Martes, 04 Agosto 2020

Conocí a dios… y es negra

Imagínate lo difícil que es erradicar el racismo del mundo, si desde el ámbito religioso (estandarte de la cruzada colonizadora, racista y esclavista) se promueve el ideal de un dios caucásico en Medio Oriente, que rige en la religiosidad de casi todo el mundo, quién además está rodeado por obvias razones de gente prieta, propia del lugar.

 

Por: Teresa Asprilla Soto*
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Hace algún tiempo, en mi perfil de Facebook se me generó un arenero al afirmar por ese entonces, que, muy a mi modo de ver, dios necesariamente era mujer. Esta afirmación no fue traída de los pelos, ni la lancé al mundo simplemente porque sí. Después de algunos días pensándolo, llegué a esa conclusión basada en el mismo precepto bíblico (judeocristiano, vale la pena aclarar) de que “Dios nos había hecho a su imagen y semejanza”.

 

Así las cosas, en mi mente se abrió, como si se tratase de una cuestión sencilla y evidente, esta conclusión. En ese momento pensé “Ve, si dios nos dio la vida, y si estamos hechos a su semejanza, ergo dios es mujer pues somos nosotras las encargadas de albergar vida en nuestros cuerpos…”

 

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La crítica vino enseguida y de mis “amigos más allegados”, principalmente hombres, que más allá de su ego falo centrista, no podían concebir una visión de su dios afeminado. Mucho menos, teniendo en cuenta que la imagen que se nos ha vendido de ese mismo dios, pareciera estar dotada de unos privilegios casi que exclusivos de ser un hombre blanco y (si es mucho mi atrevimiento, me perdonarán) hetero normativo, que está más allá (¿o más acá?) de su carácter divino.

 

Quisiera saber qué pensarían estos mismos machitos heridos si ahora les propusiera la imagen de dios afeminada y además racializada. Lo que quiero decir es, yéndonos a las conclusiones más obvias y aparentemente evidentes; si unimos la teología y la evidencia científica en un revoltijo de paradigmas fundamentales, eso se traduce en que, si estamos hechos a la imagen y semejanza de dios, y si el inicio de la humanidad fue en África, es más que claro que dios es negra.

 

El meollo del asunto está en la construcción social que tenemos del dios judeocristiano en el que la mayoría creemos. Es un dios creado a partir de unos elementos valorativos eurocentrados: alto, blanco, con los ojos claros, una “belleza” típica europea. En el contexto del Medio Oriente, lugar de base de esta tradición religiosa, el canon físico de la gente está por fuera del estereotipo de su dios. Es decir, “el man no se parece a la gente de donde proviene”.

 

A partir de ahí, la propuesta de un dios, mujer y negra, es doblemente problemática, porque sugiere ir en contravía de un dogma que se impuso (muy a pesar de las tradiciones rituales indígenas y negras) como el único y verdadero, convirtiéndose a su vez en bandera clave de la colonización y de la subyugación mental; estandarte principal en el establecimiento de la esclavización basada en preceptos raciales, los cuales encontraron aval en la religión católica.

 

Un dios masculino y blanco es el reflejo de todo lo que el sistema esclavista promulgaba en la deshumanización (y hasta en la categorización de seres “sin alma”) de la gente negra, asignándole al africano un lugar claramente en desventaja, y estableciendo ciertos privilegios de forma ascendente en la escala de color que se mantienen hasta el día de hoy.

 

Como contrapropuesta, te invito a pensar en un dios, mujer y negra. Poderosa. Capaz de alojar vida y de compartirla. Resiliente y en resistencia. Te invito a que pienses, más allá del carácter insustancial de lo que conocemos como dios, en la capacidad de la mujer negra, la cual ha sido infravalorada; al ser víctima ella, doblemente azotada por las injusticias del mundo a través de la historia solo por ser mujer y por serlo negra.

 

Te invito a que le des el valor a la contribución de ese dios negra, que representa el origen y el fin. Que soporta lo impensable y que, a lo largo de la historia se ha visto representado en el rol de ese ser menospreciado y humillado que ha sido siempre.

 

Yo misma no lo creí hasta hace muy poco, pero, más allá del imaginario colectivo de lo que conocemos como la máxima representación de la religiosidad y la espiritualidad, me atrevería a decirte que conocí a dios, y con seguridad puedo decirte que es… negra…

 

 

Referencias:
https://afrofeminas.com/2018/05/17/cuando-dios-es-una-mujer-negra-entrevista-a-harmonia-rosales/
https://www.religiondigital.org/armonia_en_la_diversidad/Dios-negra_7_2101659829.html

 

 

 

Fotografías: Instagram Harmonia Rosales

 

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