Lunes, 09 Noviembre 2020

¿Es Colombia dirigida por un gobierno fascista?

“En estos tiempos de pandemia, donde el miedo, la crisis y la inseguridad han vuelto a ser nuestro diario vivir como lo fueron los años 30 con la gran depresión, son el escenario perfecto para sumir naciones en esta falsa ilusión de prosperidad, esta falsa unión para enfrentar a un enemigo ficticio y esa creencia errada de supremacía a la que se llama fascismo”.

Por: Yesid Moreno Correa

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Imaginen un universo paralelo, mismo lugar y mismo año, pero están en una nación desbordada en su regionalismos, tanto que se mira con desprecio al extranjero; en el peor de los caso es un enemigo, es un lugar donde una sola ideología ha mantenido el poder político desde hace años, donde desde el empresario más grande hasta el obrero más humilde trabajan en pro de los intereses de la nación; aunque no lo admitan o no lo sepan.


Una nación donde los medios de comunicación no son la voz del pueblo sino el portavoz del gobierno y este a su vez ha usado países vecinos como distracción, culpándolos de los problemas internos e incluso culpando a cualquiera cuyas ideologías políticas sean distintas a las del gobierno en curso.

 

El fascismo de la primera mitad del siglo XX fue un movimiento de masas nacionalista, organizado contra los movimientos obreros y las personas extranjeras, pero también contra el liberalismo y la intelectualidad. Tuvo un fuerte carácter autoritario, articulándose alrededor de un liderazgo mesiánico. (Reyes, 2019)


Se expresó a través de valores reaccionarios (tradicionalismo, nacionalismo, racismo, machismo), la práctica de la violencia y la identificación entre política y espectáculo. Fomentó una fuerte liberación emocional (victimismo, miedo, sentimiento de pertenencia). (Reyes, 2019)

 

Es un ejercicio lúdico académico claramente, pues algunas de estas características sumadas a un desprecio evidente por las libertades individuales y la democracia, la represión violenta de líderes opositores y la manipulación del pueblo con apoyo directo de la iglesia católica cuya función es mantener la subordinación son propias de un Estado fascista.

 


Pero nosotros no tenemos ese problema, es un asunto nacido del periodo entre guerras (de 1918 cuando termina la Gran Guerra así llamada en su momento, hoy llamada Primera Guerra Mundial, a 1939, cuando empieza la Segunda Guerra Mundial). La Alemania nazi de Hitler, La Italia de Mussolini, La Austria de Dollfus, pero nunca en Colombia ¿o sí?

 


El Siglo XXI trajo consigo a las redes sociales y con ellas la prostitución de las palabras, las cuales han sido despojadas de su valor histórico, social y cultural para ser usados cuan dama de la noche en la esquina más cercana, tanto que cualquier persona progresista, feminista, líderes sociales o cualquier persona que está en contra del Statu Quo son comunistas.

 


Por otro lado, todo aquel asentado en una visión conservadora, generalmente machista y posiblemente oligarca es mencionado como fascista, es muy normal que Twitter y Facebook estén inundados de conversaciones que dejan mucho que desear, donde estas dos palabras son usadas como insulto o medio de desacreditación, lo cual de forma irónica y en mi menos humilde opinión, los desacredita a ellos.

 


Pero no puedo evitar negar que en ocasiones siento que desde hace años somos dirigidos por un gobierno fascista y no hablo precisamente de 2018 sino de 2002, si bien no es totalmente nacional el regionalismo es tan grave que personas del país manifiestan odiar a “paisas, costeños o santandereanos, rolos”.

 


Los mismos “Paisas” manifiestan ser superiores al resto mientras que la comunidad Afro e indígena se sienten fuera de lugar, los primeros arrebatados de su propia identidad y los segundos han sido despojados de sus tierras y reducidos a unas cuantas comunidades que hoy son vistos como los malos de la historia, a los que “Todo se los regalan”.

 


La Xenofobia exagerada a los venezolanos que han optado por migrar, de tal manera que un país históricamente inseguro ha decidido culparlos a ellos por nuestros problemas de inseguridad y donde cualquier influencer, periodista, activista, líder social y políticos opositores, son tratados enlistados de forma sistemática como enemigos del Estado.

 


Los medios de comunicación son un filtro que nos deja lo más superficial de la información y lo que llega a ser visto es reducido, mermado, cortado, maquillado de acuerdo a los intereses de aquellos que están en el poder político y donde un grupo paramilitar avalado por Álvaro Uribe Vélez en su afán de luchar contra las guerrillas comunistas se convirtieron en ejecutores de combatientes, ciudadanos de sectores urbanos y campesinos por igual.

 


Una de las grandes características de los Estados fascistas era el afán desmedido por vivir una guerra, convencer a los pueblos que había una amenaza que debía ser erradicada, el pueblo enceguecido se dejaba seducir de esta actitud bélica sin darse cuenta que esa guerra la sufre de forma directa el pueblo, el Estado fascista es enemigo de la paz porque la guerra es la única justificación que tienen para ejercer control sobre las personas.

 


El fascismo nació de una crisis económica, de la inseguridad financiera y el miedo de los menos favorecidos, y en estos tiempos de pandemia donde el miedo, la crisis y la inseguridad han vuelto a ser nuestro diario vivir como lo fueron los años 30 con la gran depresión, son el escenario perfecto para sumir naciones en esta falsa ilusión de prosperidad, esta falsa unión para enfrentar a un enemigo ficticio y esa creencia errada de supremacía a la que se llama fascismo.

 


No existe ningún ejemplo histórico en el que estos regímenes se hayan podido mantener más allá de unas décadas, que es muy poco tiempo a nivel histórico. (Reyes, 2019)

 

“La necesidad de libertad es una de las básicas de los seres humanos, tan movilizadora e importante como la de supervivencia, seguridad o identidad” como argumenta Manfred Max-Neef.

 

Además, el fascismo no será capaz de garantizar la seguridad, pues se asienta sobre la desigualdad y está por ver si consigue garantizar la supervivencia. Por eso, tarde o temprano surgirán movimientos sociales que acabarán con las articulaciones fascistas. (Reyes, 2019)

 


Respecto a Colombia no creo que tengamos un gobierno fascista aun a pesar de que llevamos 18 años bajo la dictadura política de Álvaro Uribe Vélez, la cual es ocultada en las lagunas de la democracia. Las cortinas de humo, el uso de la fuerza pública para reprimir y la corrupción nos llevan a un camino inequívoco hacia el fascismo y solo tenemos a los movimientos sociales para restablecer la democracia real.

 

Bibliografía


Gonzalo, R. (9 de Enero de 2019). El fascismo ha vuelto para quedarse. 

 

**Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

Fotografías: Cortesía

 

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