Jueves, 27 Agosto 2020

El derecho al voto y el legado de la mujer afrodescendiente

El descendiente afro debe acercarse más a las urnas porque hay leyes que lo invisibilizan y lo mantienen fuera de las urnas.

 

Por: Darwin Meléndez Cox**

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Dos acontecimientos importantes en Estados Unidos ponen a la mujer afrodescendiente en el centro del debate político y la resistencia civil. El primero, el discurso de la ex primera dama Michelle Obama en la Convención Nacional Demócrata, que cuestionaba las dinámicas políticas actuales y su continuidad; así, se alineaba con una lucha que trasciende décadas y generaciones. El segundo, la nominación a la vicepresidencia estadounidense de Kamala Harris, una mujer afrodescendiente y de orígenes multiétnicos y multiculturales, que reafirman la importancia de la mujer afro en las luchas por los derechos civiles.

 

Para las mujeres negras en suelo norteamericano, la historia del derecho al voto es larga. Muy temprano, en los albores del siglo XIX, se fraguaba una filosofía política que condenaba el racismo y el sexismo en la política estadounidense, pero constitucionalmente hablando, es con la enmienda 15 que se forja la lucha de las mujeres negras que consideraban su disputa un criterio imprescindible para poder llegar a las urnas.

 

Como era de esperarse, las mujeres negras nunca encontraron un nicho en las asociaciones de sufragio femenino y la lucha femenina de inicios del siglo XX. El racismo siempre estuvo presente y muchas veces de manera muy pronunciada. En las fotos de las luchas femeninas se evidencian a mujeres vestidas con un estilo muy victoriano de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con grandes sombreros ingleses y carteles en protesta pidiendo el derecho al voto femenino. La mayoría de estas imágenes son de mujeres blancas. Los hechos clave sólo hablan de Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony como las mujeres que lograrían la decimonovena enmienda a la Constitución de EE.UU. En agosto de 1920, el Estado de Tennessee ratificó la decimonovena enmienda que prohibía a los estados usar el sexo como criterio para votar y que concedía a las mujeres estadounidenses el derecho al voto. Se cumplen cien años de este hecho histórico.

 

En aquel entonces, para las mujeres blancas fue el final de una larga lucha, pero para muchas mujeres negras fue solo el comienzo de una batalla cuesta arriba para poder ejercer dichos derechos en libertad y equidad. Las mujeres afro estadounidenses eran conscientes y sabían que nada en la decimonovena enmienda iba a prohibir a los Estados individuales de continuar privando del derecho a sufragar a los votantes negros. Y así la decimonovena enmienda, incluso cuando se celebraba dicho acontecimiento, invitó a muchas mujeres estadounidenses a continuar la lucha por los derechos políticos, incluido el voto, y las mujeres afroamericanas son una faceta importante del primer capítulo de dicha historia.

 

No había nada en la decimonovena enmienda que garantizara el voto a las mujeres inmigrantes asiáticas. No había nada en la decimonovena enmienda que garantizara a las mujeres nativas americanas el derecho al voto. Las demás mujeres, en particular las mujeres de origen latinoamericano, también ocupaban un lugar ambiguo en la historia del derecho al voto. Para las mujeres negras, el derecho al voto era simbólico, sin ánimos de disminuir dicho simbolismo, sino para ilustrar que el derecho al voto era una señal de que podían ser ciudadanas plenas e iguales en los Estados Unidos. Las mujeres afroamericanas eran las únicas que enfrentaban los desafíos del linchamiento público y la violencia racial en las urnas.

 

Las mujeres afroamericanas estaban viviendo una variedad de desigualdades: económicas, en el acceso a vivienda, la salud y desigualdades en el acceso a la educación, por ello entendían que el acceso a la boleta electoral era una palanca en esas luchas, una puerta de entrada para sentarse en los jurados, eran la puerta de entrada a los cargos públicos que tienen en la actualidad muchas mujeres negras. Era, debe decirse, una agenda muy ambiciosa y no fue fácil.

 

De modo que las mujeres negras emprendieron una campaña que las llevaría hasta 1965 y la aprobación de la ley del derecho al voto en ese año, es importante decir que el triunfo que obtuvo la ley del derecho al voto fue una campaña brutal, en la que mujeres y hombres afro estadounidenses pusieron sus vidas en la línea, sufriendo acoso y violencia. Este no fue un camino fácil para las mujeres afroamericanas, fue uno de angustia y flagelo, pero de hecho fue una victoria que las mujeres negras habían estado buscando durante casi medio siglo.

 

La gente suele preguntar por qué necesitamos conocer esta historia hoy en día. Es sencillo: vivimos en una era de leyes de supresión de votantes que son neutrales a primera vista, los requisitos de identificación de votantes, la purga de listas de votantes o el cierre de urnas de votación y asedio. El descendiente afro debe acercarse más a las urnas porque hay leyes que lo invisibilizan y lo mantienen fuera de las urnas. Se puede reconocer que, como en 1920, en 2020 se están utilizando leyes aparentemente neutrales para mantener desproporcionadamente a las personas de color alejadas de la participación política.

 

Las mujeres mencionadas al inicio de éste artículo, para mí, no son mujeres que cayeron del cielo, son mujeres que provienen de una tradición política y que están construyendo sobre dicho legado: el trabajo silencioso y a veces sonoro de la mujer afrodescendiente, para hacer realidad la democracia y las oportunidades amplias en la vida de todos los que de ellas venimos. 

 

**Magíster en Ciencias Económicas | Universidad Santo Tomás
Licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 *Fotografía: Cortesía.

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