo que aun conservamos y llamamos turbantes.

 

Hoy en Colombia por suerte, no existen leyes que nos exijan llevar el pelo de una determinada manera, pero sí un conjunto de prácticas sociales que han perpetuado la idea de que el pelo afro o “apretado”, como lo llaman despectivamente en algunos lugares, es inadecuado o se traduce en una mala presentación personal. Dentro de estas prácticas están, por ejemplo, las exigencias de “profesionalismo” que tienen ciertos lugares de trabajo, que en el caso de muchas personas negras (y especialmente nosotras las mujeres) no sólo significa “vestir bien” o comportarse “con decoro”, sino también moldear nuestro pelo de la manera deseable para cada espacio laboral, lo que puede incluir un deber implícito de cortarnos el pelo o, en su defecto, alisarlo. A lo anterior se suman las actividades económicas que han prosperado en torno al control del pelo afro, que contienen la venta de cremas para alisarlo y la comercialización de pelucas o extensiones.

 

La discriminación también se juega en estos aspectos tenues que parecen inofensivos a primera vista, pero que en realidad son la punta del iceberg de prejuicios racistas más peligrosos y naturalizados. Hay que estar atentos, porque, como son sutiles, pasan desapercibidos y se camuflan con más facilidad en nuestro día a día.

 

  

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación. 

 

 

 *Fotografías: Cortesía

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