Jueves, 17 Octubre 2019

“El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú...” ¡Bloqueo!

El exponer las ideas, más cuando pasan por el cuerpo y toman el color de la vehemencia, constituyen una desnudez que en las sociedades contemporáneas, aún en contextos o escenarios del mundo alternativo, aquel de las reivindicaciones de las diferencias por sexo, raza, etnia, género y clase.

Por: Yeison Arcadio Meneses Copete

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

 

Con esta frase-premisa problemátizadora del sociólogo de la sociedad líquida Zygmunt Bauman quise titular e iniciar la reflexión que porta esta nota. La asumo como precepto central en esta conversación que trato de establecer. Desde hace meses y quizá años, desde mi lugar de enunciación como lector transdisciplinar, educador africanista, músico, compositor, activista y trabajador de la intelectualidad, he venido preguntándome por las im/posibilidades de la dialogicidad y la conversación en nuestras sociedades, particularmente en los espacios de la diferencia donde he participado como coequipero.

 

 

¿Realmente estamos dialogando? ¿Hay capacidad de diálogo? ¿Cuáles son los límites de esta? ¿Cómo afecta esta im/posibilidad la consolidación de procesos de largo aliento? ¿Cómo esta im/posibilidad de diálogo crítico está trastocada por absolutos o totalitarismo de la “diferencia y el derecho”? ¿Cómo se configuran clubes de aplausos sin lectura de lo real y compromiso con la realidad que implica el diálogo? ¿Cuál es realmente su fin? ¿Construyen una agenda política de suficiencias y antihegemonías de la clase, raza, etnia, sexo, género, religión, región, nacionalidad y lengua? Las preguntas están para el debate. Más que responder a ellas, me interesa ponerlas sobre la mesa y en la medida más afortunada, eso, generar diálogo real.

 

El exponer las ideas, más cuando pasan por el cuerpo y toman el color de la vehemencia, constituyen una desnudez que en las sociedades contemporáneas, aún en contextos o escenarios del mundo alternativo, aquel de las reivindicaciones de las diferencias por sexo, raza, etnia, género y clase; resultan altamente anuladores. Paradójicamente, la verticalidad, la imaginaría y las fantasías de un mundo colonial occidental impuesto, rechazadas en estos escenarios, toma rostro y cuerpo cuando emerge la diferencia en la diferencia. Me explico, en los contextos de las luchas por situar la africanía, por las historias personales o particularidades colectivas, las perspectivas de la reivindicación no son homogéneas.

 

Las formas de lucha no son, por fortuna, totales ni totalizables. Sin embargo, la manera como se resuelven estas diferencias parecieran permanecer en la arbitrariedad que constituye el unísono del negro en la construcción deshumanizante realizada por el colonizador. Esta actitud colonial se ha convertido en un obstáculo para la consolidación de movimientos con agendas de largo aliento. Tal vez no soy el único que después de leer y ver en películas las vidas de Malcolm X y Martin Luther King Jr, deseó que se hubiesen encontrado en sus luchas, no en los tiempos donde la muerte asediaba a ambos. El sistema necropolítico poco diferencia entre negros de casa y negros del campo. Para este todos son negros y tarde o temprano desaparecerán. 

 

En este sentido, tal vez esta experiencia de dignos representantes de las suficiencias, resistencias y re-existencias debería invitarnos a concebir de manera distinta nuestras formas de lucha y sobre todo, cómo encontrarnos en elementos fundamentales para un vivir sabroso. En este sentido, abandonar la superposición que se hace de una diferencia particular personal frente a las luchas estructurales por las que como comunidades y pueblos deberíamos unirnos. Ejemplos concretos son los extremismos que llevan a personas “del movimiento” a ausentarse de espacios necesarios para las ciudades, pueblos, comunidades y el país, porque se tienen diferencias en concepciones ideológicas con una persona.

