Martes, 24 Marzo 2020

Barreras y triunfos de las mujeres afrocolombianas

La historia de las mujeres afrodescendientes en América Latina está marcada por una estructura de dominación y poder, basada en la idea en que el color de la piel, rasgos fenotípico y género determinan la posición social y el acceso a las oportunidades y derechos. 

Por: Maily Yiseth González*

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El pasado 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, institucionalizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1975, cuyo propósito es exaltar y recordar las distintas luchas que la mujer ha emprendido en la historia para lograr la igualdad de género; es decir, igualdad de oportunidades, deberes y derechos sin distinción entre hombres y mujeres. Además, es una fecha que nos incentiva a no desfallecer y a celebrar las conquistas obtenidas, algunas de estas a costa de la vida muchas mujeres.

 

Algunas personas no dimensionan la importancia de esta conmemoración, como tampoco la razón por la cual se lleva a cabo, así que quiero invitar a la reflexión por medio de algunas cifras relevantes de la ONU (2020):

  • 2700 millones de mujeres tienen restricciones legales para acceder a las mismas opciones laborales que los hombres;
  • 23% es la brecha salarial entre mujeres y hombres en el mundo. En algunos países la diferencia es mayor: las mujeres en Suecia y Francia ganan 31% menos que los hombres, en Alemania la diferencia es del 49% y en Turquía del 75%. “Si continuamos así, en 70 años se cerraría esa brecha” (ONU mujeres);
  • 35% de las mujeres en el mundo sufren violencia física o sexual por parte de sus parejas. Según Medicina legal de Colombia, la violencia contra la mujer empeoró: entre enero de 2018 y el 20 de febrero 2019 hubo 1.080 casos de feminicidio, 12 más que en el mismo periodo de 2017;
  • 200 millones de niñas y mujeres sufrieron mutilación femenina;
  • Solo el 24% de los escaños parlamentarios son ocupados por mujeres.

 

Pese a las cifras anteriormente citadas, aún hay mujeres y hombres que piensan que la lucha por la igualdad de género es un invento de las feministas y mujeres “gritonas” que les gusta salir torsidesnudas a las calles todos los 8 de marzo, y que por lo tanto esta reivindicación no tiene ningún sentido. Sin embargo, no es así, los datos revelan que ni en los países más desarrollados se cuenta con la igualdad de género.

 

De otro lado, debo afirmar que hay vasta información que refleja los hechos históricos de desigualdad en contra de la mujer; pero, poco se habla de las desigualdades, incluida la de género, que padecen las mujeres negras, y en el caso particular las nacidas en Colombia; lo cual me parece pertinente traer a colación dada la desventaja económica y social histórica de estas, originadas en la época de la esclavitud en Colombia.

 

Empecemos con algo de historia: a Colombia los primeros africanos llegaron a principio del siglo XVI, que como bien es sabido, fueron esclavizados para desempeñar labores agrícolas, domésticas y mineras. Las mujeres fueron sometidas a explotación sexual, largas jornadas de trabajo, etc. Además, ellas debían renunciar a su nombre, costumbre, cultura y hasta sus hijos, que eran separados de ellas al nacer.

 

Es importante mencionar, que pese a las difíciles condiciones que vivieron, el papel de la mujer negra fue preponderante en la construcción de comunidad, sobrevivencia y búsqueda de la emancipación. Hay un dato histórico que ilustra muy bien su tenacidad y fortaleza: las esclavas africanas antes de escapar de cautiverio robaban granos de arroz y maíz que sagazmente escondían en su cabello trenzado para posteriormente en libertad sembrar y aportar a la supervivencia y soberanía de su entorno.

 

La historia de las mujeres afrodescendientes en América Latina está marcada por una estructura de dominación y poder, basada en la idea en que el color de la piel, rasgos fenotípico y género determinan la posición social y el acceso a las oportunidades y derechos. Es evidente que la mujer no ha ocupado una posición alta en esta estructura y que la mujer negra está aún más alejada de dicha posición.

