Jueves, 25 Junio 2020

¡Delitos económicos, impacto directo en la calidad de vida de los afrocolombianos!

Los delitos de tipo económico tienden a ser especiales, su estructura la componen sujetos activos calificados, verbos identificables y conductas asociadas a palmares de cuello blanco, también denominados delfines o yupis.

Por: Luis Fernando García*
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El abordaje de la delincuencia económica puede realizarse desde diferentes perspectivas, de acuerdo a Barroso (2015) uno de los aspectos más polémicos y a la vez imprescindibles para el abordaje criminológico de la delincuencia económica es precisamente su definición.

 

En la cotidianidad se puede desarrollar una investigación conducente hacia hechos pragmáticos que afectan el desarrollo, no solo regional, sino, colectivo e individual, en ocasiones nos enfrentamos a fenómenos que no podemos visualizar, debido a que el daño colateral, se mide en franjas cuasi visibles que mueven ofertas y demandas dañinas para la economía nacional.

 

A través del desarrollo tecnológico, se han generalizado conductas criminales que impactan directa o indirectamente el patrimonio personal y empresarial. Un delito, no catalogado como económico, pero sí informático, con repercusiones en el capital, es la “Transferencia no consentida de activos” donde una persona manipula un equipo informático y fraudulentamente transfiere activos afectando a terceros. (Ver: ‘¡Se despierta interés de la auditoría forense en el Pacífico colombiano!)

 

Para Galvis (2015) paralelamente fungen dos fenómenos alarmantes: por un lado, la transnacionalización de las grandes empresas que monopolizan la economía mundial y, por otro, el crecimiento desmesurado de la criminalidad global o internacional, dentro de la cual se encuentra proliferando la delincuencia económica.

 

Barroso (2015) expresa que, el delito, antes de ser objeto esencial del derecho penal, es entendido como un fenómeno social, sin embargo, para Zavala (1991) el fenómeno criminal es el conjunto de tres realidades, a saber: a) realidad jurídica; b) realidad individual; y, c) realidad social.

 

En efecto, conocer y diferenciar estas tres realidades temporal - espacial, permite medir y cuantificar el impacto de los delitos económicos, Zavala (1991) complementa estos tres preceptos bajo un modelo de combinación, aduciendo que la primera se integra por el delito; la segunda, por el delincuente; y la tercera, por la delincuencia.

 

Para lograr diferenciar a un delincuente económico con un delincuente común o de otro tipo de conductas criminales, tendremos que contextualizar las actuaciones en que se ven inmersos.

 

Esta categoría de conductas, en Colombia, están contempladas en la Ley 599 de 2000 (Código Penal) en el cual y de acuerdo a su importancia, fueron estructurados por el legislador. Existen varias normas rectoras, entre ellas la dignidad humana, la igualdad, la tipicidad, la culpabilidad, la conducta punible, entre otras.

 

La transgresión penal económica, debe indagarse desde los comportamientos punibles, atendiendo a principios como el dolo y la culpa, ya que los autores, coautores o participes, pueden efectuar acciones imprudentes, que a la luz de una investigación de carácter forense pueden dar a interpretar un error carente a todas luces de mala intención. 

 

Los delincuentes de cuello blanco, también llamados delfines o yupis, se puede definir como aquellas personas que, por su conocimiento especializado en diferentes áreas, consiguen emprender conductas criminales y encubrirlas por largo tiempo, debido a que poseen discrecionalidad en las decisiones, falta de control, exceso de narcisismo y estructuradas redes de apoyo, además de poder.

 

Para Edwin Shuterland (1939), catalogado como el sociólogo más influyente del siglo XX, citado por González, Patricio, asociaba el concepto de delito de cuello blanco con una doble condición: la pertenencia social del sujeto activo (persona respetable de elevada condición social) y el ámbito en donde se enmarca la actividad delictiva (delito que se comete en ejercicio de la profesión de aquél)

 

De acuerdo a Brando (2016) el cubrimiento mediático de algunos delincuentes de cuello blanco, termina resaltando sus cualidades al punto de convertirlos en celebridades. No son delincuentes que hacen parte de una masa, no son delincuentes que lo único que se sabe de ellos es su delito, son delincuentes de los que conocemos sus nombres, sus fotos, sus perfiles y hasta el colegio del que se graduaron.

 

En materia criminal económica, existen diversos tipos de delitos, uno de ellos con menor impacto, relativamente hablando, ya que el bien jurídico tutelado protegido es el patrimonio económico o la fe pública, sin embargo, hay unos más complejos como los que impactan directa e indirectamente las unidades macro y microeconómicos del país. 

 

Algunos de los delitos que afectan el orden social y económico son:

  • Administración desleal
  • Corrupción privada
  • Hurto por medios informáticos y semejantes
  • Acaparamiento
  • Agiotaje
  • Usura
  • Uso ilegitimo de patentes
  • Exportación o importación ficticia
  • Operaciones no autorizadas con accionistas o asociados
  • Manipulación fraudulenta de especies inscritas en el registro nacional de valores e intermediarios
  • Lavado de activos
  • Testaferrato
  • Enriquecimiento ilícito de particulares
  • Peculado por apropiación (397 CP)
  • Cohecho propio o impropio por dar u ofrecer (405 – 406 - 407 CP)
  • Interés indebido en la celebración de contratos (409 CP)
  • Contrato sin cumplimiento de requisitos legales (410 CP)
  • Acuerdos restrictivos de la competencia (410 A CP)

 

La incidencia directa de las conductas desplegadas por los delincuentes de cuello blanco en el nivel y calidad de vida en los territorios afrocolombianos es evidente, lo que contrasta en muchos casos con la adquisición de bienes que a todas luces no pasan desapercibidos y encubren una fachada de honorabilidad, a no ser que se demuestre el origen lícito de los recursos para su adquisición. 

 

El Pacífico colombiano destella con su luz, su gente es abnegada, resiliente, pero existe una costumbre intrínseca y quizás cultural que ha llevado a ver como un hecho normal el crecimiento económico de un porcentaje ínfimo de nuestras regiones y como consecuencia de ello, a aceptar y tolerar sus actos, sobre todo los de corrupción en materia de contratación estatal.

 

 

*Especialista en Auditoría Forense de la Universidad Externado de Colombia, con estudios de Maestría en Contabilidad forense y criminología de la universidad Libre de Bogotá, Contador Público de la misma casa universitaria y ExContador Forense de la Fiscalía.

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

  

 *Fotografía: Cortesía

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