 

Aún las faltas éticas deberían ser parte de este marco de conversación puesto que esas superposiciones consolidan imaginarios de los liderazgos tan negativos como los que evidenciamos hoy. Por las imaginarías y suposiciones, que pueden tener algo de cierto, los líderes y lideresas de ascendencia africana de Colombia se encuentran en un desprestigio total. En su gran mayoría. De ahí que una juventud, a veces sedienta de estas luchas, esta historicidad, renuncie a colectivizarse y profundicen, desde el desconocimiento, el negativismo contra las reivindicaciones de las etnicidades. De otro modo, en los casos de familia, cuando las autoridades madre y padre no se respetan, resulta común que los hijos e hijas no precisan ninguna orientación y terminen por invalidar a ambos como referentes. 

 

En este mismo orden de ideas, es muy probable que ese negativismo y estereotipia de los liderazgos afros de Colombia, esté permeado por esa falta de dialogicidad entre las autoridades. Por consiguiente, se abre brecha frente a un estancamiento histórico. Se tergiversa y se simplifica la memoria de la lucha. En algunos casos, los procesos juveniles, responden al comportamiento de este hijo o hija sin orientación y sin referentes.

 

Llama la atención que en múltiples regiones del país abunden los “Primeros Encuentros, Congresos…”. A mi modo de ver, esta lógica mesiánica además de evidenciar algunos afanes por figurar, también marcan esa im/posibilidad, tal vez trauma colonial, de conversar con la historicidad. La memoria de los abuelos y abuelas quienes abrieron el camino. La estructura mental y la madurez política para reconocer en ese padre y esa madre sus trayectorias, por tanto, sus autoridades en las luchas. Fácilmente estas personas son olvidadas. Sin decir, que olvidamos sus responsabilidades. Pero de lo que se trata o debería tratarse es el cómo volver a conversar pese a estas heridas. ¿Se aplazarán más estas discusiones? ¿Esperan el presupuesto de la nación para encontrarse?

 

En otros escenarios, he leído y escuchado muy atentamente los extensos, cortos, álgidos, tranquilos, rigurosos, banales, respetuosos, irrespetuosos, enriquecedores, fatigantes, gozosos, dolorosos, etc, frente a las diferencias de sexo y género en las comunidades de ascendencia africana de Colombia. Lo que me llama la atención no es el debate en sí y las formas como este se desarrolla. Me genera muchas preguntas la razón por las cuales, aún en hombres y mujeres activistas y académicos, la actitud generalizada es interrumpir el diálogo o la conversación. Así como se ha interrumpido el hablar de esclavización con personas hijas o herederos de los privilegios que instaló la blanquidad y el lugar de esclavizador. Prima un supuesto de mayor conciencia frente a las otras o los otros.

 

Las bidimensionalidades vuelven a apoderarse de lo que somos: el equipo de los concientizados y el de los no concientizados que se simulan con libros, cabellos, citas de autores, etc. Y no se abren como etapas de maduración de una cultura. Las redes sociales y los espacios físicos podrían ser, lo son, campos de batalla para edificar agendas de movimiento. Empero, la diferencia cuando emerge en estos contextos de la diferencia parece encontrarse con una especie de verticalidad y el totalitarismo de la diferencia. Aquí, las diferencias de tipo personales (a veces de egos simplemente), conceptuales, de lenguaje, experienciales, culturales, sociales, económicas, políticas, entre otras, de la africanía de Colombia, se convierten indefinida e inquietantemente en un obstáculo para la conversación. Me sucedió con una intelectual afro, con posdoctorado y todo, a quien aún sigo leyendo desde sus artículos académicos. Durante mucho tiempo he leído, replicado en redes y comentado positivamente sus trabajos. Sin embargo, se llegó el día en que las posturas intelectuales no coincidieron. El costo de problematizar algunos postulados fue ser bloqueado. Ni se diga la mediación del colorismo estas discusiones, que bien podría ser, es, una agencia dinamizadora de debates profundos de los tránsitos de la identidad, la cultura, la raza, el racismo, la discriminación racial, las violencias contra las mujeres, sexismo, patriarcalismo, entre otras, jaulas de la necropolítica. 

