Lunes, 15 Junio 2020

Afrodescendientes en Latinoamérica

La presencia afro en Latinoamérica y Colombia intuye la aceptación del rol desproporcionado de la comunidad en el devenir económico, social, político y democrático de la región; mediante una transformación estructural de ciudadanos multirraciales que identifican sus necesidades como universales.

 

Por: Darwin Josué Meléndez Cox y Margareth Paz Valencia

 

Esta colaboración surge de la lectura a un documento elaborado por el Banco Mundial, titulado de la misma forma que nuestro escrito, el cual despertó en nosotros un gran interés al observar que sus afirmaciones gozan de una gran verdad y que el mal que nos aqueja a los afrodescendientes en Colombia, no es solo a nosotros, sino que se transversaliza en toda Latinoamérica.


Cuando se habla de afrodescendientes El gran escritor y experto en grupos étnicos Jhon Anton nos define el término Afrodescendiente de la siguiente manera:


“Se entiende por Afrodescendiente a todos los pueblos y las personas descendientes de la Diáspora Africana en el mundo. En América latina, el concepto se refiere a las distintas culturas negras o afroamericanas que emergieron de los descendientes africanos, las que sobrevivieron a la trata o al comercio esclavista que se dio en el atlántico desde el siglo XVI al XIX.”

 

De tal forma que la expresión afrodescendiente no solo recoge una raíz morfológica (Afro) del nombre del continente cuna de la humanidad África, sino todo un acervo de memoria histórica, cultural, territorial y una clara declaración política de autoafirmación ya no en contraposición a lo “blanco”, sino desde la esencia misma de un pueblo que busca el reconocimiento de los mismos derechos, y oportunidades en tiempos de globalidad porque como ya lo sabemos, las construcciones identitarias son cambiantes y responden a momentos y condiciones históricos o culturales. (Ver: 'De lo negro a lo afro “más que una expresión”').


Los afrodescendientes en Latinoamérica se caracterizan según el documento al que nos hemos referido por los siguientes aspectos:

Mayor pobreza monetaria, mayor probabilidad de construir hogares pobres, menor remuneración por realizar los mismos trabajos, menor probabilidad de completar los niveles de educación, menos probabilidades de ser llamados a un empleo por nuestro color de piel y mayor probalidad de convertirnos en victimas de cualquiera de los conflictos que se presenten en nuestros territorios, esto sin hablar de los problemas de salubridad pública, infraestructura, educación, vivienda y la gran corrupción que se padece.

 

Sistemáticamente algunos grupos se benefician menos que otros. Las personas son generalmente excluidas por su género, raza, religión, discapacidades, lenguas o etnicidad, entre otros. Estos son grupos típicamente etiquetados con estigmas y estereotipos, que se enfrentan a barreras estructurales que impiden su plena inclusión social y económica. Esto no solo los afecta a ellos, sino también a las sociedades y economías de los países en los que viven.

 

En Colombia, como todos sabemos las poblaciones con mayor presencia afro se encuentran la región del Pacífico, región golpeada por el flagelo de la inequidad social, abandono estatal e invisibilidad. Causa gran curiosidad el hecho de que, pese a que esta región posee grandes riquezas naturales, los mismos han sido utilizados para beneficios de otros, dejando un gran impacto negativo en los territorios (contaminación ambiental, hambre y muerte).

 

Ante la situación actual de las comunidades afro, valdría preguntarnos si los esfuerzos de inclusión social han sido suficientes. En Colombia, ¿A qué tipo de inclusión hacen referencia las instituciones que usan y legislan bajo dicho término? ¿Se refieren a una “democracia étnica-racial” donde por fin la comunidad afro y sus características son asumidas como legados dentro de nuestra sociedad? La mencionada inclusión social ¿también hace referencia a la inclusión política y económica? ¿Refiere a ser incluidos en igualdad de oportunidades a una restauración y revitalización del sentido afrodescendiente donde se inicie el diálogo bajo los términos de restitución? (Ver: 'Cómplices en el silencio y victimarios en nuestra indiferencia')


A estas alturas de la historia colombiana, ¿Es la “inclusión” la mejor herramienta donde basar los principios de equidad y justicia dentro de una sociedad que se declara democrática desde sus orígenes y en su Constitución? Quizás las respuestas a las preguntas anteriores sean encontradas en el necesario y a veces pasado por alto análisis estructural de las minorías, que hacen parte de las dinámicas de un país que, insiste en que el diálogo y el debate sea si incluirlos o no; o si las formas de inclusión pueden o deben ser mejores.


Reducir los problemas de la comunidad afrocolombiana a un tema de “inclusión”, sería pasar por alto las muchas otras dimensiones que aquejan a la sociedad colombiana y que afectan e influyen en el estado actual y en el devenir histórico del afro en Colombia. Si se habla de “inclusión social”, entonces también se está hablando de desigualdad social y en Colombia, al igual que en todos los países del hemisferio, la desigualdad y la pobreza suelen ser dos caras de la misma moneda. Si se toma la desigualdad económica como referencia, también se deben mencionar las consecuencias que trae no contar con los recursos suficientes para poder recibir una educación de calidad y por ende un empleo digno y la consecuente reducción de muchas oportunidades de progreso económico que se puede tener en la vida.

 

Atentos y a veces distraídos por el ambiguo diálogo de inclusión social de los protagonistas políticos, se tiende a olvidar que las posibilidades reales de desarrollo humano y económico de la afrocolombianidad se reducen a la expansiva cultura de mercado, que pone todo y a todos en estado de intercambio. Tomada la región del pacífico colombiano como referencia, muchas veces se evidencia a la comunidad afro como el último eslabón de las actividades comerciales de intercambio de bienes y servicios, el emprendimiento y la innovación.

 

No está de más plantearnos los siguientes interrogantes; ¿Cómo ha sido el devenir de la población afrodescendiente y ¿Qué retos posee la comunidad afrodescendiente?

 

Las luchas afrocolombianas por un espacio en las dinámicas de mercado le colocan en un anhelo de triunfo y crecimiento que muchas veces le vulneran ante los intereses privados corporativos, pero también frente a intereses políticos que poseen aspiraciones distintas al del bien común y de la región. Al perseguir el deseo de entrar en las dinámicas de mercado; la comunidad que aún sufre los efectos de ser vulnerados, estigmatizados y que posee una identidad que aún se cuestiona y debate, debilita sus prácticas ancestrales de cuidado, preservación, sentido y comunidad. Dado lo anterior, la comunidad afrocolombiana también sufre la debacle de mercados no éticos que devienen a un debilitamiento de su poder laboral y ciudadano. Lo anterior interpela la noción de si una democracia puede sobrevivir sin un compromiso serio a la equidad de la vida pública, y el compromiso con lo justo y restitutivo.


La presencia afro en Latinoamérica y Colombia intuye la aceptación del rol desproporcionado de la comunidad en el devenir económico, social, político y democrático de la región mediante una transformación estructural de ciudadanos multirraciales que identifican sus necesidades como universales.

 

Ver más columnas de Margareth y Darwin Josué Meléndez Cox

 

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 

 

 *Fotografías: Cortesía

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