 

Ahora, miremos algunas cifras relevantes que nos permiten poner en contexto la situación social de las afrocolombianas. Según un estudio del grupo Trabajo Internacional del Proceso de Comunidades Negras en Colombia (PCN) realizado en el 2012 (aunque se hizo ya hace algunos años sigue siendo relevante para la época):

• La jefatura femenina es mayor en los hogares afrodescendientes (29.3%) que en los no afrodescendientes (28.6%) y el nivel de ingreso en los primeros es 6.8% menor que en aquellos con jefaturas afrodescendientes masculinas.
• El porcentaje de mujeres afrodescendientes desempleadas es mayor comparado con el de los hombres afrodescendientes y mujeres no afrodescendientes (20.4%, 12.6%, 17.6% respectivamente).
• El analfabetismo es mayor en las mujeres negras que en las blanco/mestizas (16.90% y 11.70% respectivamente),
• Solo el 13.5% de las mujeres afrodescendientes acceden a la educación superior frente al 19.7% de las blancas/mestizas.

 

Desde antes de la abolición de la esclavitud1, la mujer negra viene demostrando su resiliencia y fortaleza. Ella también tiene la capacidad de reinventarse y ser recursiva frente a las situaciones adversas y barreras que le toca vivir. Por eso, cada vez que veo a una mujer negra y colombiana triunfando en cualquier campo profesional y no profesional, me lleno de entusiasmo y optimismo. Son muchas las afrocolombianas que están logrando victorias que representan estímulos importantes para niños y jóvenes que vienen detrás.

 

Por último, también quiero invitar a reflexionar a algunos hombres afrocolombianos, aquellos que parece todavía no han salido de las cavernas para que deconstruyan esos comportamientos y pensamientos machistas, misóginos y excluyentes hacia sus coterráneas. También para que respeten la sexualidad, la corporalidad de estas, para que repiensen los discursos y palabras que utilizan para referirse a ellas en su cotidianidad. No denigren ni impongan más muros para ellas. Sean solidarios y contribuyan a que podamos construir una historia distinta, esta vez edificada y elegida por nosotros mismos.

 

La ñapa:


Hace unos días me encontraba en una zona de Bogotá, la cual como muchos sabemos, es una ciudad con un clima templado, de gran extensión y con muchos habitantes, para algunos un poco caótica e individualista. Estaba en un restaurante y me impresionó gratamente observar desde allí a tres mujeres negras, seguramente oriundas del Pacífico colombiano, intentando sobrevivir en medio del caos.

Cada una de ellas llevaban una ponchera de frutas y cocada en la cabeza, vestían faldas y chancletas y con gran entusiasmo y una sonrisa en sus caras trataban de vender sus productos. Esto hizo que me trasladara por un segundo al Pacífico colombiano, evidenciando de un lado la multiculturalidad que se vive en Bogotá y de otro, la fortaleza y empuje de la mujer negra, que pese a estar en una ciudad fría en su ser, se esfuerzan por sobrevivir fuera de su terruño. Ellas son heroínas sin rostros, a ellas también hay que visibilizarlas. Dado que no podemos ser excluyente en el reconocimiento a nuestras mujeres poderosas.

Cocada

 La cocada

Batea1
 La ponchera

 

[1] En Colombia la esclavitud se abolió en 1851. Los primeros africanos en condición de esclavitud fueron traídos a Colombia por españoles y británicos en el siglo XVI.   

 

*Maily Yiseth González: comunicadora de la Universidad de Antioquia, emprendedora y estudiante de la maestría en Gerencia de Mercadeo de la Universidad EAFIT. Es apasionada por el mercadeo de la moda, el marketing de contenidos y la organización de eventos. Actualmente, trabaja como consultora en investigación de mercados en Inmark. 

  

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografías: El Murcy - Portada: Cortesía 

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