 

Finalmente, como educador y actualmente opinador de redes, que el mismo Bauman descarta como real activismo, he experimentado otras experiencias que estimo obedecen a una misma matriz. El tener una posición frente a la educación y la pedagogía, sobre todo por exponerlas, generó varios momentos de incomprensión. Al punto que una directiva sentía que tenía algo contra ella. Cuando lo que se cuestionaba en su momento son las políticas educativas y sus concepciones frente al deber ser de la educación. De este modo, escenarios como el escolar que deberían ser, lo son, campos abiertos de disputa, en sentido de elaboración intelectual, en la medida en que se presenta la otra posición o las otras posiciones, se convierten en tanques vacíos. Los que más ruido hacen. Precisamente, porque se bloquea la conversación, por ende, la comprensión, y se supravalora la idea de la persecución personal. La falta de argumentos posee muchos enemigos imaginarios y la persona lo sabe pero no lo asume.

 

Por consiguiente, se reducen las oportunidades de aprendizaje en colectividades como el magisterio. De nuevo, emerge el totalitarismo y el absolutismo de la incomprensión. Asimismo, he evidenciado la verticalidad que se nos ha enseñado por las formas como se lleva la política en Colombia, respecto a posturas conceptuales, prácticas o ideológicas que se diferencian de las tradiciones. Frecuentemente con poco que decir últimamente. Abundan los señalamientos y menguan los argumentos. Tal vez uno de los legados de los sistemas dominantes sea precisamente profundizar el miedo a la crítica y no en la importancia de la crítica como complementariedad y dinamización de la poiésis, esto es la posibilidad de aprender de sí mismo, sean personas, colectivos o instituciones, incorporando los nuevos aprendizajes que genera la experiencia. Y por infortunio, se ha establecido una característica, para mi, bastante problemática.

 

Asumirse con la autoridad de decir “no es así”, “no es verdad”, “las cosas son así”, “no estoy de acuerdo”, “yo pienso diferente”, “tiene que respetar la forma de pensar de los otros”, entre otras, sin la más mínima elaboración, “yo creo que es así”, “yo lo siento así”. Algo así como el derecho a pensar diferente así poco se piense, menos diferente. Un efecto de la bondad de la democratización de la información, mal comprendida. Pues debería facilitar la elaboración de argumentos y el crecimiento de una mentalidad más crítica. La falta de estos es lo que abunda. No se conoce cuál es la postura del que asume “pensar diferente.” Generalmente, en estos casos, de argumentos pocón pocón. Eso sí, al insistir corres el “riesgo” de ser bloqueado. 

 

Yeison Arcadio Meneses Copete: Miembro del Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos, CADEAFRO. Magister en Educación de la Unviersidad Pontificia Bolivariana -Sede- Medellín. Doctorante en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos de la Universidad de Perpignan, Francia.  

 

Ver más columnas de Yeison 

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

*Fotografía: Cortesía

Lea También

  • ¡Negra, pero bonita!

    "Durante mucho tiempo me he preguntado qué tipo de belleza es la que busca una sociedad que me invisibiliza por ser negra, además porque han creado patrones de belleza que nada tienen que ver con mi realidad".

  • La figura de la mujer afro (nuestra historia)

    Nuestra figura: la marca nuestra historia. 

  • Amor propio, no egoísmo

    "Quererse a uno mismo es considerarse digno de lo mejor, fortalecer el autorrespeto y darse la oportunidad de ser feliz por el solo hecho y sin más razón que la de estar vivo".

  • Todos comen negro y sí, también negro come negro

    Nadie va a hablar por nosotros, sintámonos orgullosos de lo que somos y de donde provenimos; no puedo pedir que nos comportemos como un país porque son más los aspectos que nos separan que los que nos unen, pero si puedo pedir que seamos conscientes de nuestros actos y sus consecuencias.

banner vertical derecha
Suscríbete a nuestro boletín